Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

¿Cómo acabará el enfrentamiento entre Belgrado y Pistina?

Elena Shesternina
Redacción
domingo, 21 de octubre de 2007, 00:02 h (CET)
Ya en lo que va de año puede surgir en el mapa del mundo un Estado nuevo: la provincia rebelde de Kosovo amenaza con obtener su independencia respecto a Serbia. Hasta se sabe la fecha aproximada: después del 10 de diciembre. Es justamente este día cuando el trío mediador (Rusia, EEUU y la Unión Europea) en las negociaciones entre los irreconciliables oponentes Belgrado y Pristina deben presentarle al Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, el informe sobre los resultados de las negociaciones. No hace falta ser un profeta para predecir su contenido. En el transcurso de las negociaciones las posturas de las autoridades serbias y albaneses no se han movido un ápice: los serbios jamás se conformarán con la pérdida de su provincia, mientras que los albaneses jamás transigirán pues quieren sólo la independencia.

El premier kosovar Agim Çeku advirtió que inmediatamente después del 10 de diciembre esta provincia autónoma proclamará independencia de forma unilateral. Luego de lo cual, de eso las autoridades kosovares están seguros, la reconocerán varias decenas de Estados. El primer Estado en esta lista figurará EEUU: por boca del presidente George Bush y la Secretaria de Estado Condoleezza Rice se manifestó Washington a este respecto de manera inequívoca. La explicación que se aduce es la siguiente: el conflicto se ha prolongado demasiado tiempo, y ya no tiene sentido esperar más en una situación en que las partes ni siquiera pueden aproximarse a una fórmula de compromiso.

La postura que Moscú sostiene es directamente opuesta y también se expresó reiteradamente a nivel más alto: la decisión sobre Kosovo no debe tomarse en Nueva York sino en Belgrado y Pristina. Ello quiere decir que las negociaciones deben continuar tan largamente como sea necesario.

Al fin y al cabo, el mundo tiene bastantes problemas litigiosos sin arreglar que no son menos graves que el problema de Kosovo. Chipre, por ejemplo, fue admitido en la Unión Europea a pesar de que en el Norte del país existe la llamada República Turca de Chipre del Norte, no reconocida por nadie excepto Turquía. No se sabe por qué pero el problema chipriota puede mantenerse sin resolver durante más de 30 años, mientras que la comunidad internacional se apresura a dar solución al problema kosovar.

Pero los diplomáticos rusos, refiriéndose al problema de Kosovo, no apelan tanto a los precedentes como a las resoluciones de la ONU que no se estila revisar, máxime que Rusia tiene derecho de voto. En la resolución 1244 aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU en 1999 está escrito en negro sobre blanco que la comunidad internacional reconoce la integridad territorial de Serbia.

Al fin, hay otro contraargumento para la postura de Occidente que, por cierto, no es tan unívoca como alguien la trata de presentar. Difícilmente van a aceptar la independencia de Kosovo países como España, en que desde hace años los vascos sueñan con independencia, Eslovaquia con sus tierras pobladas por húngaros, Grecia con su Norte poblado por albaneses, Italia con los mismos albaneses descontentos. Otro problema es si este precedente lo necesita Gran Bretaña donde los nacionalistas que han llegado al poder en Escocia están dispuestos a proclamar su independencia. Francia tiene problema corso, Bélgica está dividida y Turquía con su pendiente problema kurdo. Esta lista puede continuar.

Rusia está aún menos interesada en que se siente un precedente peligroso. Tan pronto como Pristina se proclame independiente, Moscú tendrá que explicarles a las “repúblicas no reconocidas” que se hallan en el territorio de la antigua URSS: Abjasia, Osetia del Sur y Transnistria, por qué no tienen derecho a la autodeterminación.

La situación en Kosovo es realmente extraordinaria. Pero lo extraordinario no radica en aquello de que Washington se vale para justificar su secesión de Serbia sino en su historia. ¿En qué están las causas históricas del conflicto kosovar? ¿Por qué los albanokosovares insisten de forma tan activa e intransigente en su independencia? ¿Y por qué los serbios se mantienen igualmente intransigentes?

El reconocimiento de la independencia de Kosovo será para Serbia, quizás, la mayor humillación desde que Yugoslavia comenzó a desintegrarse. Los propios nombres de Kosovo y Metohija tienen raíces serbias: traducido desde el serbio significa “campo de mirlos y tierra eclesiástica”. En la época medieval, en el territorio de Kosovo se formó el núcleo del Estado serbio y desde el siglo XIV hasta 1767 aquí, cerca de la ciudad de Pec se encontraba la sede del patriarca serbio. De aquí, desde la derrota del Ejército serbio en el Campo de Kosovo en 1389 comenzó la conquista de Serbia por los turcos. Y es aquí adonde en 1912, a raíz de la victoria obtenida en la Primera Guerra Balcánica regresó el Ejército serbio.

Tanto los serbios como los albaneses coinciden en una cosa: la mina de acción retardada fue instalada en 1974. Josip Broz Tito, de nacionalidad croata, que siempre temía el fortalecimiento de la influencia de los serbios en Yugoslavia, amplió, entre otras cosas, el estatus de la región de Kosovo, igualándola de hecho en derechos a las repúblicas federativas. Las autoridades serbias no podían aprobar ninguna ley relativa a Kosovo sin consentimiento de los dirigentes locales. La provincia tenía su propia bandera y constitución, y a los kosovares se les otorgó el derecho a disfrutar de la libertad de cultos (a diferencia, por cierto, de Albania donde la religión estaba prohibida).

Pese a esta política condescendiente que Belgrado aplicaba, los albanokosovares se volcaban a la calle exigiendo mayor autonomía. Después de la muerte de Tito en 1980 a cada momento en la provincia estallaban acciones de protesta. Las manifestaciones de la primavera de 1981 redundaron en derramamiento de sangre, brutal purga de la administración de la provincia y exclusiones masivas del partido comunista, despidos laborales y exclusiones de escuelas superiores. Casi a diario se informaba sobre el descubrimiento de las conjuraciones “que perseguían el objetivo de minar la unidad de Yugoslavia y la adhesión de Kosovo a Albania”. Pero ni aquella política rígida de las autoridades ya no podía salvar la provincia escindida: los disturbios en Kosovo no cesaban. La última gota que colmó el vaso de la paciencia de Belgrado fue el año 1989: después de disturbios masivos se decretó el estado de guerra, quedando restringida la autonomía de Kosovo.

En 1991, la “Unión Democrática de Kosovo” con Ibrahim Rugova a la cabeza celebró el llamado referéndum sobre la creación de un Estado independiente. La “República de Kosovo” autoproclamada fue reconocida únicamente por Albania. En 1996 en al provincia estallaron acciones masivas en apoyo a la idea de Gran Albania, y el Ejército de Liberación de Kosovo (UCK) desplegó una verdadera guerra terrorista contra las autoridades y la población serbias. Hacia el año 1998 el UCK controlaba el 40% del territorio de la provincia. Los intentos de la comunidad internacional para por fin tomar cartas en el asunto quedaron en nada. Las negociaciones entre las autoridades serbias y los albanokosovares en el castillo francés de Rambouillet fracasaron: Slobodan Milosevic se opuso categóricamente a la entrada de las tropas de la OTAN en la provincia, calificando este hecho como injerencia en los asuntos internos de un Estado soberano.

Mientras tanto la situación acabó por escapar a todo control. Milosevic tomó la decisión de introducir en Kosovo un contingente militar de 40 mil efectivos a fin de acabar con el UCK. En eso comienza el éxodo masivo de habitantes de Kosovo: el número total de refugiados llega a 250 mil. Los medios de comunicación occidentales empezaron a hablar sobre el comienzo de un genocidio cuyas víctimas eran los albanokosovares, lo cual sirvió de pretexto para que la OTAN lanzara el 24 de marzo de 1999 una operación bajo el nombre en clave de “Fuerza Aliada”. Los bombardeos de Yugoslavia duraron 78 días dando por resultado dos miles de yugoslavos muertos y un enorme daño a la economía que ascendió a 100 mil millones de dólares. Milosevic se vio obligado a ceder: las tropas serbias se retiraron de Kosovo, entrando en la provincia las fuerzas de paz internacionales bajo la égida de la OTAN.

Después de la entrada de las fuerzas de paz comenzó otro éxodo desde Kosovo: eran los serbios los que comenzaron a abandonar la provincia. Hoy día constituyen un 5% de la población de la provincia, mientras que los albaneses son un 90%. En marzo de 2002 Ibrahim Rugova fue electo presidente de la provincia pero en enero se murió de cáncer. El 10 de febrero de ese año se hizo presidente de la provincia Fatmir Sejdiu, uno de los fundadores de la Unión Democrática albanesa de Kosovo. Diez días después de la elección de Sejdiu comenzaron las negociaciones entre Belgrado y Pristina con la mediación de la ONU. Las mismas negociaciones que, según vaticinan los albaneses, acabarán después del próximo 10 de diciembre por la proclamación unilateral de la independencia.

____________________

Elena Shesternina, para RIA Novosti.


Noticias relacionadas

Inexorable Fin de la Farsa del “Sahara Occidental”

En 1975 un pueblo desarmado derrotó al último aliado de Hitler y Mussolini que seguía delirando tres décadas después de la disolución del Eje

Respeto a la Presidencia del Gobierno

'Avanzamos' como eslogan de bienvenida

Y vuelta a las andadas

Golpean el hierro en frío

La inclusión como camino: hacia una construcción de la “diversidad inteligente”

La fórmula debe ser la inclusión como camino del desarrollo

El acto de leer

Dignifica y al dignificar permite que las personas vuelen
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris