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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

La raíz del cáncer de la violencia

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 18 de octubre de 2007, 03:54 h (CET)
Unos catorce vecinos de Ciutat Meridiana, Barcelona, cortaron dos calles en protesta por la agresión que sufrieron siete vecinos en la madrugada de San Juan. Todos ellos recibieron cortes en las piernas, cara y diversas puñaladas. Los manifestantes exigen más presencia policial en la zona. La policía prometió a la Asociación de Vecinos una reunión con los miembros de la comunidad para coordinar futuras acciones de seguridad en la zona.

Toronto, Canadá, se encuentra en una situación parecida. Los dirigentes de las comunidades multiculturales solicitan una reunión con las autoridades locales y gubernamentales para frenar el problema de la violencia juvenil en la ciudad que se agrava por momentos. El primer ministro Dalton McGuinty anunció otros 12 millones de dólares para combatir armas y bandas y otros 6,3 millones para ampliar el programa ya existente en Toronto para ayudar a la policía de diversos municipios de la provincia. McGuinty dijo: “Si la juventud toma decisiones equivocadas, si cogen un arma, si se unen a una banda, nos encontrarán con todo el peso de la ley”. Este tipo de mensajes se parecen a un disco rallado que sólo sirven para calmar temporalmente los ánimos encrespados de los ciudadanos.

En todo este asunto, el más cuerdo fue Don Meredith que dijo: “Hemos de encontrar la raíz de este cáncer”. Está bien que se tomen medidas para impedir que los jóvenes tengan armas, para disolver bandas, para fomentar la educación y todas las decisiones que se tomen para impedir que se desarrolle el cáncer, pero si no se va a la raíz del mismo, todo lo que se haga son parches que sólo sirven para agravar el problema que no se resuelve.

El libro de Proverbios, cuyo mensaje va dirigido en primer lugar a los jóvenes, aunque sus enseñanzas tienen aplicación a todas las edades, afirma: “sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida” (4:23). Cuando la Biblia habla del corazón no se refiere al órgano que bombea la sangre. Cuando se refiere al corazón no tiene en mente al órgano, sino a la intimidad de la persona, este lugar que también se le conoce como alma o espíritu. Es en este recóndito lugar donde se encuentra la diferencia básica que distingue al ser humano de los orangutanes o cualquier otro animal del que se dice descendemos. Es este centro de operaciones el que hemos de cuidar con sumo esmero porque de él “salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”. (Mateo, 15:19).

En cierta ocasión, Jesús discutiendo con los fariseos que presumían de ser personas justas, les dice con dureza: “¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.” . A continuación les dice con respecto a la condición del corazón: “El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas, y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas” (Mateo,12:34,35). De ahí la importancia que tiene el proverbio: “Sobre toda cosa guardada , guarda tu corazón, porque de él mana la vida”. La pregunta lógica que se desprende es: ¿cómo saber si se es una persona buena con un corazón bueno, o una de mala con un corazón perverso? El profeta Jeremías hace esta declaración: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso, ¿quién lo conocerá? Yo el Señor, que escudriño la mente, que pruebo el corazón” (17:9,10) ¿Cómo se las arregla el Señor para escudriñar las mentes y probar los corazones? ¿Cómo nos las apañamos nosotros para saber si nuestros corazones son buenos o malos? Si Dios dice que el corazón es engañosos significa que las conclusiones a las que llega no son fiables. Un juez externo es quien debe decidir la bondad o maldad de las cosas que salen del corazón.

Como tenemos muy mala memoria hemos de suplir esta deficiencia con trucos que nos recuerden que hemos de hacer esto o aquello. Con respecto al tema que comentamos, Dios que es el primer interesado en que nuestro corazón sea bueno y que goce de excelente salud, para conseguirlo hace lo mismo que nosotros, nos enseña trucos cuya utilización nos ayudará a hacer aquello que es para nuestro bien. Por medio de Moisés instruye a los israelitas para que en los bordes de sus vestidos pongan unas franjas azules que al verlas les recuerden los mandamientos de Dios “y no miréis en pos de vuestro corazón” (Números,15:37-41). Al dejar uno de confiar en las inclinaciones de su propio corazón perverso y poner la mirada en los mandamientos de Dios para cumplirlos, el corazón malo se hace bueno. Ahí, en el corazón se encuentra “la raíz de este cáncer” de la violencia que desea descubrir Don Meredith para extirparlo.

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