Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Discriminación salarial por razón de sexo

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 23 de octubre de 2007, 00:10 h (CET)
Dice Phyllis Korkki, acreditado periodista económico estadounidense, que cuando una mujer prospera en su lugar de trabajo, el ascenso no es casi nunca fortuito, pero a menudo es estable. Consecuentemente con salarios femeninos.

En 1979 las trabajadoras a jornada completa en EE.UU. cobraban el 63% de lo que cobraban los hombres, de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS en sus siglas en inglés, de Bureau of Labor Statistics). Hoy, ha subido al 81% de lo que cobran los hombres.

Es ciertamente una mejora, pero todavía significa que los ingresos semanales eran de 600 dólares para las mujeres en el pasado año, en comparación con los 743 dólares de los hombres.

¿Pero cuál es el motivo para tal disparidad? ¿Discriminación? ¿Las decisiones tomadas por mujeres y hombres? Lo cierto es que no está claro.

Según el BLS, lo que sí está claro es que las diferencias varían por grupos de edad. Entre trabajadores de edades comprendidas entre los 45 y los 64 años, las mujeres cobran el 73% de lo que cobran los hombres. Pero en el grupo entre los 25 y los 34 años, el porcentaje asciende al 88%.

Así pues, parece que a medida que avanza el tiempo, el espacio que separa los salarios de hombres y mujeres se va estrechando.

En opinión de Kate Lorenz, investigadora y estratega en cuestiones de empleo y carreras profesionales, de acuerdo a la AFL-CIO (Federación del Trabajo de EE.UU. - Congreso de Organizaciones Industriales), la mujer de 25 años promedio que trabaje a tiempo completo todos los años hasta que se jubile a la edad de 65 (si es cuando puede hacerlo) ganará 523.000 dólares menos que el trabajador masculino promedio.

La situación mejora, no cabe duda, pero al paso que se producen los cambios, las mujeres no tendrán las mismas oportunidades salariales que los hombres hasta después del año 2050; casi 100 años después que el presidente Kennedy firmara la Ley de Igualdad de Remuneración que prohíbe la discriminación con motivo de sexo que dé como resultado una remuneración desigual por el mismo trabajo.

Ahondando en el mercado laboral de EE.UU., donde la muestra a efectos estadísticos es lo suficientemente amplia para poder asumir las conclusiones como ciertas, encontramos que las diferencias salariales por razón de la raza son también muy significativas e ilustradoras.

Las trabajadoras hispanas ganan un 14,3% más en relación a los hombres hispanos que las mujeres de raza blanca en relación a los hombres de raza blanca. De manera que está más próxima la retribución entre hombres y mujeres hispanos que entre los blancos, ya que éstos son, los hombres, los que más ganan entre todos los grupos de trabajadores.

En el ámbito de las profesiones, también hay muchas diferencias salariales y sensibles mejoras en el tiempo. Así, las mujeres con titulaciones universitarias han incrementado en un 30% su retribución salarial desde 1979, frente a menos del 20% de los hombres en el mismo período.

Y aquí podemos entrar en las motivaciones de cada uno de los grupos, hombres y mujeres, en el ascenso profesional de sus carreras.

Parece claro que las mujeres, no solicitan en general, el ascenso con una mayor remuneración salarial, cuando la vacante se produce, por considerar que la capacitación requerida para el eficaz desempeño de las tareas que el puesto requiere, son superiores a las suyas propias. Dándose el caso de que los hombres se postulan con mayor ligereza para puestos con mejor retribución, para los que no están adecuadamente preparados, asumiendo estrepitosos fracasos por tal motivo. En tanto que un porcentaje mayor de mujeres que sí han solicitado el ascenso, han tenido brillantes resultados en su gestión; mayor, porcentualmente que en el caso de los hombres que se propusieron a sí mismos.

En cualquier caso, la diferencia salarial entre sexos entraña muy diferentes variables; opciones personales y decisiones como trabajo versus familia. Pero el reconocimiento de una menor retribución global entre hombres y mujeres, donde sus aptitudes, competencia y consecución de objetivos son semejantes, pone de manifiesto una tendencia cierta a subestimar el trabajo de las mujeres.

Lo grave es cuando se dan determinadas circunstancias y son las propias mujeres, cuando consideran haber alcanzado profesionalmente el estatus en general reservado a los hombres, quienes se “alían” con ellos y coartan la carrera profesional de mujeres que están en los tramos ascendentes, sin haber llegado aún a la cúspide.

En efecto, es frecuente ver a mujeres en grandes corporaciones que, tras haber sufrido la discriminación propia de su condición femenina en un mundo de hombres y haber superado con éxito tales vericuetos para llegar a la cumbre, parece que olvidan entonces su “sentido corporativo” y cercenan sin compasión la carrera profesional de otras mujeres tan brillantes profesionalmente o más que las que ya llegaron, convirtiendo en un infierno en ocasiones, el largo peregrinar profesional de otras mujeres como ellas, congelando su retribución, negando merecidos ascensos y desinformando sobre sus logros profesionales. Lo que convierte la discriminación por razón de sexo, en doble discriminación, al ser practicada entonces por mujeres contra otras mujeres.

De manera que no siempre resulta verídico que la menor retribución salarial entre mujeres y hombres a igualdad de responsabilidad, aportación de talento y consecución de objetivos profesionales, sea consecuencia de estar inmersos en un mundo de hombres, pues las mujeres de la cumbre pueden también en ocasiones, ser tan discriminadoras o más que los propios hombres en detrimento de otras mujeres, amparadas aquellas además por el halo femenino que debería hacer descartar que las decisiones que toman en contra del ascenso profesional y retributivo de otras mujeres es una clara discriminación por razón de sexo. Lo cuál entra en la órbita del recochineo. Y eso está muy feo entre mujeres también.

Noticias relacionadas

Inexorable Fin de la Farsa del “Sahara Occidental”

En 1975 un pueblo desarmado derrotó al último aliado de Hitler y Mussolini que seguía delirando tres décadas después de la disolución del Eje

Respeto a la Presidencia del Gobierno

'Avanzamos' como eslogan de bienvenida

Y vuelta a las andadas

Golpean el hierro en frío

La inclusión como camino: hacia una construcción de la “diversidad inteligente”

La fórmula debe ser la inclusión como camino del desarrollo

El acto de leer

Dignifica y al dignificar permite que las personas vuelen
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris