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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Es sólo un ejemplo

Jesús Martínez (Gerona)
Redacción
jueves, 18 de octubre de 2007, 15:15 h (CET)
Entre la aprobación de la Ley de Memoria Histórica y la beatificación de 498 mártires de la guerra civil española, que tendrá lugar próximamente en Roma, se han producido no pocos mal entendidos, hasta el punto que representantes eclesiásticos han llegado a poner en tela de juicio el que se puedan llamar mártires a los que serán beatificados. También en estos días me ha llegado un informe del postulador de una de estas causas, se trata de la de Fray Buenaventura García Paredes, en ella se deja claro el motivo y la causa de su muerte.

Fray Buenaventura García Paredes estuvo refugiado unos días, Julio del 36, en casa de D. Pedro Errazquin, desde donde iba a celebrar la Eucaristía a un oratorio; pero este hogar era vigilado por la policía… Este caballero católico, Pedro Errazquin, sufrirá, al fin, la muerte en la Pradera de San Isidro de Madrid, porque le encontraron en casa el cáliz que pertenecía a Fray Buenaventura.

Al poco tiempo, Fray Buenaventura, fue detenido, concretamente el 11 de agosto, y conducido por gente armada; se había identificado como religioso y sacerdote, y se entregó con gran valor: "No tengo más delito que el de ser sacerdote y religioso; la divina Providencia así lo quiere", aseguran que declaró. Lo llevaron a un lugar de tortura, denominado checa, situado en la madrileña calle García de Paredes. Al día siguiente, 12 de agosto de 1936, lo condujeron al pueblo de Fuencarral y, hacia las 10 de la mañana, lo ejecutaron por arma de fuego en el paraje denominado Valdesenderín del Encinar, entre Fuencarral y Alcobendas; conservó hasta el último momento el rosario y el breviario.

Acabada aquella pesadilla, el Maestro de la Orden de Predicadores escribió una carta dedicada a los mártires en la persecución religiosa en España y en ella trató ampliamente y con elogio de su predecesor; Fray Buenaventura García Paredes, estimaba que su vida podría resumirse en una perpetua unión sobrenatural con Dios por la exquisita humildad y práctica de la mansedumbre con sencillez y magnanimidad, algo que se advertía en él como connatural, y así se preparó para el martirio. Esperaba que en el futuro la Iglesia lo declarara mártir. Sin duda es sólo un ejemplo, pero estoy seguro se puede decir lo mismo de los 497 restantes.

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