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Negociaciones con Siria

Marianna Bélenkaya
Redacción
domingo, 14 de octubre de 2007, 00:58 h (CET)
Los preparativos para el encuentro multilateral que EE.UU. planea celebrar en noviembre próximo se desarrollan en medio de una creciente tirantez entre Siria e Israel. Recordemos los sucesos acaecidos estas semanas últimas. Después de más de dos décadas de observancia del pacto tácito de no agresión, Israel lanza ataque aéreo contra Siria, las autoridades de Damasco amenazan con acciones de venganza, aunque no necesariamente de carácter militar. Paralelamente se tornan cada vez más enconados los debates acerca de la asistencia de Siria al encuentro mencionado.

Dejemos de un lado las divagaciones sobre el blanco contra el que Israel asestó el golpe, así como su eficacia. En el contexto de los acontecimientos en Oriente Próximo (que engloban el caos político en el Líbano, las controversias en torno a Irán, la escisión en el bando palestino y las vagas perspectivas de arreglo en Iraq) es mucho más importante la razón por la que el golpe fue asestado precisamente ahora.

Últimamente, las relaciones entre Siria e Israel semejan un rompecabezas. Las tensiones en la frontera entre ambos países aumentaron drásticamente en el verano de 2006, a raíz de la guerra israelí-libanesa. Los israelíes estaban preocupados con la perspectiva de apertura de un segundo frente, el sirio, y respiraron con alivio cuando esto no llegó a ocurrir. Pero una vez terminada la guerra, cuando se reveló que Israel estaba mal preparado para la guerra con Hezbollah, los militares de este país desarrollaron maniobras en proximidad de la frontera siria. Por si acaso, según ellos.

De hecho simultáneamente, todos los medios de comunicación israelíes empezaron a polemizar sobre la necesidad de mantener las negociaciones de paz con Damasco, tema que no se ha planteado desde el año 2000. Se expresaron opiniones de que el éxito de estas pláticas ofrecería a los dirigentes israelíes una oportunidad de justificarse por los fracasos en el Líbano y Palestina. Y, a juzgar por los artículos publicados entonces en varios medios, las conversaciones no oficiales a puerta cerrada ya se habían entablado. Por su parte, los líderes políticos avisan los unos a otros sobre la posibilidad de entablar contactos, aunque pueda ser sólo aparentan tener buenas intenciones.

Fue bastante sintomática asimismo la conducta de una periodista siria durante el seminario sobre Oriente Próximo organizado por las Naciones Unidas en Tokio en junio pasado. Para poder asistir al seminario, ella tuvo que tramitar la autorización oficial del Gobierno sirio. Ello no obstante, durante las labores del seminario, la periodista sostuvo animados contactos con sus colegas israelíes.

Quiero destacar que desde hace mucho no hay nada extraordinario en los contactos que los palestinos e israelíes mantienen a diversos niveles. En cambio, un diálogo entre un israelí y un sirio es algo bastante raro. Para que esto se haga realidad, se necesitan serios avances a nivel oficial. Por lo menos, en Damasco.

Pero apenas transcurrió medio año, ya los rumores sobre las negociaciones secretas sirio-israelíes cesaron. ¿Qué significa esto: las negociaciones ni siquiera se entablaron, fracasaron o simplemente dejaron de ser necesarias?
Ese mismo período es caracterizado por la intensificación del proceso de paz palestino-israelí. EE.UU. e Israel optan por las negociaciones con el jefe de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, desatendiendo plenamente a Hamas que se hizo con el poder en la franja de Gaza. El mandatario norteamericano George Bush anuncia el propósito de convocar una conferencia de paz para Oriente Próximo que ha de centrarse en el problema palestino. Se suponía una amplia participación de los países árabes y debates sobre un comprehensivo arreglo árabe-israelí. Ello no obstante, Siria no figura entre los invitados. Paralelamente se va agravando la crisis política en el Líbano, mientras Washington y París están arreciando presiones sobre Damasco.

Al propio tiempo, los países árabes, varios representantes de la Unión Europea y de Rusia hacen recordar que sin la participación de Siria serán imposibles las negociaciones sobre arreglo comprehensivo en Oriente Próximo, sin hablar ya del problema palestino. Con ciertas reservas, Washington acepta la participación de representantes sirios en el evento cuyo estatus va evolucionando de la conferencia al encuentro. Ello no obstante, las autoridades oficiales de Damasco afirman no haber recibido invitación alguna por parte de EE.UU.

Aun cuando la reciban, la participación de Siria sería bastante cuestionable. Según expresó a comienzos de octubre el presidente sirio Bashar Asad en entrevista a la cadena BBC, “si el tema de los Altos de Golán ocupados no figura en la agenda, Siria se abstendrá de participar en el foro”, agregando que “si se trata de un arreglo comprehensivo, apoyaremos enérgicamente tal encuentro. De lo contrario, nuestra asistencia no tiene sentido alguno”.
Diremos de entrada que con toda seguridad el tema de Altos de Golán no será incluido en la agenda, aunque ésta todavía no ha sido redactada. Los dirigentes sirios están conscientes de ello.

Ello no obstante, su postura no carece de lógica: si se trata de un arreglo comprehensivo, el estatus de los Altos de Golán debe ser definido, igual como todos los aspectos litigiosos entre Israel y Siria y entre Israel y el Líbano. A aquellos países árabes que no tienen problemas territoriales u otros con Israel, les es mucho más fácil disertar sobre la paz, pero a Siria este problema la afecta en forma directa. Así que cualquier participación de Damasco en las negociaciones debe estar respaldada por las garantías de que los problemas sirios no estén marginados de la agenda. Lo mismo se refiere a la problemática palestina del futuro encuentro. ¿Para qué Siria va a hacer concesiones y contribuir al arreglo palestino-israelí, si sobre ella misma se ejercen presiones desde fuera en toda una gama de temas?

Pero, a juzgar por todo, las circunstancias que se están creando en torno a Siria, privan a este país de tal posibilidad, obligándolo a dar pasos drásticos en vez de buscar fórmulas de compromiso. Valga como botón de muestra ese extraño caso de bombardeo del territorio sirio por aviones israelíes.

De todas formas, si EE.UU. acaba de cursar invitación a Siria, ¿tal vez tendría sentido que sus representantes visiten Washington? Aun cuando la celebración del encuentro carezca de lógica, ¿para qué desaprovechar una oportunidad de incorporarse oficialmente en el proceso de arreglo en Oriente Próximo? Sería un paso ingenioso e inesperado para los oponentes de Damasco. De todas formas, sería mejor que la actual tirantez en el área.

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Marianna Bélenkaya, para RIA Novosti.


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