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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La farándula enseña el pelo de la dehesa

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 7 de octubre de 2007, 22:26 h (CET)
¡Ay!, menudo “marrón” nos ha caído con esta izquierda que nos ha tocado soportar. Ee evidente que no puede disimular su odio, su desprecio y su rencor por todos los que no piensan como ellos. Es algo superior a lo que les pueda aconsejar la razón, superior incluso a lo que les dicta el sentido común y, por supuesto, superior a lo que les pudiera aconsejar la conciencia, si no la tuvieran tan aherrojada por los prejuicios que vienen arrastrando, de generación en generación, como si el mundo no hubiera cambiado, como si la humanidad no hubiera progresado y las personas estuvieran todavía en la edad de piedra solventando sus diferencias a pedradas y a golpes de tranca. Son generaciones de izquierdistas que aunque gocen de posiciones desahogadas o sean populares; o, precisamente por serlo, se permiten descargar todo el resentimiento que han heredado de sus ancestros sobre los ciudadanos que no comulgan con su credo ateo, librepensador y absolutista. Estos jacobinos que invaden nuestra sociedad y que, gracias a Franco, pudieron estudiar, encontrar trabajo y ganarse la vida mejor que cualquier profesional de la clase media, por raro que pudiera parecer, no agradecen el haber tenido la oportunidad de salir de la precariedad económica de la que gozaban las clases trabajadoras en tiempos de las repúblicas laicas de abril de 1931 y de febrero de 1936 que, desterrando de raíz la formación impartida por las escuelas religiosas, condenaron a miles de niños al analfabetismo. Azaña fue pionero en erradicar la enseñanza religiosa, pero no fue capaz de suplir, con una buena enseñanza pública, el vacío dejado por aquellos, y así fue el resultado de dinamitar la ley y el orden como hicieron los socialistas en la revolución 1934 y antes, con sus huelgas incontroladas.

La Séptima Internacional fijó en Rusia el método para destruir la civilización occidental, para erradicar el Cristianismo y para implantar el comunismo en todas las naciones que eran consideradas capitalistas. El Frente popular fue el engendro que salió de tales acuerdos, con una sola misión: acabar como fuese con la democracia. Tuvieron éxito en Francia y fracasaron en Alemania e Inglaterra y, en España, estuvieron a punto de lograrlo si alguien no les hubiera parado los pies. Sin embargo, con el restablecimiento de la, mal llamada democracia, de la que actualmente disponemos, estos salvadores de la patria, estos cachorros de aquellos de la CNT y la FAI o de las Juventudes Socialistas de los años treinta, están intentando reproducir los métodos que utilizaban sus progenitores: la venganza, el odio, la fuerza y el engaño. Estos nuevos comunistas, que se camuflan bajo la capa de demócratas, tienen de ello lo que el que les escribe de obispo que es poco o nada. Estos defensores del libertinaje; de la intransigencia más absoluta ante las argumentaciones de sus adversarios políticos; de la amoralidad; de la sexualidad libre y promiscua, como religión o panacea para encubrir una falta de principios; la negación de lo trascendente y la defensa de lo banal y pasajero, como hacían los antiguos romanos cuando manifestaban su filosofía de la vida: “comamos y bebamos que mañana moriremos”. Estos, que hacen del odio a sus adversarios instrumento para mentir, engañar, tergiversar y perjurar, con el único fin de borrar al contrario, de impedirle argumentar; porque saben que su sistema político ha fracasado en todo el mundo menos, precisamente, en aquellos países donde se han hecho con el poder gracias a haberlos convertido en dictaduras totalitarias. Vean los casos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba y, echen un vistazo a las dictaduras de Corea del Norte, Vietnam y Camboya, por no citar más, y se darán cuenta de cómo se las gastan estos defensores de la mal llamada “libertad”.

Pues en España, o lo que queda de ella, también tenemos ejemplos de estos pretendidos “intelectuales” que se consideran por encima del bien y del mal; de estos que pretenden que cuando abren la boca el resto de los humanos nos quedemos embelesados con sus ocurrencias y, a fuer de ser francos, debemos reconocer que embelesados no nos quedamos, pero asombrados y consternados sí. Por ejemplo, que un sujeto como Victor Manuel, un personaje que se ha hinchado de ganar dinero, trabajando sí, pero también trabajan, y mucho, los vidrieros en un fábrica o los panaderos en las panaderías y no ganan fortunas como ellos; pretenda aleccionarnos en el comunismo y además, se comporte como un cretino y un mal educado, atreviéndose a llamar a un obispo “hijo de puta”, cuando sabe que, con ello, está ofendiendo a todos los católicos de la nación; es una muestra de la clase de ganado que compone esa farándula progresista, atea y desconocedora de cualquier principio ético o moral; para la que todo vale, incluso la violencia, para hacer valer sus pretensiones obsesivas de derribar a la derecha y eliminarla de la lid política. Por si no bastara, nos encontramos con el perfecto individuo, el digno émulo de la familia Bardén y, por supuesto, imitador de su hermana, de la que recuerdo que le hicieron una entrevista en La Vanguardia, donde pontificó sobre la imposibilidad de que hubiera otra vida después de la muerte como si se hubiera tratado de una experta en metafísica y no, como en realidad es, de una cómica separatista. Bien, señores, pues este sujeto, el señor Xavier Sardá, cuya mayor gloria consiste en haber sido el conductor de “Crónicas Marcianas”, el programa más sucio, repugnante, hortera, irrespetuoso e irreverente de cuantos se hayan producido en la televisión; se ha permitido, en el programa de la Julia Otero –otra que tal que, no sé por qué, si será por ser algo misteriosa o porque le pasa por sus reales narices, se ha convertido en una progresista de primera línea ( ya se sabe, si se quiere escalar posiciones hay que agarrarse donde se pueda y cuanto más alto mejor)– se atrevió, con toda la cara ¡ y mira que la tiene!, a aconsejar a unos niños, señores, ¡a unos niños!, porque se trata de un programa infantil, que “no votasen al señor Acebes”. Ni era el lugar ni estamos en campaña electoral ni es él quien, ni nos importa un bledo su opinión ni queremos que influya en nuestros hijos un individuo amoral como ese. Pero, así actúan, así engañan y así pretenden convertir a nuestra patria en una república stalinista, todos estos izquierdistas que nos rodean. ¿Cuándo vamos a reaccionar? Si no espabilamos, ¡lo tenemos claro!

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