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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¡Qué tabarra!

Marino Iglesias Pidal
Redacción
sábado, 6 de octubre de 2007, 13:12 h (CET)
No se puede cultivar en el vacío. Toda semilla necesita un soporte, y germinará o no dependiendo de las condiciones del lugar, pero es que, sin lugar, no se puede plantar. De Perogrullo, vamos. De la misma forma si no existieran oídos para ella, ¿cómo podría darse la tabarra?

Especialistas en tabarra fructífera son – entre otros menos notables - la Iglesia y los dispensadores de democracia. De no dominar este “arte” les resultaría imposible subsistir, ¿cómo hacerlo sin prosélitos? ¿cómo la una puede hacer efectivo un proselitismo entre adultos teniendo por base una fábula para niños? ¿y cómo en la otra puede permanecer ejerciendo un gobierno que clara y descaradamente gobierna en detrimento de su país? Fácil:

El ser humano se niega a sí mismo, no admite su mortalidad y la Iglesia se lo pone “chupao”, ahí está el Dios inmortal que lo ha creado a su imagen y semejanza. A este ser semejante a su Creador, le ha dotado Dios de una inteligencia que, básicamente, consiste en dos cajones, uno para la memoria y otro para el raciocinio; uno sería el almacén y el otro la fábrica. ¿Cuál es el problema? Que el hombre común únicamente utiliza el almacén. Hace uso directo de los productos que le llegan, no los pasa a fábrica para someterlos a un proceso de revisión que los valide, primero, para, a continuación someterlos a una alquimia capaz de alumbramientos propios.

Así que hay un Dios que, desde luego, primero y fundamental: Nos asegura vida después de la vida, ¡y qué vida! ¡para toda la eternidad en el paraíso celestial! – que, a su lado, el terrenal kk de la vaca, y además es para cuatro días - y los creyentes ¡todos van para allá! Porque, aunque existe el infierno, únicamente es para ateos y descreídos, pues, hasta los más malucos, si creen, con sólo arrepentirse al final, lo que ellos llaman una perfecta contrición, ¡ala! a la eterna gozadera. Ante esta “verdad” tan buena ¿tiene sentido ponerse a pensar en una realidad que puede ser la hostia de mala? ¿Para qué? Todos los días paren pajaritos preñados y el cinco de Enero vienen los Reyes Magos.

Por otro lado. ¿Qué sentido tiene la visión del fenecer de España a manos del señor Pomposo y compañía? Eso no conseguiría sino hacernos sentir traidores a nuestra patria y escuchar los gritos de nuestra conciencia – los que la tengan - tachándonos de alcahuetes. ¿Y para qué? Desear una España grande y libre no es otra cosa que seguir el pensamiento fascista del vil dictador. Sigamos las directrices del actual gobierno que nos crea necesidades tan positivas como – por ejemplo - el aprendizaje de idiomas, fomentando el estudio prioritario del catalán, euskera y gallego para que todos los españoles seamos políglotas y podamos entendernos con los nacionales de los países que en un plisplás serán nuestros vecinos: Catalunya, Euskadi, Galicia...

Con lo prestosa que resulta la “libertad” de quemar lo que nos apetezca, llamar hijos de puta a los obispos o a quien nos parezca, ponernos a volar sin alas para a continuación, impunemente, tirar a la mujer por la ventana, entrarle a martillazos al vecino, violar a la muchachita del tercero...; ser menor ¿? para echar mano de la catana y hacer picadillo con los parientes, violar y quemar viva a esta o aquella infeliz... No podemos poner en peligro estas fabulosas libertades. Porque este no es un país retrogrado que castigue a quienes las ejerciten, no importa cómo, o a estos otros pobres... “desinsertados” que delinquen víctimas inocentes del vasito de vino o la rayita de coca, ¡faltaría más! Aquí ¡se reinsertan! con mucho cariño y consideración y, por supuesto, cubriendo sus necesidades.

Qué maravilla. ¡Viva la “libertad”! Y si, además, esta “libertad” está garantizada por la institución cuyo nombre, Monarquía, según el otro, forzosamente ha de aparecer en el himno nacional, pues ya “maravillosa maravilla”. El que España – los contribuyentes – sufrague esta hipoteca vitalicia llamada Monarquía de mas de OCHO MILLONES (8.000.000) de euros anuales es un privilegio que tenemos los españoles. Por eso nos llena de satisfacción el pensar que mientras España lo sea lo seguirála hipoteca, puesto que la monarquía es hereditaria, y por tanto, natural que Paganini pague la hipoteca de los bienes que disfruta Biennacido y además lo mantenga a cuerpo de rey.

Pues nada, a seguir progresando en el retroceso.

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