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Etiquetas:   Perspectiva de Levante   -   Sección:   Opinión

La Hispanidad

Domingo Delgado
Domingo Delgado
lunes, 8 de octubre de 2007, 21:49 h (CET)
Los próximos días celebraremos en España e Iberoamérica la Fiesta de la Hispanidad.

Un año más se presenta una ocasión de rememorar el día de la gesta de Colón, pero también el día del hermanamiento cultural entre todas las naciones de habla hispana.

No faltarán, no obstante, quienes presenten la colonización como un acto invasivo y opresivo. Pero como todo hecho histórico hay que comprenderlo en las coordenadas de su tiempo, al que también contribuyó llevando una cultura más avanzada, que incorporó a la modernidad a un continente protohistórico.
Por otra parte, la hispanidad es un hecho cultural avalado por una convivencia secular de inmensos territorios con el reino hispánico. Tal hecho debería servir a la Diplomacia española para articular una especial política exterior, no siempre articulada y desarrollada, para fomentar una cooperación internacional extraordinaria – a modo de la Commom Wealth británica- que generara importantes apoyos políticos y económicos mutuos.

Igualmente celebramos en España la Fiesta Nacional, con actos oficiales que le acompañan, que deberían servir para “reverdecer laureles” de una importante historia común, y para fomentar la conciencia de pueblo unido en una empresa común, que restañe heridas secesionistas y cobardes silencios, enfatizando los valores patrios y presentando a la ciudadanía el proyecto nacional común, abierto democráticamente a la convivencia con sentimientos regionalistas y nacionalismos cooperantes. Al propio tiempo, se debería favorecer una declaración de Estado sobre el proyecto común de Nación Española, que cerrara definitivamente el paso a sectores nacionalistas secesionistas, que se autoexcluyen del proyecto común, cerrando así esa “fisura” territorial antes que se cronifique o se agudice.

De tal manera que, a partir de ello, los símbolos del Estado sean respetados, y la deslealtad al proyecto común castigada legal y políticamente.
Ello sin perjuicio del respeto a la libertad de opinión que no puede amparar acciones delictivas, ya que una cosa es que una persona o grupo de personas se sienta ajeno al proyecto común de todos, e incluso lo exponga públicamente, y otra cosa es que, de forma antidemocrática por procedimientos ilegales o acciones políticas torticeras y desleales se dediquen a “torpedear” permanentemente la Empresa común.

Así, ante los demagógicos planteamientos del lehendakari vasco, que dice que los vascos han de decidir lo que quieran ser, habría de contestársele que somos todos los españoles – y no sólo los vascos- los que tendríamos que decidir sobre el futuro de España, en un aspecto –que como el planteado- nos afecta a todos, puesto que las vascongadas son también parte de España.

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