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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿A esto hemos llegado los españoles?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 27 de octubre de 2007, 04:25 h (CET)
Si don Quijote y Sancho pudieran trasladarse de sus inmateriales sepulturas, allá en el reino de los héroes de la ficción, seguramente, en viendo el comportamiento de los sucesores de su creador, don Miguel, y en lo que han quedado transformadas sus idealizadas ideas sobre la caballerosidad y la veneración por las románticas dueñas, princesas y la, incomparable, Dulcinea del Toboso; darían vuelta en redondo y, espantados y horrorizados, y regresarían al trote cochinero de Rocinante y el rucio, para lanzarse de cabeza al cobijo de sus confortables sepulturas.

Y no hay para menos, si nos debemos atener a cómo reaccionan nuestros compatriotas ante situaciones que, si no fuera porque hemos tenido ocasión de verlas directamente en las pantallas de la televisión, no podríamos aceptar que fueran ciertas. Si ya estábamos convencidos de que, en España, se han producido cambios en la mentalidad de la ciudadanía; si no viéramos como los derechos individuales son transgredidos impunemente por aquellos que han hecho de la fuerza su meta, de la sinrazón su modus vivendi y, del libertinaje, su credo religioso; a la vista de lo que está ocurriendo no nos queda más remedio que admitir que, estas nuevas generaciones de ciudadanos, han olvidado –si es que alguna vez las han recibido – las enseñanzas de sus mayores sobre lo que se entiende por solidaridad, caridad, hombría y los más elementales principios éticos y morales por los que debe regirse la humanidad, si es que pretende mantener un orden en las interrelaciones sociales.

No nos debería de extrañar que se dieran casos como el, tristemente registrado, del metro de Barcelona, donde un sujeto, sin que mediara provocación alguna ni que tuviera la más mínima justificación, se abalanzó contra una joven uruguaya y la hizo objeto de una agresión y la sometió a todo tipo de vejaciones, hasta que la pobre muchacha consiguió librarse de él huyendo. Pero si este hecho es de por sí deleznable y digno de la máxima represión; no deja de ser igualmente condenable y odioso que ninguno de los pasajeros que ocupaban el mismo vagón intentara, en ningún momento, hacer algo para evitar la agresión. Incluso alguno de los presentes miraba interesadamente como se sucedían las agresiones con la misma tranquilidad con la que hubiese contemplado una escena de un film de mafiosos. Pero, no sé porque nos extrañamos de que ocurran cosas como la que acabo de relatar; cuando en España se han perdido los frenos morales, se ha permitido la indisciplina en las escuelas, se ha consentido que haya desaparecido de la enseñanza cualquiera de las disciplinas religiosas o éticas; se han fomentado el relativismo; la sexualidad sin límite ni control y se ha fomentado el egoísmo y el materialismo individualista como objetivos supremos. El “ande yo caliente” se ha impuesto a cualquier otro sentimiento de compasión y solidaridad y ello ha llevado a esta sociedad actual a convertirse en espectador morboso de los males ajenos, llegándose a estos casos extremos donde una persona puede ser asesinada ante la mirada indiferente de centenares de espectadores.

Pero si podemos maravillarnos de la crueldad impávida de la ciudadanía ante semejantes hechos, no podemos menos de sorprendemos con las actuaciones de aquellos estamentos cuya misión es preservar a las personas de la acción de los delincuentes y poner en marcha el aparato de la Justicia para actuar contra ellos. El espectáculo protagonizado por el juez y la fiscalía, acusándose mutuamente de que el agresor de la ecuatoriana quedara en libertad, es una muestra más del estado de la Justicia en nuestro país. El hecho de que los mecanismos procesales chirríen y que por su culpa se produzcan escenas tan denigrantes como es ver al agresor contestando tranquilamente a los entrevistadores de la TV, como si de un héroe se tratara, mientras que la pobre víctima no se atreve a salir a la calle por miedo a ser asaltada; clama al cielo y es una muestra más de la deshumanización a la que se ha llegado. Al respeto conviene reseñar que, por parte de los medios informativos, se está cayendo en una costumbre que, no por ser más televisiva o motivar al público hacia una compasión ante el aparentemente más débil, tiene más justificación. La objetividad informativa debe huir de sentimentalismos subjetivos ni de presentar la realidad distorsionada sólo con el objetivo de conseguir más publicidad y lo que, todavía, puede ser peor, impulsar subliminalmente al público hacia una determinada opción política valiéndose de la artimaña y el engaño. Casos como el dado en Madrid, en el poblado marginal de La Cañada Real – nido de delincuencia, drogadicción, prostitución e inmigración ilegal – donde los árabes organizados arremetieron contra la policía, que quería cumplir una orden legal de derribo de unas chabolas, causando una veintena de heridos entre las fuerzas del orden (uno de ellos de pronóstico grave) nos pueden ilustrar sobre la influencia de los medios de comunicación, en especial de estas televisiones politizadas de las que dispone el Gobierno, cuando observamos como – y así ha sido denunciado por la propia policía – se utilizaba a las mujeres como escudos contra las cargas de la policía y, al mismo tiempo, aprovechando la presencia de los reporteros, algunos de los árabes se tiraban por los suelos lamentándose del mal trato recibido y, tan pronto desaparecían las cámaras, milagrosamente ilesos, se levantaban y continuaban apedreando a los agentes como si tal cosa.

En fin, si esto es la muestra de lo que queda de la mítica caballerosidad española; si esta es la expresión de la deontología de la prensa de la nación y si estos son los principios que nos quieren inculcar y transmitir a nuestros hijos estos que nos gobiernan con su famosa Educación para la Ciudadanía, más vale que nos vayamos preparando para que pronto lleguen las leyes del control de la vida, de la eutanasia y de la eliminación de los disminuidos físicos, que tanto le criticaron a Hitler, pero que padece que estos nuevos neonazis de la progresía tienen intención de llevar a cabo. Lamentablemente, y así debemos denunciarlo, todo lo que nos ocurre es debido a esta deriva libertaria, laica y frentepopulista a la que nos arrastran el PSOE y sus defensores. ¡Esta es su intención!

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