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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Carlos Llamas

Mariano Estrada
Redacción
sábado, 6 de octubre de 2007, 13:12 h (CET)
Nació, hace 52 años, en Muelas de los Caballeros, Zamora, donde iba con regularidad. Era de la pandilla de mi hermana Charo, que es un poco más joven. Porque cuando él nació, en Muelas aún había pandillas, aún había niños. Pero ahora, cuando vuelve por última vez, y ya para quedarse, sólo hay soledad y sólo hay muerte.

Porque Carlos Llamas ha muerto.

A uno se le encoge un poco la piel al pensar en aquella vitalidad morena que él siempre exhibía, aquella voz grave y hermosa, aquella risa dulce y abierta, aquella descarada juventud que, al madurar, tropezó con esta hidra insaciable que le ha mordido por dentro. Por Dios, si yo te veía aún como a un niño. Perdona, Carlos, sé que eras mayor y bien mayor, y que llamabas a las cosas por sus nombres y que plantabas cara al mundo cada día, y que asumías una gran responsabilidad en la sociedad de los hombres y que tenías un puesto y una marca y un bien ganado prestigio, pero yo te sigo teniendo en los ojos como al niño que fuiste, tal vez como al joven que eras en aquellas tardes de agosto en que subíamos andando del río, o en aquellas noches cálidas de verano en las que charlábamos hasta las tantas en la Plaza del Ayuntamiento, junto a las viejas escuelas, junto a la fuente…O en aquellas más cercanas en las que, acodados sobre la barra de la cafetería, hablábamos un poco de todo, de los viejos tiempos, del paisaje, de amores, de política, de literatura, de nuestro querido y admirado poeta zamorano Claudio Rodríguez…

Y aunque suene mucho a tópico, aquí en Villajoyosa, donde recibí la noticia esta mañana, todo me parece mentira. No sé, todo ha sido tan rápido y se ve todo tan lejos…De modo que he llamado a mi hermana, tu amiga, que regresaba del tanatorio en el que ahora te encuentras, y me ha dicho que sí, que has muerto, y que los tuyos, tu padre, tu madre, tu hermano Paco, estaban hechos polvo ¿Cómo no iban a estar después de este mazazo? Y ella, mi hermana, como yo notaba en su voz, también estaba apenada. Pero, claro, es que crecisteis juntos de niños…

Maldita sea, Carlos, nada puedo hacer por ti, sino escribir estas líneas, con las que quisiera transmitirles a los tuyos, tanto familiares como amigos, que tú te vas, pero que tu huella queda en nosotros mientras vivamos, porque tanto tus palabras como tu sonrisa serán ya indestructibles. Escucha, estés donde estés, quiero enviarte un abrazo sereno. Como tú eras. Adiós, amigo.

Descansa en paz.

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