Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Escorpiones y avestruces

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 14 de octubre de 2007, 22:01 h (CET)
Este es un guirigay de mil pares de centellas, llamas prometedoras y escalofríos al unísono; atiesan los pelos del observador más consistente. No se atisba ni un mínimo respiro. Llueve y truena desde arriba, y por debajo, desde las vecindades más o menos próximas. El inquietante carrusel de inconveniencias, sucesos insospechados y desplantes múltiples, rueda hasta la provocación de un VÉRTIGO apabullante. Esto sí que es un ritmo frenético. Da lo mismo que usted se asome a las pantallas televisivas, al periódico de turno o se limite a circular por esas calles y ciudades, plazas o aceras con ciclistas. La opción entrañable quedó superada por esos conglomerados hirientes.

Al mínimo descuido experimentaremos los picotazos provocados por los especímenes de ESCORPIONES humanos; no están en peligro de extinción, al contrario, atraviesan momentos de una gran proliferación. ¿Cómo catalogaríamos sino a ciertos ejemplares que sufrimos a diario y en diversos campos? Desde una crispación de base, sin frenos ni amortiguadores, nos disparan sus venenos sin miramientos. A la vista están, infanticidios crueles ejecutados por sus propios padres, verdaderos asesinos al volante o emponzoñadores de la convivencia, como ejemplos perversos. No importa que usen guante blanco o se disimulen tras variados disfraces, la realidad acogota con estos agresivos envenenadores. Incluso llegan a presentarse con una labia fina de alto copete; esa elegancia no impide los más inclementes timos o descalabros monumentales. No serán omnipotentes, pero son unos ejemplares que complican la existencia de todos a base de intemperancias y calamidades.

Tampoco es que la malicia les apresure, su alevosía les permite una actuación progresiva, con secuencias sucesivas, con la parsimonia necesaria al cuidado de los pormenores. Antes de una destrucción flagrante, la DESVIRTUACIÓN es su arma, la insidia y la tergiversación; la aplican sin remisión a conceptos importantes, estructuras respetables y hasta se atreven con las mentalidades.

Si se trata de la idea de DIOS, se nos aparece un muestrario amplio de escorpiones. Unos se apropian del Dios, es curiosa la sencillez con que lo consiguen, hasta haberlo transformado en un proyectil perverso. También constituyen una gran legión, pululan por todas partes, aquellos que dirigen su veneno a la supresión, ellos deciden la inexistencia del Dios. En ambos casos, de un Ente Supremo, nos introducimos en unos dioses de carne y hueso. Por increíble que parezca, ¡Cuela su picotazo pretencioso!. Y más aún, esos dioses sustitutos ejercen con todas las bendiciones, en las escuelas, las leyes y las diversas manifestaciones públicas. Se trata de un veneno bien aprovechado. Ya no es que entremos en el discernimiento de unas creencias u otras, se destruyen todas; cada uno se fabrica el ídolo más a su gusto.

Sacando a relucir a la DEMOCRACIA, han proliferado tanto los picotazos envenenados, que la imagen anhelada se desdibuja con pasos de gigante. Uno vota unas siglas determinadas, con un ideario ambiguo, válido para épocas de crisis o para momentos de auge; la persona concreta colocada para ejecutar el proyecto será de un perfil diseñado y adjudicado por los “barones” del partido. La ciudadanía de a pie, cada ciudadano, se aprecia cada vez más desconectado de los entresijos. ¿Dónde se eleboró el plan urbanístico? ¿En qué circunstancias? ¿A quién pertenecen las empresas adjudicatarias? ¿Familiares involucrados? Nos adentramos en una profesionalización que usa al ciudadano, si hace falta lo desinforma y prescinde de los criterios e intereses del mismo. ¿Redefinimos los términos?

En la vida siempre estamos convalecientes de las heridas inflingidas por el tiempo sobre nuestros huesos, por los diversos avatares que nos van sucediendo. Por lo mismo, lamentamos más profundamente aquellas que fueron provocadas por quienes comparten con nosotros la convivencia; pareciera más propia la colaboración que los ataques entre gente similar. Estas agresiones tan reiteradas dejan huellas muy rudas, permanecemos HERIDOS de alguna manera, y eso debido a la frivolidad y el despego de otros humanos. Las palabras son cada vez más ácidas e hirientes, en la calle, en los trabajos; la conversación como tal está en trance de extinción. Las imágenes buscan el impacto, a costa de quien sea. El desdén y la desconsideración provocan agresiones desde la fría insolidaridad, acompañados de muchos, lo que la hace todavía más gélida. ¿Acaso no estamos hablando de heridas graves?

En este punto del comentario viene lo de AVESTRUCES, recorremos los caminos con una rapidez mayor cada día, hemos anulado definitivamente las distancias. Esbeltos también, hasta las técnicas de estética colaboran, mejoramos las apariencias con una facilidad pasmosa. Ahora bien, rápidos y elevados en unos egos prepotentes, continuamos con una tendencia tozuda, la de una cabeza escondida ante los problemas, al no pronunciarnos ante las disyuntivas peliagudas; es una costumbre muy arraigada en estos entornos. Técnicas y manipulaciones genéticas, leyes de educación, la manera de cómo confeccionar la memoria, etc., etc. Quizá demasiada gente esconde la mirada y con elle ejerce de avestruz en pleno siglo XXI.

Con estas y otras parecidas, mantiene intacto su interés, por su efecto propicio para la orientación, el conocido EFECTO DOPPLER. Concreta las variaciones en la percepción de un sonido, según como se mueva el punto emisor o permanezca quieto, y en que dirección vaya. Más explícito, el pitido del tren se escucha más agudo cuando se va acercando y más grave cuando se aleja. Cuestión crucial en tantas ocasiones, nos distanciamos de algo o buscamos su proximidad. Son peculiaridades de las ondas físicas, neutrales en cuanto a ideologías, pero clarificadoras en lo referente a la manera de producirse los hechos. ¡Qué maravilla!, sin interferencias interesadas.

Entre avestruces y escorpiones, interesaría sobremanera la aplicación de un efecto Doppler. ¿Quiénes van en aumento? ¿Los agresivos o los pasotas? Al menos podríamos orientarnos. ¿Ya todo van a ser ponzoñosos? ¿No aparecerán reacciones sensatas?

De ahí la importancia del movimiento del silbato de turno, su dirección incrementará o aliviará nuestras desdichas; o nuestras venturas. Sin embargo, en ocasiones no estamos para matices, con que pite, nos damos por satisfechos. Si dominan los momentos de inquietud e interés por una mejora de los acontecimientos; o se adueñan del campo las ortigas inclementes, despreocupadas y fustigadoras, eso ya es entrar en mayores profundidades.

¿Cuál es la orientación? ¿A quién interesa?

Noticias relacionadas

Por fin

Ya era hora. Por fin han valorado el buen hacer de los malagueños

La dictadura de Amazon

Nueva York y Virginia serás las dos ubicaciones de la sede

De idiotikos y politikois

En la antigua Grecia los asuntos de Estado concernían a todos los habitantes de la “polis”

La vieja heroína del barrio

La Policía da la alarma, y varias instituciones que combaten la drogadicción y asociaciones vecinales lo corroboran: la heroína ha llegado de nuevo a los barrios

Marx y los vacíos por colmar

El marxismo-leninismo malogró, y continúa haciéndolo, todo cuanto de acertado propusiera Marx
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris