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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Instigación a la desobediencia

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 10 de octubre de 2007, 22:54 h (CET)
El cardenal arzobispo de Madrid Antonio María Rouco, en un intento evidente de querer conservar para la Iglesia católica el monopolio de la educación moral y cívica de los niños y adolescentes, propone que los padres recurran a la objeción de conciencia con el fin de evitar que prospere la implantación de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Esta propuesta dirigida directamente a los padres parece ser que se debe al fracaso de que los colegios religiosos boicoteen la nueva materia escolar, arriesgándose con ello a perder los conciertos económicos con el Estado. Esto explica que el arzobispo apele directamente a los padres de los alumnos de los colegios públicos y de los concertados a que pongan entorpecimientos a la aplicación de la polémica asignatura.

La pregunta que surge de esta tentativa de insurgencia educativa es. ¿Cuándo debe un cristiano desobedecer a las autoridades constituidas y en nuestro caso, a las legalmente constituidas por las urnas? Pienso que esta pregunta la responde el apóstol Pedro cuando las autoridades religiosas les prohibieron predicar el nombre de Jesús. Ante la amenaza el apóstol les responde: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios , porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos,4:19,20). La desobediencia a las autoridades es lícita cuando éstas quieren prohibir que los cristianos obedezcan un mandamiento explícito de Dios. En el caso de la asignatura Educación para la Ciudadanía no existe dicha prohibición. La Iglesia católica dispone de poderosos medios de comunicación para evangelizar. Lo triste del caso es que los utiliza para otros menesteres poco edificantes.

Los cristianos no han tenido nunca un camino fácil. El entorno judío les era hostil por considerarlos herejes. La sociedad pagana en la que arraigaban, los veían como enemigos porque creían que iban en contra de la ley vigente y ponían en peligro los negocios de los artesanos que se dedicaban a la fabricación de estatuillas de sus dioses. En un principio, las autoridades romanas no se ponían con los cristianos porque consideraban que estos constituían una rama del judaísmo, que era una religión legal. La cosa cambió cuando se negaron a quemar incienso ante la estatua del emperador y confesar que el Cesar es el Señor. A pesar de la tragedia que se acercaba, los pastores cristianos nunca instigaron a sus fieles a oponerse a las autoridades que los oprimirían ferozmente.

El cardenal Rouco debería reflexionar seriamente en las palabras que el apóstol Pablo escribe a los cristianos de Roma: “Sométase toda persona a las autoridades superiores, porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste, y los que resisten acarrean condenación para sí mismos” (Romanos,13:1,2). El mismo apóstol instruye a su discípulo Tito así: “ Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan” (3:1).

A quienes fomentan la rebelión en las aulas, dudo que sea para bien de los alumnos, sino para desgastar al gobierno ante las próximas elecciones generales que se acercan, el apóstol Pedro también tiene algo muy suculento que decirles: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios, que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos, como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios. Honrad a todos. Amada a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey”. (I Pedro,2:13-17).

La asignatura Educación para la Ciudadanía puede incluir contenidos éticos reprobables. No se puede esperar nada más de una ideología agnóstica que quiere contentar a todo el mundo sin satisfacer a nadie. Pero quienes desean provocar la rebelión en las aulas con fines políticos o porque sus intereses se ven amenazados, no deben olvidar que no es solamente la escuela que se encarga de educar a los hijos a ser ciudadanos. La televisión y otros medios digitales también se preocupan de hacerlo y, no precisamente para fomentar el civismo y la tolerancia.

El cristianismo siempre ha tenido que competir con ideologías opuestas. Jamás ha encontrado un ambiente que le sea favorable. Estas ideologías no cristianas la Biblia dice que no son buenas para el hombre porque están contaminadas de error, en lo que es esencial. El Nuevo Testamento no nos enseña a combatirlas con violencia, tal como se ha ido haciendo a lo largo de la Historia, sino con el ejemplo para hacer callar a los que disienten. Las buenas noticias del Evangelio deben anunciarse humildemente, dejando que se infiltren en las conciencias, transformándolas para el bien hacer.

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