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Etiquetas:   Lencería fina   -   Sección:   Opinión

Vino, moda y jabalíes

Teresa Berengueras
Teresa Berengueras
@berealsina
lunes, 29 de octubre de 2007, 10:29 h (CET)
La familia real cada día me parece más “real” y más cercana al común de los mortales. Cuando desde algunas instancias políticas, e incluso desde la emisora de los monseñores, se cuestiona el papel de la realeza en la sociedad española vemos como día a día los miembros de la familia Borbón y Grecia en su quehacer diario se comportan como miles de españoles, aunque tengan que apechugar con las dificultades inherentes al rango. Desde la aparición de las fotos de la esposa del heredero luciendo en la lejanía un blanco biquini la prensa nos ha ido mostrando la cara humana de la regia familia y así pudimos ver a las Infantas Elena y Cristina en la playa como cualquier madre de familia y al príncipe con la nevera portátil al hombro como cualquier joven padre. Una vez acabado el verano estos gestos de acercamiento al pueblo llano se han multiplicado y las féminas de la familia llegan hasta a repetir modelo de vestido, como hemos comprobado con Letizia que en pocos días, desfile de la Fuerzas Armadas y nombramiento de Hija Predilecta en Oviedo, lució vestido azul chillón con abrigo a juego, en el desfile se protegía del sol con una gafas Ray Ban azul cielo del modelo que hace siete años me regalaron desde el departamento de relaciones públicas de la marca. La Reina acudió al zoo de Madrid con toda la familia, menos Don Juan Carlos a quién seguramente su agenda se lo impidió, y como complemento a su habitual elegancia lucía un bolso bandolera con los clásicos “ositos” de Tous, a los pocos días pasé por la tienda que la firma tiene en el Paseo de Gracia en Barcelona y había cola no sé si para comprar el modelo de bolso pero seguro que todas las compradoras con sus ositos se sintieron reinas por un día. Estando en Barcelona es fácil tropezar con la Infanta Cristina de compras por las tiendas de Purificación García y Zara, entre otras, pero también es fácil encontrarla con sus hijos en el mercado de la Boquería donde los pequeños disfrutan en la parada de chuches que Vidal Pons tiene a la entrada del popular mercado, teniendo la Infanta que reprimir a sus hijos, que no dejan de ser unos niños, ante tan dulce tentación. Y mientras Cristina acudía a la celebración del 160 aniversario del Círculo de Amigos del Liceu, repitiendo camisa de satén y falda amplia larga en tonos rojizos su hermana Elena andaba buscando entre las estanterías de Ikea en Madrid algún cachivache como hacemos todos los demás. Como ven todo de lo más normal a no ser que a muchos españoles nos cueste llegar a final de mes y muchas tengamos que repetir modelo por obligación a pesar de los ímprobos esfuerzos que cada día hacemos para intentar ahorrar algún que otro euro. Es una de las cosas que nos diferencian de la realeza.

El huracán levantado por la boda y posteriores exclusivas declaraciones de Borja y Blanca todavía colea. Ahora son los padres de la novia los que aparecen en la portada de alguna revista anunciando declaraciones explosivas y se publicita como si de la vuelta de un torero se tratara la reaparición en público de la pareja de tortolitos. Sólo falta que se editen carteles diciendo que el próximo día 14 aparecerán, ahora sí, para todos los fotógrafos y sin madrina, en la fiesta anual que los joyeros Suárez darán en su local del Paseo de Gracia de Barcelona. Entre exclusiva y exclusiva Borja, sin Blanca, se ha visto con su madre la Baronesa gracias a los buenos oficios de Manolo Segura, conocido publicista y de quién se especuló mucho acerca de la paternidad del hijo de Carmen Cervera. Antes de Navidades conoceremos el resultado de estas reuniones tripartitas en las que Blanca a pesar de no estar presente tiene mucho que decir y decidir, esperamos que puedan comerse los turrones todos juntos aunque el agravio hacia la Baronesa ha sido muy grave, pero una madre es una madre. A la que no sabemos cómo le sentará la presencia estelar de la feliz pareja en la fiesta de Suárez es a Isabel Preysler, imagen de la afamada joyería, quizás ese día la agenda de Isabel le impida viajar a Barcelona para estar con todos sus amigos catalanes.

En la multitudinaria boda del “Juli” con Rosario Domecq fueron muchos los compañeros de profesión que acudieron para estar junto a él durante este día. La mayoría lo hizo en compañía de sus esposas, pero pudimos ver a un Enrique Ponce lleno de felicidad aunque por primera vez aparecía en un evento de estas características sin la compañía de Paloma Cuevas. Enrique y Paloma serán padres, por primera vez, a principios de la próxima primavera y Paloma, como muchas mujeres en su situación, está pasando por esos primeros meses de embarazo que a veces ocasionan molestias. No obstante la pareja está muy contenta con la llegada de este hijo tan esperado. También el matrimonio Valencia, padres de Paloma, a pesar de contar con otros nietos, están eufóricos ante la llegada de esta nueva criatura. A mi personalmente me gusta mucho que esta noticia tan deseada por todos los periodistas no haya sido objeto de exclusiva de ningún tipo y que todo el mundo periodístico haya accedido a la misma.

El viernes noche pude asistir a un festival donde se aunaban el vino, la moda y la gastronomía junto con el teatro y la música para dar lugar al Segundo Maridaje de los Sentidos. El lugar, la Bodega Masies d’Avinyó en el pueblo de Santa María d’Horta d’Avinyó, en la comarca barcelonesa del Bages. La idea era celebrar una cata vertical invertida, es decir, probar un vino comenzando por la botella que está en el mercado e ir haciendo un viaje hacia los orígenes pasando por las diversas etapas que el vino ha realizado desde la viña. En este viaje a los orígenes de la bebida también, copa a copa y plato a plato, fuimos experimentando una regresión que fue desde un sofisticado plato de cocina actual hasta una simple carne a la brasa. Masies d’Avinyó está situada en pleno bosque lo que hace que las uvas de sus 127 hectáreas de viñedo crezcan en un microclima que da vinos estructurados e intensos. Al llegar se nos ofreció una copa de blanco Abadal chardonnay y fermentado en barrica que nos sirvió para acompañar la visita que, junto con Franca Missieri, hicimos a las instalaciones de la bodega instalada en una clásica masía catalana de la que se conservan sus inicios de principios del siglo XII y donde es posible admirar todavía en perfecto estado de conservación antiguos silos en los que se producía el vino en aquellos años. En su museo se pueden ver botas y herramientas que se utilizaron hace más de 300 años así como los vehículos con los que a lo largo de la historia se ha transportado el vino y las uvas.

En este maridaje de los sentidos, como su nombre indica, todos nuestros sentidos fueron puestos a prueba. La cata vertical invertida, muy difícil de efectuar, tan sólo es posible realizarla si el vino con el que se hace proviene de las mismas cepas, y esto es lo que se hizo con el vino Abadal 3.9, un vino con un 85% de Cabernet Souvignon y el resto Syrah. Con el primer plato catamos el vino del 2003 que es el que ahora está en el mercado, en el segundo plato se nos ofreció vino de la cosecha del 2005 que actualmente envejece en barrica, el tercer plato lo acompañamos con un vino de la producción de este año ya en proceso de fermentación y terminamos probando el mosto de este año justo cuando ha dejado de tener sus azúcares. Como comprenderán sólo el vino del primero está en el mercado y, la verdad, es que los otros vinos, todavía sin acabar, eran algo extraño a nuestros paladares. Entre plato y plato el enólogo de la casa, Joan Soler, que más bien parecía un actor, iba explicando las características del vino que teníamos delante mientras un grupo de mimos pasaba entre las mesas con unos recipientes opacos para que nosotros mediante el tacto adivináramos su contenido. Pero en este maridaje todavía nos falta un elemento y ese es la moda representada por la casa Escada que aprovechó la ocasión para presentar ante los asistentes diferentes piezas de su colección otoño-invierno 2007. Desde su fundación, en 1976, la firma alemana se ha convertido en sinónimo de elegancia, calidad y atención al detalle todo ello gracias a la utilización de magníficos materiales, un riguroso patronaje y una costura excelente. Escada, sinónimo de calidad y buen hacer, presentó sus modelos en función de las características del vino y del ambiente creado con la iluminación y la música en directo. Durante el cocktail y con el vino blanco mientras Olga Aleshinski, violín solista del Gran Teatro del Liceo de Barcelona, interpretaba a los clásicos las modelos paseaban creaciones en tonos dorados conciliados con blancos y negros, con el primer plato aparecieron los tonos negros y marrón chocolate para dar paso a tonalidades en berenjena y morado, en el tercer plato las modelos lucían estampados florales en gris, violeta y granate para terminar, mientras probábamos el mosto, con diseños en los que dominaban tonos acaramelados y verdes. A lo largo de la noche vimos una colección regia con chaquetas ajustadas que se ceñían a la cintura, el largo de las faldas se detenían poco más allá de la rodilla, esa medida tan elegante y al mismo tiempo tan difícil de vestir en nuestros días, espectaculares los vestidos verdes largos de noche, en satén y escote ya en pico ya en palabra de honor. Muy atractivos los vestidos florales que pueden servir lo mismo para una cena especial como para una reunión de trabajo acompañándolos con el complemento adecuado. En los abrigos de piel el visón sigue siendo el rey en esta colección aunque tropezamos con un chaleco de zorro muy estiloso para lucirlo con una blusa muy especial ya que las mangas eran de gasa con topos y transparente. A las doce, cual nueva Cenicienta, volví a Barcelona. Todavía con el pensamiento puesto en esta maravillosa historia del maridaje de los sentidos tuve una última sorpresa para una urbanita como yo, delante del coche, que hubo que detener, una manada de jabalíes con sus correspondientes crías había decidido que ellos también querían participar de los festejos que en su territorios se celebraban y en fila india iban atravesando la carretera desapareciendo en la oscuridad y entre el viñedo. En la ciudad nos esperaban la lluvia, la polución y el ajetreado tráfico de una noche de viernes. El edén quedaba tan sólo a 70 kilómetros.

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