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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

La 'crisis caribeña' y Europa

Nikita Petrov
Redacción
sábado, 20 de octubre de 2007, 01:51 h (CET)
La actual crisis en las relaciones ruso-norteamericanas, en ciertos aspectos substanciales, guarda evidente similitud con la tristemente evocada hasta ahora Crisis Caribeña del 1962. Entonces la Unión Soviética no hizo más que acercar sus cohetes a las fronteras de EEUU, mientras que hoy, so pretexto de crear un sistema de defensa antimisiles, EEUU ha decidido emplazar sus misiles a lo largo de las fronteras de Rusia. Bien se sabe que la crisis de entonces puso al mundo al borde de la guerra nuclear. ¿Cuál será el desenlace de la crisis actual? En 1962 Kennedy y Jruschov llegaron al entendimiento en el último momento. ¿Podrán ahora la Casa Blanca y el Kremlin encontrar un lenguaje común?

No ha surtido mucho efecto la visita realizada por la Secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, y el Secretario de Defensa, Robert Gates, ni sus encuentros con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, ni tampoco las conversaciones en el formato de “2+2” con el Jefe de Exteriores, Serguei Lavrov, ni con el Ministro de Defensa, Anatoli Serdiukov. No han sufrido cambios las posturas de las partes respecto a los planes estadounidense de crear en Europa un tercer emplazamiento de su componente estratégico de la defensa antimisiles. Es más, ningún analista serio ha esperado progreso alguno. Era evidente que la Administración Bush insistiría en su idea de proteger el territorio de su país y el de sus aliados europeos contra un posible ataque de cohetes balísticos procedentes de los “países gamberros”, según terminología de Washington.

Entre tales países figura casi siempre Irán. No se toman en consideración las afirmaciones de Moscú de que Teherán no tiene, ni podrá tener durante los 20-30 próximos años misiles balísticos capaces de alcanzar no sólo el continente americano, sino también la mayoría de países de Europa. EEUU tampoco admite la posibilidad de negarse a emplazar diez antimisiles con base en tierra GBI (Ground-Based Interceptor) en las cercanías de Varsovia y un X-radar panorámico al lado de Praga, en lugar de utilizar el radar de prevención de un ataque misilístico “Darial” en Gabala que Rusia alquila a Azerbaiyán, y el radar “Vorónezh-M” que se construye en las afueras de Armavir: variante propuesta por el presidente de Rusia, Vladímir Putin, a su homólogo norteamericano, George Bush. Expertos estadounidenses visitaron Gabala, estudiaron sus posibilidades y se convencieron de que ese radar cubre por completo el territorio de Irán y de otros países vecinos. Ellos están dispuestos a utilizarlo, pero insisten en incorporar al “Darial” al sistema europeo de defensa antimisiles de EEUU.
Naturalmente, Rusia no puede aceptarlo. El motivo es bien sencillo. Moscú está seguro de que los interceptores de cohetes en Polonia, lo mismo que el radar en la República Checa no persiguen el objetivo de prevención y protección de EEUU y Europa contra los misiles iranios, sino el de debilitar el potencial estratégico de disuasión ruso instalado en la parte europea del país. También pretende protegerse de los sistemas coheteriles estratégicos “Topol”, “Topol-M” y “Stilet” emplazados en las provincias de Tver, Ivánovo, Kaluga y Sarátov.
Por supuesto, diez antimisiles GBI no podrán impedir el golpe de respuesta, si Rusia se viera obligada a decidirse a dar una respuesta adecuada. Pero EEUU no da garantías de que su sistema antimisiles en Europa se limite a esos cohetes y al radar en las afueras de Praga. Es más, insinúa que el sistema no dejará de ser ampliado, reforzado o modernizado.
En reiteradas ocasiones, la Administración de Rusia ha advertido a EEUU y a sus aliados que se verá obligada a dar respuesta a un paso tan inamistoso como el de emplazar su sistema antimisiles en Europa. Rusia ha dicho que se verá obligada a reorientar sus misiles estratégicos hacia los objetivos que representan amenaza para ella y, además, instalar el complejo táctico y operacional “Iskander-M” cerca de las fronteras polacas.
Durante el reciente encuentro con la secretaria de Estado y el secretario de Defensa de EEUU, Vladímir Putin dijo sin rodeos que “le preocupa mucho” el futuro del Tratado de misiles de alcance medio y más corto (INF) firmado por EEUU y la URSS hace dos decenios, en los años de “guerra fría”. “Hay que empeñar esfuerzos por imprimir carácter global a ese instrumento”, dijo el presidente de Rusia.- Si no podemos lograr ese objetivo, será problemático para nosotros seguir observando ese acuerdo, mientras otros Estados desarrollarán activamente tales sistemas de armamento, entre ellos nuestros vecinos más próximos”.
Para los expertos militares la señal es evidente. En respuesta al emplazamiento del componente del sistema de defensa antimisiles norteamericano, Rusia abandonará ese tratado que, procede señalar, se extendía no sólo a los misiles cuyo radio de alcance es de 500 km hasta 5,5 mil km, sino, lo que es principal, estaban dotados de ojivas nucleares. Estados Unidos, y ahora también Europa, se hallan ante la posibilidad real de volver al pasado hacia la época de “guerra fría” y enfrentamiento nuclear.

La crisis caribeña que había durado 38 días, marcó el momento crucial en la carrera de armas nucleares y la “guerra fría”. El mundo se acercó de llenó al umbral del abismo. Los diplomáticos, políticos y militares soviéticos y estadounidenses comprendieron que carecía de perspectiva mantener en el punto de puntería unos a los otros, y llegaron a la necesidad de buscar solución a todos los problemas acuciantes sin llevar las relaciones hasta el momento de apretar el disparador. Los sucesos de octubre de 1962 precisamente impulsaron a las dos partes a iniciar “distensión”, conscientes de la vulnerabilidad recíproca y la necesidad de reducir armamentos ofensivos estratégicos. Y, en resumidas cuentas, a concluir tratados adecuados, el primero y determinante de los cuales llegó a ser el Tratado de Defensa Antimisiles de 1972.

Lamentablemente, la Administración de EEUU salió de ese tratado, lo que dio principio al empeoramiento de las relaciones entre Moscú y Washington.

¿Acaso es necesario llevar las relaciones entre ambos países a la situación de crisis caribeña, si bien se sabe a lo que podrá conducir el desprecio de los intereses de seguridad recíproca? Si EEUU busca involucrar a Rusia en una nueva carrera armamentista y torpedear así su economía, la Casa Blanca podrá equivocarse en sus cálculos. Actualmente, Rusia posee armamento suficiente para responder de manera adecuada y eficaz a los retos que la actual Administración de la Casa Blanca lanza al Kremlin.

Es poco probable que alguien pueda sacar provecho de semejante enfrentamiento. Naturalmente, Europa será la primera en llevarse un chasco. Si Rusia abandona el Tratado INF reorientando sus misiles nucleares hacia los sistemas antimisiles estadounidenses en Europa, se acabará tranquilidad para los pueblos europeos.

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Nikita Petrov, para RIA Novosti.


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