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La España de siempre

Pascual Falces
Pascual Falces
sábado, 20 de octubre de 2007, 01:50 h (CET)
"España se ha convertido en el país más multiétnico de la Unión Europea". Así de rotundamente se recoge en el II Anuario de la Comunicación del Inmigrante en España. Una publicación desconocida hasta que ha saltado a la actualidad con esta “perogrullesca” y equívoca afirmación. Por un lado, es tan evidente y natural que resulta tonto decirlo (de Perogrullo), y, equivocada, porque no “se ha convertido”, ya lo era, y “descubrirlo” ahora, es una muestra de ignorancia garrafal de la Historia de España, y de sus antecedentes étnicos.

El español puede presumir de lo que quiera, menos de pureza de sangre. Aquí somos todos mestizos, y el que no lo reconozca, pues que se vaya con Ibarreche, que tal vez lo admita entre “los vascos y vascas” si aporta un “pedigrí” con Rh negativo. Tal vez el guirigay que nos caracteriza, la “juerga padre” nacional, sea el equilibrado disfrute de sentirse “todos iguales”. Aquí, echando mano de la historia elemental, se asimiló en la cultura romana y del latín a casi todos los pueblos originarios de la península; “casi”, porque algunos lo fueron más que otros. En el pueblo vasco, p.e., la mitad por lo menos, se quedó sin enterarse para que servía la civilización romana; eran los que intentaban aprender a “hacer una O, con un canuto”.

Así las cosas, también el mencionado informe recoge el alto grado de uniones de pareja que se vienen registrando entre emigrantes y nacionales de antaño. Es decir, que, para el caso, los celtas se siguen mezclando con los iberos, y, en consecuencia, naciendo niños “celtíberos”. ¿Es todo, una consecuencia de la estratégica ubicación geográfica de la península? Así se ha creído siempre por aquello de que las migraciones a pie, o venían del norte, que trajo a los godos y otras etnias centroeuropeas, o provenían del sur, desde la costa de los cercanos territorios de África, también, más o menos, colonizados por Roma, de la Mauritania, y de ahí lo de “moros”.

El panorama tiende a consolidarse a la vez que a incrementarse, pues, se cita en el mismo Informe, que, el setenta por ciento de los inmigrantes se instalan definitivamente en el país, y, también, que para el año 2025, en España se habrán establecido más de ocho millones de nuevos residentes. A lo que añade este columnista: ¡O, más!... Porque se reproducen con mayor celeridad que los carpetovetónicos asentados desde hace siglos. También se afirma, que, el diez por ciento de las personas que viven en nuestro país, es de origen extranjero, cantidad equivalente, pero, superior a la registrada en Francia, Alemania y Reino Unido. Al fin y al cabo, ¡somos europeos!...

España, en efecto, es el país más multiétnico de Europa, genética… y censalmente considerada. Y, en cuanto a lugar de origen de los recién llegados, también se repite la Historia: marroquíes y rumanos casi ocupan la misma proporción mayoritaria. A lo que ha de añadirse, y como nuevo fenómeno, la “savia”, que, en su debida proporción, aportan los procedentes de Sudamérica, por los que corre la sangre de los pueblos originarios anteriores a la llegada de Colón, y, que, hasta ahora, sólo se había mezclado con los españoles que fueron al Nuevo Mundo. Así es como vienen con nombres y apellidos, idioma, costumbres, y creencias que resultan familiares

“Tenemos que olvidarnos de hablar de ´ellos y nosotros´, para empezar hablar todos de nosotros”, ha declarado con clarividencia el portavoz de una conocida ONG que se ocupa de los destellos de racismo que esta nueva realidad de España estuviera pudiendo desencadenar. De un modo u otro, y quien más, quien menos, los afincados en la península conocen, o debieran reconocer, la historia de sus antepasados; gentes que llegaron, y que aquí se quedaron. Para que luego no pase aquello del romance de García Lorca: “Señores Guardia Civiles; aquí pasó lo de siempre, murieron cuatro romanos, y cinco cartagineses”.

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