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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Vigilar a los padres

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
martes, 9 de octubre de 2007, 22:20 h (CET)
La cadena de televisión CNN+ emitió el sábado pasado un reportaje sobre la controvertida asignatura Educación para la Ciudadanía en el que diversas personalidades manifestaban su opinión al respecto.

Me llamó la atención y me dejó preocupado, la intervención de José Antonio Marina, persona inteligente de quien he leído con agrado algunos de sus libros. Dijo que, si bien es cierto que la Constitución reconoce el derecho de los padres a que sus hijos sean educados de acuerdo con sus propias convicciones, éste no es un derecho absoluto y que este derecho comporta el deber de los padres de dar a sus hijos una buena educación. Como ampliación de esta afirmación continuó diciendo que si los padres educan a sus hijos en la ideología nazi o les inculcan que los homosexuales son unos enfermos que nunca deberían llegar a jueces, no podríamos cruzarnos de brazos.

Al parecer, el profesorado o el Gobierno tendrían que actuar para evitar que los niños y los jóvenes sean maleducados por sus padres. Es decir, alguien tiene el poder de decidir sobre la calidad de la educación familiar. Pienso que es malo educar a los niños en el racismo, ya sea de los nazis o de los nacionalistas, pero igual de malo me resulta que alguien adoctrine a los niños en el fracasado socialismo, en el doctrinarismo marxista o en el capitalismo salvaje. No obstante parece legítimo que haya muchas personas que sigan siendo comunistas, socialistas o liberales y que quieran transmitir estas ideas a sus descendientes.

A muchas personas nos parece mal el aborto, llamar matrimonio a las uniones homosexuales, promover la eutanasia, facilitar una sexualidad sin responsabilidad, aceptar que cualquier ley es buena porque haya sido aprobada por las confusas y cambiantes mayorías, o que no hay más verdad que la que se obtenga por consenso, o que la tolerancia es renunciar a las propias convicciones porque todas las opiniones son equivalentes y relativas, etc. etc

Si todo esto lo transmitimos a nuestros hijos ¿los estamos maleducando? A lo peor alguien decide no cruzarse de brazos y comienza a perseguirnos o nos quita a los padres la patria potestad para que la ejerzan las organizaciones estatales o autonómicas. Por lo pronto ese alguien ya se dedica a insultarnos y ridiculizarnos.

Un gobierno realmente democrático tiene la obligación de actuar con la más absoluta neutralidad frente a las libertades de los ciudadanos. La acción del gobierno no puede ser nunca la de imponer, a través de le educación, una determinada opción política, moral o religiosa, sino la de establecer los mecanismos necesarios para garantizar que nadie pueda coartar a otros en el ejercicio de sus derechos.

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