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Libertad religiosa. Un paso más, aceptación legal de la apostasía
Raúl Tristán
Un paso más se ha dado en nuestra Nación hacia una completa libertad religiosa al reconocer la Audiencia Nacional el derecho a una persona a cancelar su inscripción bautismal.
El bautismo que se viene practicando en nuestro país, una obligación impuesta a los niños al poco de nacer, no deja de ser una rémora arcaica de un falso concepto de Pecado Original y Condenación. Los padres y la Iglesia creían que si su hijo moría sin bautizar lo condenarían, por obra y gracia del pecado original con el que, dicen, todos nacemos marcados, a pasar el resto de la eternidad en el Purgatorio...
Considerar como creíbles muchas de las historietas que se narran en la Biblia, o de obediencia y asunción debida los preceptos de la Iglesia Católica es asunto particular, de cada cual, que entran dentro del derecho a la libertad de creencia religiosa. Pero "marcar" a una persona, desde ante de que tenga uso de razón, con una etiqueta con la que de adulto manifiesta no identificarse, es aberrante. Atenta contra la libertad del individuo. Sin entrar en el detalle de que el bautismo debiera realizarse, desde mi punto de vista, en personas adultas que expresaran su deseo de ser bautizados, y no en niños, lo que redundaría en beneficio de credibilidad para la Iglesia (las cifras de católicos que baraja son una farsa, pues consideran católico a aquel que ha sido bautizado, independientemente de que sea o no practicante); digo que constituye un atentado contra la libertad individual el no poder ser declarado apóstata de una religión que no se asumió voluntariamente como propia, sino que fue impuesta
Con esta decisión de la Audiencia Nacional no se atenta contra la religión católica, sino que se defienden los derechos y libertades del individuo, algo primordial para cualquier liberal que se precie de serlo.
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