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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Esclerosis múltiple

María Luz Monreal (Madrid)
Redacción
viernes, 26 de octubre de 2007, 20:18 h (CET)
Estimada Esperanza, Esta es la historia de una mujer que, como tú, tenía su familia, su trabajo, y una vida repleta de proyectos e ilusiones. Déjame que te cuente, que comparta contigo cómo es ahora mi día a día, el día a día de una de tantas personas que en este país deben convivir a diario con una enfermedad que va minando los recursos físicos y psicológicos de las personas que la sufren, hasta hacer imposible llevar a cabo cualquier actividad, por rutinaria y corriente que pudiera parecer para el resto de la gente. Esa enfermedad se llama ESCLEROSIS MÚLTIPLE. Sus síntomas son escalofriantes, y sus consecuencias, devastadoras… trunca vidas, siembra de espinas caminos antes repletos de vida, e inunda de tristeza y desesperanza cada amanecer… Créeme, Esperanza, que estas líneas no están escritas desde el capricho ni el disgusto, sino desde una situación que ya se antoja inadmisible por la falta de respuesta de los Servicios Sociales ante escenarios como el que me ha tocado vivir.

Resulta tremendamente desolador descubrir que, ante las necesidades más elementales que, obviamente, en ningún caso desearía tener, la percepción que recibimos de la Administración es un comportamiento frío, lento, donde no tienen cabida aspectos tan básicos para personas enfermas como la solidaridad, la comprensión y algunas dosis de sensibilidad.

Cada mañana, cuando abro los ojos, se aparece ante mí el primero de los innumerables retos que debo afrontar, levantarme por mí misma y hacer algo tan sencillo como una cama, algo que en nuestro caso se asemeja en dificultad a una dura travesía por evitar caídas o mareos de consecuencias imprevisibles. Después, una tras otra, aparecen de manera natural dificultades tan insalvables como ordenar un salón, asearme sin ayuda o aventuras tan impensables como hacer una pequeña compra en el supermercado o dar un paseo, algo que, a día de hoy, resulta una quimera sin una persona que me pueda ayudar.

A nadie se le escapa que dedicar parte de tu tiempo a reflexionar y actuar sobre este problema no se traduce en los réditos electorales que otras muchas actuaciones más populares pudieran reportar, pero estarás conmigo en que ninguna cantidad de votos, por numerosos que pudieran llegar a ser, puede competir con la satisfacción personal de medidas que, con toda certeza, pueden contribuir a regalar pequeñas dosis de esperanza y calidad de vida a personas que necesitan de éstas para ser capaces de levantarse cada día. (De hecho, hoy siento que me faltan, cada vez más.)

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