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De la gasolina congelada al 'hombre de hielo'

Juan María Leiva
Juan María Leiva
jueves, 25 de octubre de 2007, 00:32 h (CET)
¿Quién dijo que en la Fórmula 1 nunca pasa nada? Pues seguramente el mismo que afirmó que las carreras se ganan en la pista. Y es que el final de mundial que hemos vivido en la máxima competición de automóviles del mundo ha sido apasionante, rocambolesca, divertida y con un punto de surrealismo que, si se piensa fríamente, hasta se congela la gasolina.

Hamilton, el niño mimado, perdió el mundial. Pobre. El 'superdotado' inglés le dio a un botón y su coche se paró. Normal, sólo lleva un año en la competición. Él está para aprender. Lástima que nadie se haya dado cuenta hasta que el mundial se ha terminado. Si es que al final el británico más odiado de nuestro país transmite hasta ternura.

Y su 'padre adoptivo' se tira de los pelos. Ron Dennis no se lo puede creer. "Tengo al mejor piloto de la parrilla, a la mejor promesa, el mejor coche, sé los secretos de mis rivales y no he conseguido más que un puñado de carreras. ¿Valdré para esto?", pensará.

No. Pero eso es muy difícil de admitir. Por eso patalea y se queja de que BMW y Williams llevan la gasolina congelada. Reclama un título que hasta el propio Hamilton, demostrando ser más noble de lo que se le suponía, rechaza. Claro, es que eso él no lo sabía. Para otro año no sólo hay que espiar a Ferrari, sino a todos los coches que circulen en un radio de 3.000 kilómetros. Si es que cuando no se trabaja bien…

Y el gran beneficiado fue 'Iceman', Kimi Raikonnen. El hombre de hielo, del que se dice que lo llaman así por los cubitos que le echa al alcohol, ha demostrado ser un grandísimo piloto, digno heredero de sus 'paisanos' Rossberg padre y Hakinnen. Si es que ya lo dijo Fernando Alonso: "Mi equipo está tan preocupado de ganarme a mí que se olvida de quién es el verdadero rival". Y este no era como para no tenerlo en cuenta: Ferrari, la escudería más mítica de la historia.

Y lo más llamativo fue la sonrisa de Fernando en el podio de Interlagos. Satisfecho. Él ha hecho lo que tenía que hacer. Las antipatías que se había ganado otros años se han vuelto palabras de admiración al ver lo conseguido y el trato recibido durante todo el año.

Por eso digo ahora lo que nunca sentí cuando el asturiano era coronado como campeón del mundo. Hoy, más que nunca, estoy orgulloso de Fernando. Lo reconozco como mi piloto preferido y le apoyaré siempre el año que viene. Esté donde esté, y quede como quede.

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