|
A sangre fría
Daniel Sanabria
Otra vez. Con premeditación y alevosía. Llegando por la espalda, sin hacer ruido, y sin dejar huellas. Otra víctima más, y van 6 de 7 intentos. Ni el asesino de la baraja.
Con un procedimiento de manual, el Real Madrid va ganando batallas en una guerra donde no siempre vence el que mejor lucha. Bien lo sabe el aficionado blanco. Esta vez la víctima fue el Recreativo, y Van Nistelrooy el verdugo. Higuaín puso la puntilla, como buen matador. Necesita aterrizar, asimilar que es jugador del Real Madrid y saber que la portería es del mismo tamaño que en Argentina. Tiene el consuelo y el espejo del Kun, inédito el primer año, y héroe el segundo.
Las promesas de Schuster continúan su caída hacia “saco roto”, tierra de las mentiras. El Jogo Bonito ilusionante del principio cada vez tiene más cara de fantasma italiano. Si pusiéramos dos rombos a las caras de los jugadores del Real Madrid y un partido cualquiera de esta temporada o de la pasada, nadie adivinaría a qué año pertenece. Si el Madrid de Capello no jugaba a nada (bueno sí, a defender), el de Schuster menos.
Pero hay que buscar las cinco diferencias, como en todo buen quiz de pasatiempos: se le da prioridad al ataque, los resultados son buenos desde el principio, el equipo es líder, hay más fondo de banquillo, y se tiene el colchón de haber ganado la temporada pasada. Es lo que podría diferenciar un Madrid de otro. Porque si comparamos entrenadores, el perfil es similar: miradas que matan, malos modales y ataques a la prensa en respuesta a las críticas. Si de maleducados va la cosa, el próximo en llegar será Mourinho.
Pero cuando la vida te va bien, los granos que te salen te parecen simpáticas pecas. Y al Real Madrid le va bien, con sus cosas y las de todos. Es cierto que le está siendo infiel a su idiosincrasia, pero la Cibeles no entiende de personalidades, sólo de tumultos portando banderas blancas y clamando un mismo grito que distingue al primero del resto de la lista: campeones.
Así es el Madrid, como el guepardo de la sabana africana. No se le ve en todo el día, no se le escucha, y cuando menos te lo esperas te tiene entre sus dientes, magullándote y destrozándote en un instante.
|