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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Los símbolos históricos de la memoria franquista

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
domingo, 14 de octubre de 2007, 00:58 h (CET)
Supongo que en este momento no necesito asegurar a mis lectores que no soy ningún rojo peligroso. La mayoría de los rojos no son peligrosos como tampoco lo son la mayoría de los fachas. Los que en este mundo son peligrosos no lo son por ser fachas o por ser rojos, en general ése es un debate en el que ellos no suelen entrar, les trae al pairo, les basta con enseñarte los dientes y alargar la mano dentro de su puño de hierro.

Pues eso, que ya que no soy rojo ni facha ni todo lo contrario me molesta muy especialmente cuánto la sociedad española en general simplifica esta cuestión, tendiendo casi siempre a ponerte una de las dos principales etiquetas políticas, como si entre ambas no hubiera una pléyade de opciones, como si siendo una de los dos cosas, rojo o facha, socialista o conservador, tuvieses asegurado ser magnífico, tener siempre la razón y ganarte el cielo político. Bueno, o justamente todo lo contrario, depende del color del cristal...

No sé en cuál de todas esas posibilidades intermedias debo clasificarme, pero claro, tampoco me importa y creo que ya llevo demasiado tiempo empleado en convencer al lector de lo absurdo que es simplificar hasta ese extremo las cuestiones políticas. Simplemente pretendía asegurar que lo que voy a decir a continuación no me hace ser simpatizante del PSOE ni contrario al PP. A mi juicio ambos tienen aciertos y errores según el asunto político del que se trate. Como queda escrito en otro lugar de esta columna, el vídeo del “pijo y la progre” demuestra que intolerantes los hay en todas partes.

Pero en esta ocasión, con motivo de la propuesta de retirada de los símbolos franquistas de villas y ciudades, creo que el Gobierno y con él el PSOE acierta plenamente. Y ahora si el lector quiere ya puede empezar a clasificarme tan estúpidamente como he dicho antes en el grupo político que desee.

Que en numerosos pueblos y ciudades, son abundantes los ejemplos que se pueden poner todavía, las calles o plazas lleven el nombre de Girón de Velasco o de los Héroes del Alcázar es una lamentabilísima contradicción innecesariamente belicosa y políticamente enfrentada a los principios pacíficos y reconciliadores que nos proporcionan la Constitución y el sistema democrático, emanados de pactos y de acuerdos entre partidos políticos que habían estado enfrentados históricamente, pactos y acuerdos que incluían el borrón y cuenta nueva, algo así como “pasemos del pasado”.

Que todavía después de treinta años haya que obligar por Ley a retirarlos es tan penoso como indicativo de la profundidad del convencimiento democrático de muchas corporaciones municipales. Seguir alabando a la dictadura, sus héroes y sus personajes destacados en plena democracia es contradicción hecha pedestal, esquizofrenia hecha plaza mayor, una situación inconcebible en cualquier otro país democrático, un estado de cosas eternamente pendiente de resolución, tan eternamente pendiente que ha tenido que venir el gobierno, de todos los españoles, conste, a finiquitarla.

Pero para que haya enfrentamiento se necesitan dos, por lo menos. Ya no sé cuántos se necesitan para que ese enfrentamiento perviva.... Desde luego entre los que desean que perviva está Doña Gloria Marcos, ex portavoz en las Cortes valencianas de Esquerda Unida, coalición que está viviendo sus peores momentos, con enfrentamientos internos y dimisiones, como por ejemplo la de Joan Ribó, ex diputado en Cortes Valencianas y ex secretario general del Partido Comunista del País Valencià. Doña Gloria Marcos, así le va a esa izquierda, quién te ha visto y quién te ve, se agarró un cabreo de padre y muy señor mío porque al finalizar los actos oficiales de las fiestas de la Comunidad sonó el himno nacional, explicando a los periodistas que era una vergüenza que el Consell hubiese adoptado esta decisión porque suponía "un paso atrás, una vuelta al pasado".

La pobre mujer no se daba cuenta de que ella misma ya era pasado, tan pasado como 1936; no se daba cuenta, pobrecilla ella, de lo normal que es oír el himno francés en Francia, el rumano en Rumanía y el marroquí en Marruecos. Y Valencia es España. Todavía. Vivimos entre los que no quieren retirar los emblemas del enfrentamiento y los que se creen que el enfrentamiento no ha acabado. ¿Será que lo añoran?

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