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Ajustar cuentas a Unión, Progreso y Democracia

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
viernes, 5 de octubre de 2007, 03:39 h (CET)
Nace el nuevo partido de Rosa Díez y Fernando Savater con la pretensión de reagrupar a todos los desencantados con la actuación del PSOE en el Gobierno, conseguir que el socialismo cambie de su rumbo y con ello se pueda salvar España. Puesto que pretenden pescar en aguas del PSOE, evidentemente quitándole “clientes”, podría pensarse que son los sucesores del Pablo Iglesias los más afectados por su aparición y los que con mayor fuerza desean su desaparición o al menos su enorme fracaso.

Hasta puede parecer que es así si prestamos atención a la postura oficial que determinados medios “progres” han adoptado: desde el ataque directo y claro: “Rosa Díez copia el discurso del PP al presentar su partido” (Público), hasta el menosprecio o simplemente la falta de atención, haciendo ver que no existen: “Para PRISA y RTVE somos trasparentes”, dicho por Rosa Díez poco antes de que “EL PAÍS” entrevistara a Savater. Hay que hablar igualmente de los políticos del PSOE que han manifestado que lo que defiende Rosa Díez y Savater ya lo defiende el PP.

Y, efectivamente, son varios de los más importantes comentaristas de la derecha, Alonso de los Ríos y Herman Tertsch entre otros, los que más directamente han apuntado sus columnas contra el nuevo partido, ninguneando sus posibilidades y acusándoles de torpedear la acción de las huestes de Rajoy. Puesto que U.P.D. se anuncia como antinacionalista y muy dispuesto a defender determinado papel del Estado y de sus símbolos, puede parecer merecidamente que el caladero de votos está más en la derecha que en la izquierda.

Y sin embargo no son ni unos ni otros los que más razones tienen para temer el nacimiento y la progresión del nuevo partido. Quienes más deben preocuparse, y no tardarán en manifestarse en ese sentido, son los poderosos partidos nacionalistas que actualmente condicionan tanto la política española. Pero será así no porque algún día, muy lejano aún, los recién llegados puedan tener fuerza para cambiar la ley electoral como pretenden y dejarlos con menor fuerza en las Cortes, sino porque nacen con la clara vocación de convertirse en el partido bisagra en el que los gobiernos de España puedan apoyarse sustituyendo así a quienes hasta ahora prestaban, tan “interesadamente”, su apoyo.

Es éste el terreno que tienen en exclusiva los nacionalistas desde hace treinta años y al que tanto rendimiento le han sacado, el terreno de ese puñado de diputados suficientes para levantar o dejar caer los gobiernos, en el que se sitúa la disputa electoral más importante de las elecciones de los próximos años. Si alguna vez Unión, Progreso y Democracia consiguiera consolidarse como partido capaz de decidir gobiernos con su apoyo, se les habría acabado a los nacionalistas el papel que tan interesadamente han venido representando desde la Transición, habiéndose convertido en meros comparsas de una comedia que representamos conjuntamente cuarenta millones de españoles. Si alguien tiene cuentas que ajustar a los recién llegados, éstos son los nacionalistas.

Conjuntamente, he dicho.

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