Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Estamos en condiciones de aceptar tanta inmigración?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 26 de octubre de 2007, 01:46 h (CET)
Se nos ha estando vendiendo desde le gobierno socialista y, más directamente, desde el ministerio de Trabajo del señor Caldera, que la inmigración era necesaria y que en España hacían falta todavía más inmigrantes de los que se iban colando, no sólo mediante los cayucos que desembarcaban en las Canarias, sino los que llegaban desde Marruecos y los que entraban a través de las fronteras del norte y, por supuesto, a través de los aeropuerto nacionales. También se presentaba esta inmigración como un alivio para las arcas de la Seguridad Social y una panacea para el campo que era abandonado por los oriundos para ir a la construcción, la industria y a los servicios, trabajos mejor remunerados y con más posibilidades de medrar. No niego que en España, en algunos momentos, se haya producido una escasez de mano de obra para determinados sectores, pero también es posible que la mecanización masiva del campo, las agrupaciones de los agricultores en cooperativas y la periodicidad de las cosechas provocaran excesos de mano de obra en determinadas épocas del año y en otros periodos punta, por el contrario, se requiriera más mano de obra, que nos llegaba y nos llega, primordialmente, de países europeos como pueden ser Francia, Bulgaria o Rumanía etc. Pero en otras épocas ha sobrado personal, como en el caso de Andalucía, que tienen personal sobrante tres cuartas partes del año.

Sin embargo, existe una clase de inmigración que no parece que sea la más idónea para integrarse en nuestra especial idiosincrasia, sea por sus propia religión o por su espíritu fundamentalista que le hace difícil transigir con las leyes nacionales que contradicen o ponen trabas a su cultura y hábitos religiosos. Hemos tenido un claro ejemplo en los sucesos, recientemente, ocurridos en los extrarradios de Madrid, en La Cañada Real, donde cientos o miles de árabes se han constituido en una guerrilla urbana capaz de enfrentarse a la policía y conseguir, con sus métodos agresivos, causar un número considerable de bajas entre los agentes del orden que, por supuesto, no hacían más que cumplir con su deber desalojando a personas de las edificaciones ilegales. Al respeto, debemos añadir que, tampoco parece que la Justicia esté actuando como debiera cuando, por un lado se obliga a la demolición y por el otro, en el momento que las cosas se ponen feas e intervienen las presiones políticas, se ordena la interrupción de las acciones policiales y se permite a los revoltosos salirse con la suya. Lo curioso del caso es que las otras étnias, que también habitan dicho poblado marginal – semillero de drogadicción, camellos y delincuencia de todo tipo – permanecieron calmadas sin crear dificultades a las fuerzas del orden.

No creo que, tanto estos inmigrantes indisciplinados y tramposos (cuando convenía se tendían en el suelo para que los periodistas los filmasen como si hubieran sido heridos por la policía y, acto seguido, cuando se alejaba la prensa, se levantaban de nuevo y empezaban a lanzar pedradas contra las fuerzas del orden), como estas mafias latinas y kosovares que tanta alarma causan en las urbanizaciones con sus asaltos y robos; sean precisamente lo que más ayuda a cubrir los puestos de trabajo vacantes a los que nos referíamos anteriormente. Por otro lado, la facilidad con la que los inmigrantes pueden, en virtud de la ley de agrupación familiar, traerse a sus familiares (vaya usted a saber cuales lo son y cuales no), hace que sus aportaciones a la Seguridad Social pronto queden amortizadas por el uso y el abuso que estas familias numerosas hacen de las prestaciones a las que tienen derecho, en virtud de la cotización de quien se los trae. Téngase en cuenta que la mayoría son niños que no están en edad de trabajar o viejos que ya no pueden hacerlo. Por tanto, aquellos anuncios que se nos hacían de que contribuían a sanear con sus cotizaciones la red asistencial española, no han resultado ser ciertos y, más bien, ocurre todo lo contrario.

Si nos centramos en la delincuencia, los estudios que se han hecho y divulgado (supongo que interesadamente) pretenden desmentir la influencia de la inmigración en el aumento de las infracciones legales. No parece que se ajusten a la realidad; al menos por lo que se refiere a la delincuencia de género, puesto que los asesinatos y mal tratos que se van registrando, cada vez con mayor frecuencia se corresponden, en un alto porcentaje, a altercados o crímenes que se han perpetrado parejas extranjeras. Veamos lo sucedido en Catalunya, donde la mitad de los ingresos en prisión durante el pasado año 2006 fueron extranjeros, de los cuales un 55% son hombres y un 44’8% son mujeres. Existen varias causas que pueden llegar a justificar el hecho de que se produzcan unos determinados delitos entre los inmigrantes, muchos de ellos ilegales, que han llegado sin ningún contrato de trabajo, y son: la falta de una ocupación que les permita vivir dignamente y de un lugar donde guarecerse. Tampoco son ajenas a esta alta delincuencia las costumbres de algunos países sudamericanos donde, como en Brasil, la vida humana es poco valorada y hay regiones donde hasta los niños cometen crímenes por encargo.

Tampoco hay que olvidar que, estos nuevos ciudadanos, envían gran cantidad de dinero al extranjero desde España. Si, en un principio, las remesas eran escasas y no revestían mayor importancia, a medida que se ha ido incrementando la llegada de nuevos inmigrantes, las remesas de euros desde España han ido en aumento, hasta el punto de que, durante el pasado mes de Julio, los envíos al extranjero alcanzaron la preocupante cifra de setecientos veinte millones de euros. Si esta cantidad la extrapolamos a un año se llegaría a un importe superior a los 8,600 millones de euros, que sobrepasarían los 1.430.000.000 de las antiguas pesetas, una cifra lo suficientemente importante para que nos haga reflexionar. Si la economía, como señalan los indicadores económicos, sufriera una recesión como consecuencia de los problemas de la construcción norteamericana y su repercusión en el resto del mundo ( Alan Green Span ha advertido sobre la “burbuja española·); los primeros que sufrirían los efectos de la misma serían los inmigrantes lo que, sin duda, podría desembocar en una situación preocupante y peligrosa si nos atenemos a que la cifra actual de inmigrantes supera los cuatro millones quinientas mil personas. Creo que el Gobierno y el señor Caldera, impulsados por un optimismo desmedido y temerario, han sido arrastrados a cometer una grave equivocación, al permitir que nuestro país se haya convertido en el primero de Europa en cuanto al número de inmigrantes, ¡ellos sabrán lo que hacen y, sin duda, serán los responsables de las posibles consecuencias de sus actos!

Noticias relacionadas

Una muralla para aislar el desierto del Sahara

Intelectuales de todo el mundo analizarán en Marruecos el problema de la inmigración que causa insomnio y desacuerdos en Europa

El discurso de la payasada

Cuatro artículos que me han ayudado a encontrar la mía

Heráclito

Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana

Trapisondas políticas, separatismo, comunismo bolivariano

Una mayoría ciudadana irritada

Prejuicios contra las personas

Es una malévola tendencia, favorecemos los prejuicios y protestamos contra sus penosas consecuencias
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris