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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

Primero dispara y luego pregunta

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
sábado, 27 de octubre de 2007, 21:59 h (CET)
Wittgenstein decía que la ocupación de la ética era, antes que el ‘qué debo hacer’, interrogarse por el ‘qué pasaría si no hago lo que debo’.

Esta afirmación supone, ante todo, la capacidad del analista para avanzar de manera realista los acontecimientos. Cabe pensar que quien fuese capaz de adelantarse mentalmente al presente y considerar los pros y los contras de determinado acto, podría también elegir conscientemente entre llevar al terreno de la acción sus pretensiones, adaptarlas en mayor o menor medida, o abandonar por completo la idea.

Quiero creer que quien dijo aquello de “nadie hace el mal a sabiendas” no se equivocaba del todo. Pero tampoco es necesario un gran esfuerzo para constatar que el correcto cotejo de las consecuencias implica, básicamente, la voluntad de querer hacerlo. Y aquí es donde encontramos la traba fundamental.

Es cierto que algunos estados de consciencia alterados no permiten valorar consecuencias y, en cierto sentido, se actúa siguiendo patrones de conducta que podrían no estar sometidos a la voluntad de uno. Para estos casos, o bien la alteración de la consciencia obedece a unos rasgos patológicos o bien es provocada -ahora sí- conscientemente.

Si hablamos del primer caso, la salida indica la vía clínica. Para la segunda situación, cualquiera conoce que tener la voluntad de alterar la consciencia entraña el ejercicio previo de la evaluación de los posibles resultados.

Si no se hace es porque conscientemente no ha querido hacerse, porque ‘no pasará nada si no hago lo que debo’. Es inevitable estar convencido de que lo que esto pueda provocar es algo a lo que tengo derecho. Aquí es cuando entra en juego la responsabilidad individual.

Entonces no es válida la excusa de haber bebido más de la cuenta, pues beber más de la cuenta es más de lo que el individuo en cuestión sabía que le convenía. Porque más allá de uno mismo, está la obligación de tratar a los otros como un fin y no como un medio.

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