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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Cómo quitarse las otras legañas diarias

Ángel Sáez
Ángel Sáez
viernes, 19 de octubre de 2007, 00:46 h (CET)
(O DESHACERSE DE LA NECEDAD HODIERNA)

A Pilar, una de las tres cariátides o carismáticas columnas móviles de la biblioteca municipal y pública de Algaso (Tudela), por la sencilla razón de que hoy, jueves, 18 de octubre de 2007 cumple años; ergo, con y desde el cariño, ¡muchas felicidades!

“Tengo la firme convicción, avalada por años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son”. Carlo M. Cipolla

(Casi) todas la datas del año, al caletre que gasta (y acaso hasta gesta) o pesquis que usa (con huso metafórico, por supuesto) servidor (usted, desocupado –como he constatado en plurales ocasiones- lector, ya sabe, para unos, E. S. O., un andoba de Cornago; para otros, Otramotro), tras darme la asidua, despertadora y tibia ducha diaria y tomar el reparador y proverbial desayuno, a base de zumo de dos naranjas y un limón y cereales bañados en abundante café con leche, le vienen (porque acuden indefectiblemente a su encuentro, por simple cuestión de hábito, sin haber sido convocados, sin haber sido solicitadas sus presencias) los dos versos (endecasílabo y pentasílabo) que inician un poema (que contiene mucho zumo y da un juego pintiparado y variopinto) de don Miguel de Unamuno y Jugo: “Leer, leer, leer, vivir la vida / que otros soñaron”.

Como suelo hacer cada tres, cuatro o seis meses (en esta ocasión, se trata de un semestre), este otoño le aconsejo lo mismo que le recomendé la pasada primavera, que lleve a cabo hoy semejante labor a la que acometió ayer, parecida tarea a la que realizará mañana, esto es, que no pase el día sin que haya leído, al menos, cien páginas y sin que haya hilado siquiera diez renglones, aunque los repute/n torcidos, acciones con las que algunos, entre quienes me cuento, conseguimos quitarnos las otras legañas diarias y contribuimos a deshacernos definitivamente de la sandez hodierna, que gravita sobre todo ser humano y a toda persona, como si se tratara de su propia sombra, sigue.

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