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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Perder la vida, y seguir vivo

Santi Benítez
Santi Benítez
miércoles, 10 de octubre de 2007, 22:54 h (CET)
La definición de morir es acabar, terminar la vida. Los mormones piensan que cuando morimos los conocimientos adquiridos en vida se conservan en un estado de perfección intangible para este mundo y más puro. Descartes dijo "Cogito, ergo sum" - pienso, luego existo-, por lo tanto, dejar de pensar es dejar de existir. Personalmente es esto último lo que más me aterra. Morir no me preocupa. Sería una estupidez y una pérdida de tiempo sin sentido hacerlo, porque mientras yo esté no estará la parca, y cuando ella esté yo no estaré, así que ¿Para qué preocuparme? Lo que de verdad me preocupa es dejar de pensar, dejar de existir... pero en vida. Porque se puede perder la vida, y seguir vivo. Enfermedad de Alzheimer lo llaman.

El pasado 21 de septiembre fue el día internacional del Alzheimer. Hay que reconocer que pasó sin pena ni gloria - por mi parte también-. Y es extraño, teniendo en cuenta que la incidencia de esta enfermedad es de entre el 2 y 3% en personas menores de 65 años, del 25% entre personas cuya edad vaya de los 65 a los 85 años, y a partir de los 85 del 50%. No hablamos de una masa de población pequeña, que digamos, todo lo contrario. Y además estas cifras advierten que si usted aspira a vivir más de 85 años tiene las mismas probabilidades de desarrollar la enfermedad que de que le salga cara o cruz si tira una moneda al aire.

Acojona, ¿Verdad?

Una de las mejores armas con la que se podría contar para luchar contra esta enfermedad, aparte de invertir en investigación - y quien quiera oír que oiga-, es el diagnóstico precoz. Uno de los mayores problemas a los que se enfrenta los enfermos es que, normalmente, se les detecta la enfermedad cuando esta avanza y se hace evidente. Si el diagnóstico precoz fuera un hecho la enfermedad se podría tratar farmacológicamente desde sus primeros estadios, y también se podría ejercitar de forma adecuada los cerebros de los pacientes para retrazar todo lo posible la aparición de la 2ª y 3ª fase de la enfermedad; la apraxia y la agnosia.

Lo cierto es que el diagnóstico precoz de la enfermedad es posible con dos sencillas pruebas. La primera de tipo genético, desarrollada por el doctor Anders Lonneborg, con una fiabilidad de 85%. Y la segunda mediante una compativa de imágenes de la estructura cerebral hecha por resonancia magnética con las medidas de flujo sanguíneo cerebral, por tomografía. Estos datos son introducidos en un programa de ordenador que detecta patrones espaciales y ayuda a determinar, con un 100% de precisión, si existe o no deterioro cognitivo leve.

Mi querido amigo Turégano, médico de pro, me ha explicado - por lo menos lo ha intentado-, porqué estas pruebas no se realizan. En general, las personas afectadas son mayores y, además, la enfermedad no tiene cura, así que gastarse las considerables sumas que cuestan dichas pruebas - es cierto, he estado echando un ojo a los costes de las pruebas genéticas, así como a la licencia del software de comparación, y la cosa ronda los 6 millones de las antiguas pesetas... por paciente-, no tiene mucha lógica cuando el gasto es en paliativos, en retrazar algo que es inevitable.

Entiendo su punto de vista. Es más, le agradezco su frialdad a la hora de explicármelo. Pero no puedo estar de acuerdo con él. Lo estaría si esos dineros fueran dedicados a investigación sobre la enfermedad, y lo estaría con reservas. Pero el caso es que no se dedican.

Ahora, le ruego que haga una cosa por mí. Levántese del ordenador y vaya hasta el espejo del baño. Mírese a los ojos. ¿Sabe usted quién es, cómo se llama, dónde nació? Usted todavía existe para si mismo, tiene la suerte de ser usted mismo. Un enfermo de Alzheimer, aunque todavía vive, ha perdido su existencia. Recuérdelo todas las mañanas, cuando se mire al espejo del baño. Y recuerde también que, aunque no lo sepa, es posible que esté empezando a dejar de existir en vida... lo llaman Alzheimer.

Suena de fondo "Memoria", de Heredia y Serrat.

Buenas noches, y buena suerte...

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