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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Carezco de 'memoria histórica'

Marino Iglesias Pidal
Redacción
lunes, 15 de octubre de 2007, 21:51 h (CET)
No tenía uso de razón cuando debiera haber comenzado a registrar para poder hoy memorizar. La guerra civil nunca fue tema de conversación en mi casa y menos aún la política.

Nunca he podido aceptar información de cuyo génesis no fuera testigo presencial sin pasarla por el tamiz de la razón. Los porqué son para mí desafíos literalmente imposibles de eludir, no importa su nimiedad o trascendencia. No puedo evitar el poner el necesario empeño en examinar para después aceptar o rechazar aquello en lo que, queriendo o sin querer, me siento involucrado. En ningún momento me interesó la política, pero ya no puedo rechazarla. Los que en estos días están sufriendo el desastre de las riadas no creo que tengan ningún interés en recibir las turbulentas aguas que les anegan. No buscan el río, ¡el río se les viene encima con toda su carga de lodo y deshechos! Así nos llega la política, irreverente, entrometida, inmiscuyéndose en los asuntos que nos debieran ser propios hasta el extremo de decidir el paisaje de nuestras vidas.

Veo el devenir político con ojos de adulto y mirada del niño que ve por primera vez. Por tanto libre de condicionantes, sin prejuicios ni sentimientos que parcialicen la visión. Llegan a mí las personas, sus actitudes, sus gestos, sus palabras, sus hechos. Las instituciones, sus fines, sus bases, sus actuaciones. Semillas que germinan en mi cerebro y que, tras el lógico proceso de gestación, dan a luz un sentimiento, una opinión.

Pocos habrá a los que , en algún momento de su vida no les hayan dicho: “Claro, tú dices que éste es un cantamañanas y el otro una persona que inspira confianza porque éste te cae bien y el otro te cae mal”. Y no, no es así, has conocido a ambos al mismo tiempo, por el mismo motivo y en las mismas circunstancias, lo cual hace que la realidad sea precisamente la contraria: Éste te cae mal porque es un cantamañanas y el otro te cae bien porque inspira confianza.

¿Cómo veo a Zapatero? Como a alguien que nunca se muestra como es, un mal actor de reparto que inexplicablemente desempeña el papel principal y que nunca deja de actuar. Alguien con suficiente autoestima y convicción del desempeño adecuado y honesto de su función, ¿para qué habría de interpretar otro papel que no fuera el de sí mismo?

¿De la Vega, José Blanco, ...? Boxeadores barriobajeros que practican la antítesis del boxeo político. Han robado a la confrontación la estética que conlleva el combatir respetando las reglas y al rival. Son paquetes que combaten repartiendo cabezazos, codazos, golpes bajos, restregando los ojos del contrario... haciendo uso de todas las marrullerías de quienes pretenden ser sabiendo que no son. No se les pasa por la cabeza una máxima que debiera ser fundamental y que pudiera decir algo así: Que gane el mejor haciéndolo con honor. Todos ellos y sus correligionarios – lo de siempre: hay excepciones – ofrecen la misma imagen de reconcomio, inquina e incluso odio visceral, hacia una oposición que, tal pareciera, no quisieran simplemente superar en el favor de los ciudadanos, sino lograr su exterminio. Dan la impresión de no tener el mínimo reparo con los medios a utilizar para lograr sus fines. Tan es así que, hablando de medios, no ha habido un gobierno en nuestra democracia que manejara hasta tal punto y de forma tan descarada los diferentes medios de comunicación; a las féminas que escenifican las noticias en un canal adicto sólo les falta la lengüita con dos terminales a la hora de noticiar las acciones de la oposición, y hasta se dan las ediciones de pasquines con pretensión de periódicos. Con estos, ni al Caribe de vacaciones pagadas. Y pobre España.

¿Cómo veo a Rajoy? Me da la impresión de mostrarse como es. Hay naturalidad en su imagen, equilíbrio y comedimiento en sus palabras y sus formas. Comparativamente, en un tramo de escalera de diez peldaños, Rajoy estaría en el décimo y Zapatero no lograría despegar los zapatos del suelo para acceder al primero. Lo malo del líder de la oposición: su afinidad con la Iglesia y la Corona. Ambas instituciones negadas por la más ínfima racionalidad. Únicamente cabezas interesadas o estupidizadas pueden admitir una monarquía hereditaria. Pase una monarquía circunstancial, pero ¡¿hereditaria?! ¿Quién puede querer tumbarse en una mesa de operaciones para ser intervenido quirúrgicamente por un infante cuya única acreditación sea la de ser hijo de médico? Es que a mí no me opera ni teniendo en la raíz de su árbol genealógico al mismísimo Hipócrates. ¿Y mantenerlo a cuerpo de rey simplemente por ser hijo de? ¡Ni loco! ¿Y la idea de un Dios que todo lo sabe, todo lo puede y cuya voluntad no puede eludir ni uno solo de tus cabellos? ¡Por favor! En tiempo de los apostóles, cuando los hombres eran barbáros y se subían a los arbóles para coger los pájaros, Ok, ¡pero hoy en día...!

De momento yo no le veo buena pinta a la cosa. Ojalá el momento sea corto.

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