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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Implicados en la esperanza

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 29 de octubre de 2007, 10:28 h (CET)
Vamos a entrar en una de esas semanas que arrastra y nos impone con su magia. La magia de una realidad inesquivable, con la serie de incógnitas sin resolver, con todos sus horizontes abiertos. Si los consideramos cerrados, como eso tampoco está probado, continuan como un resquicio abierto. Los DIFUNTOS más inmediatos son recordados por cada familia, los antiguos se distribuyeron en un olvido progresivo; y todos juntos, son indicadores de la manifestación humana más genuina, su presencia esporádica y su ausencia posterior. Si les silenciamos o no, si buscamos indicios de su significado, quedan como planteamientos vivos, dinámicos, misteriosos y creativos, todo a la vez.

Si el final es trágico, tampoco es menuda la retahila de PENURIAS previas. Unas sobrevinieron por vía natural, sin pedirnos permiso ni requerir nuestra intervención. Otras muchas las ganamos a pulso por una serie inmensa de actuaciones mal orientadas. Es decir, apaleados en el intermedio, quizá poco conscientes de la cruda realidad, pero abocados a un colofón centrado en su final demoledor. Con una observación somera y superficial, no sobrepasamos la tendencia fatídica, entramos de lleno en ella. ¿Hemos de quedarnos con esa valoración pesimista?¿No disponemos de otras capacidades? Si las hubiera, ¿En qué medida podemos incrementarlas?

Para atribularnos un poco más, si no fuera suficiente con la tragedia esencial mencionada, vivimos rodeados y agredidos por una cantidad importante de SENTENCIAS ALOCADAS. Podemos denominarlas también como dichos, consignas, lemas, órdenes; plenas de unos intereses ajenos. Estas sentencias no se pronuncian gratuitamente o de manera intrascendente, no son altruistas; con frecuencia se adoban con presiones, propagandas, abusos o enmascaramientos. Si las califico de alocadas es por que no buscan la deliberación y decisión de cada persona, sacan al pensamiento fuera de cada individuo, provocan su alienación; por eso las tildo así y recalco su carácter tendencioso. Algo así como, usted no piense, limitese al funcionamiento marcado desde fuera. No creo que sea necesaria la cita de muchos ejemplos. Miren, escuchen, políticos de antes y ahora, obispos y ex-obispos, culturas, creencias y un largo etc.

¿Cuál será la salida de este laberinto? Con la referida suma de inconveniencias no vamos a ninguna parte. Como escribió el poeta venezolano Miguel Ramón Utrera: “Qué misterioso río / podría conducir nuestro desvelo / hacia el campo deseado / de inusitada luz y claro acento”. Y en eso estamos con el comentario de hoy, la dignidad no nos permite la indiferencia; de cómo efectuemos la navegación por ese río, traslucirán unos efectos u otros. Como estamos ENREDADOS en esta vida, lo que hagamos o no, repercutirá también en el conjunto. Ya basta de tolerancias idiotas ante desdenes llovidos desde afuera, el ejercicio de la responsabilidad nos exige otra dinámica, colaboración y esfuerzo; pero han de acostumbrarse a contar con los numerosos sujetos pensantes y dignos.

No cabe duda, disponemos de una cierta capacidad de maniobra, de decisión; con muchos matices, pero las actitudes diferentes tienen cabida. Desde los más descreídos, muy adheridos a la materia cercana; hasta los más idealistas y espirituales. Al orientarnos, surge la ESPERANZA como una batería de impulsos vitales. Sin esperanza, sin esos recursos, resulta muy agobiante lo cotidiano. De ahí, lo necesarias que son las actitudes conducentes a la apertura de posibilidades no reñidas con la razón.

Aún los más apegados a lo percibido científicamente, se enfrentan a las incógnitas radicales sin una respuesta satisfactoria. La inmediatez de las vivencias es evanescente y por ello no apaga la INQUIETUD. Esta nos obliga a la exploración de la capacidad proyectiva de los humanos; lo peligroso de estos proyectos es que pueden ser nefastos,¡Hay tantos ejemplos! Por eso mismo se requieren las cualidades más sublimes para encauzarlos de manera satisfactoria; con unas CREENCIAS ilusionantes. El intelecto humano forja esas ilusiones y proyectos. Habremos vivido como si dependiera de nosotros, manteniendo una salida para ese vértigo, con lo último que se pierde, la Esperanza.

Resumo la idea con estas DIMENSIONES:

Sin historia de la primera explosión,
Leyendas épicas de la segunda,
y cuentos sin fuste de la Facunda.
¿Hemos superado la simple ilusión?

Apenas encontramos cruda expresión,
Pasamos una primera torunda,
sin llegar a la herida inmunda,
sin nitidez en la futura extensión

No salimos de la gran barahúnda,
precisamos control de la confusión
Dónde cada vida es sima profunda

Aunque suponga una dura convulsión
Aunque la oposición será rotunda
¡Peregrinos de la propia dimensión!


Es decir, con las dimensiones que escapan a nuestras potencias, pero con la mentalidad ilusionada hacia una apertura dirigida a calados más profundos, cósmicos, cuánticos o divinos. Lo de la implicación deriva de una exigencia, hemos de participar aquí, en estas compañías. No obstante, cómo vamos a intentar una mejora o una superación si no lanzamos la sonda en busca de realidades utópicas, más o menos espirituales según el pensamiento de cada persona.

Desde una base de compromiso, ESPERANZADOS.

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