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Feria del Libro: Frankfurt 2007

Sergio Brosa
Sergio Brosa
domingo, 14 de octubre de 2007, 23:39 h (CET)
La Frankfurter Buchmesse, como se conoce técnicamente la más importante feria anual internacional del libro; editores y escritores que significa derechos de autor, traducción y publicación, que tuvo lugar en el presente mes de octubre, entre los días 10 al 14, recibió como Invitado de Honor en esta edición a la Cultura Catalana.

Es infrecuente en esta feria que el invitado de honor sea la cultura de una zona geográfica distinta a la de un estado, pero así ha sido en esta ocasión. Desde hace años, los sucesivos gobiernos de la Generalitat de Catalunya se centraron en este evento. En efecto, el de Jordi Pujol puso el huevito; el de Pasqual Maragall lo coció y el de Josep Montilla se lo comió. Y la Cultura Catalana ha estado la semana pasada representada en Frankfurt, aunque a medias.

Efectivamente, a medias se ha presentado a la cultura catalana, pues bajo la batuta del Institut Ramon Llull que es un consorcio constituido en 2002 entre el gobierno de Catalunya y el de Baleares para promover la proyección exterior de la cultura catalana, y en la persona de su director, Josep Bargalló (ERC) se decidió que únicamente se presentarían en la feria los escritores catalanes que escriben en catalán, dejando fuera de la exhibición a toda una pléyade de escritores catalanes de reconocido prestigio internacional que, si los organizadores no hubieran sido tan miopes, habrían tenido una oportunidad única para que los millones de lectores de tales escritores supieran de su origen catalán y de la pluralidad cultural de este país.

Antes de acabar la feria propiamente dicha, Josep Bargalló ha presentado ya las cuentas de lo que le ha supuesto a Catalunya su sesgada exposición en Frankfurt; la cifra supera los 12 millones de euros. Aunque se desconoce en cuánto se supera esa cifra ni se sabrá nunca cuál es el desglose preciso de tales cuentas, como se realizaría en cualquier empresa civil seria, pues, al decir del propio Bargalló, no es fácilmente cuantificable, ya que la subvención del Ministerio de Industria de Montilla, de 12 millones a la industria editorial catalana con ocasión de la feria, recibidos entre los años 2006 y 2007, se han repartido en la forma siguiente: 4 invertidos directamente en el evento; 2 que han ido directamente a los editores y; otros 6 se han utilizado para apoyo genérico al sector –que parece ser es algo distinto a los editores–.

En cualquiera de los casos, suena como aquello de “por picos, palas y azadones, cien millones de ducados… por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, cien millones de ducados… para que los massmedia de Frankfurt hablen bien de la cultura catalana y sus dirigentes… etc., etc.” como hizo Gonzalo Fernández de Córdoba, más conocido como el Gran Capitán, cuando el rey Fernando, el Católico, le pidió la rendición de cuentas de las campañas que acabaron con la conquista del reino de Nápoles.

Sí, un éxito de la cultura catalana en catalán. ¿Pero a qué precio? Hasta seis consejeros del gobierno catalán con sus séquitos respectivos estuvieron presentes en la inauguración de la feria, incluyendo a Marina Geli, de Sanidad; sería por si a alguien le daba un yuyu por la emoción y había que reanimarle.

Por cierto que, Juergen Boos, director de la feria, en su discurso inaugural dijo echar en falta a los escritores catalanes que escriben en castellano, pero que confiaba en que otros editores españoles o internacionales los invitaran, pues no podían perderse la feria ni la feria a ellos. Rapapolvo institucional a los organizadores.

La Cultura Catalana puede asistir a la feria de Frankfurt siempre que quiera, aunque no de invitado de honor que ya lo ha sido y no se ha aprovechado bien la ocasión, como cualquier otro expositor; alquila un stand y exhibe en él lo que tenga por conveniente, haciendo tantos aspavientos mediáticos como su presupuesto le permita.

Lo gastado en la feria por el Institut Ramon Llull, o sea pagado por todos los catalanes y muchos otros españoles, supera en mucho la facturación anual de tantos editores presentes en la feria a la que acuden, no tanto para ser vistos como sí para hacer negocio, para lo que han de dejarse ver, claro está.

Es importante la difusión de la cultura en general y de la catalana en particular, pues es de una riqueza extraordinaria, pero debe estar todo presidido por la contención del gasto, como sería propio de un gobierno que se califica a sí mismo de izquierdas y de progreso. El despilfarro manifiesto no casa con ese eslogan.

Por cierto, quiero creer que no se exhibiría tampoco en Frankfurt, la introducción a la cultura y la enseñanza en Catalunya, de tantos niños que siguen yendo a clase en barracones prefabricados.

La cuestión de fondo es que no puede dejarse en manos de políticos sin capacidad gerencial, la gestión de presupuesto alguno, pues no es posible pasar de catedrático de instituto, como Josep Bargalló –filología catalana– que fue dos años (1985-1987) director del instituto de bachillerato Pons d’Icart, de Tarragona, a Conseller de Educación de la Generalitat y de ahí a Conseller en Cap cuando Maragall echó a Carod-Rovira. Y ahora impone su aldeana visión de la cultura catalana en una oportunidad única como ha sido la de Frankfurt.

Es pavoroso especular sobre el hecho que personas así lleguen a gestionar entes como el aeropuerto de Barcelona, los trenes de cercanías o aquello de lo que dependen nuestras vidas, como los hospitales, en los que un fallo humano (no como lo del apagón de Endesa y Red Eléctrica) puede colapsar un hospital de la Generalitat durante una semana.

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