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¿Será posible una nueva revolución en Georgia?

Elena Shesterniná
Redacción
jueves, 4 de octubre de 2007, 14:46 h (CET)
El inesperado desarrollo de los sucesos en Georgia, cuya escalada se registró estos últimos días, obligó a los políticos y politólogos rusos a referirse, por fin, a lo que resulta traído y llevado: el enfrentamiento georgiano-ruso (arresto de nuestros militares en Tbilisi efectuado el año pasado, imposición de sanciones, cierre de las fronteras, aparición del cohete de procedencia desconocida, y así sucesivamente). Puede ser que por primera vez hayan surgido otros interrogantes: ¿hasta qué punto es estable el régimen de Saakashvili e incluso si es posible sustituirlo? Y si esto se confirma ¿cuándo se podría suceder? Antes estos temas se pasaban por alto. Al parecer, la oposición es débil y dispersa, incapaz de competir en serio con el actual equipo, sin tener en quien apoyarse, a diferencia de otro “país revolucionario”: Ucrania.

Las escandalosas declaraciones contra Saakashvili hechas por Irakliy Okruashvili, su ex correligionario, que le costaron libertad, ahora podrán cambiar, a ciencia cierta, el guión harto conocido de las elecciones del año que viene.

¿Quién respaldará a Okruashvili y su deseo de hacer tambalear la situación política en Georgia? La respuesta de los aficionados a la teoría de conspiraciones no se hizo esperar. Por supuesto -no abiertamente, lo que es lógico, sino con insinuaciones- señalaron al principal director de orquesta: Rusia. Según ellos, no fue casual que el ex ministro de Defensa hiciera sus revelaciones en vísperas de la intervención del “imputado” número uno en la sesión de la Asamblea General de la ONU, en que Saakashvili se mostró recio a la hora de criticar a Rusia por el apoyo que presta a las autoridades surosetas y abjasias demandando evacuar a sus pacificadores de la zona de conflictos. Pero procede señalar que los partidarios de esa teoría no tomaron en consideración varios factores.

Primero: en la ONU pocos dieron crédito a las declaraciones del ex ministro de Defensa: sea como fuere, pero los escándalos en política interior relacionados con el deseo de tal o cual político de vengarse, son un fenómeno común y corriente, mientras que el enfrentamiento Rusia-Georgia es un hecho harto conocido. Por esta razón, las revelaciones de Irakliy Okruashvili fueron incapaces de eclipsar el discurso de Saakashvili en Nueva York.

Segundo: en modo alguno Okruashvili como presidente corresponde a Moscú más que Saakashvili. Más bien es el peor candidato de los posibles deseosos de ocupar ese puesto. Pero también a este respecto los analistas ofrecen un argumento tomado del tradicional folklore ruso relativo a la vaca del vecino. Dicho en otros términos, “cuanto peor sea para el vecino, mejor será para nosotros”. Procede señalar que en su tiempo, recurriendo a esa lógica precisamente, justificaban la escisión en “el equipo anaranjado” y la victoria obtenida por los hermanos Kaczynski en las elecciones en Polonia. Pero en el caso de Georgia, es poco probable que semejante lógica esté presente. Okruashvili (si, naturalmente, le pongan en libertad y en el tiempo que queda hasta las presidenciales éste sea capaz de reclutar un suficiente número de partidarios para ganarlas), resolvería, sin pensar mucho, el “problema territorial” de una vez por todas. El, como ningún otro político georgiano, está interesado en recobrar su patria chica: Osetia del Sur, y junto con esta, también Abjasia. Son evidentes los métodos que emplearía para conseguirlo, ya que Okruashvili se refirió a éstos e incluso los ensayó.

En lo que menos está interesada Rusia es en tener un conflicto bélico en proximidad de sus fronteras.

En cuanto al problema relativo a las “repúblicas secesionistas”, a Rusia le conviene seguir manteniendo el statu quo. Por esto Rusia se esfuerza al máximo tratando de postergar casus Kosovo. Y de ninguna manera habrá de recibir numerosas delegaciones que se dirigirían a Rusia inmediatamente después de proclamada la independencia de Kosovo, ni tratar de inmiscuirse ahora en la situación interior de Georgia. En resumidas cuentas, Saakashvili será incapaz de seguir dando promesas populistas sin cumplirlas. En el país crece la ola de descontento con motivo de su política. Y hay muchos dispuestos a creerle de palabras a Okruashvili y a sus declaraciones no respaldadas por hechos concretos por la mera razón que éste critica el poder que desde hace tiempo dejó de satisfacer a los georgianos.

Sobre este telón de fondo, Saakashvili se está abriendo el mismo su tumba al ordenar la detención de su ex correligionario (efectuada sin duda a iniciativa del jefe del Estado). Pues, ahora el presidente será objeto de acusaciones de que se ha asustado, que ha decidido ajustar cuentas y que se siente débil. Pueden decir que las acusaciones presentadas por Okruashvili se hacen extensivas al propio mandatario, porque éste lo nombró para el puesto de ministro.

Y, por cierto, el entorno del actual mandatario no debía amenazar a la oposición con “adoptar las más rígidas medidas” en respuesta a las multitudinarias manifestaciones de protesta del pasado viernes. El secretario general del partido gobernante “Movimiento Nacional Unido”, David Kirkitadze, expuso sin tapujos los futuros planes de las autoridades:”Si alguien quisiera provocar el incendio político en Georgia y echar leña al fuego desde fuera para derrocar al poder, recibiría la respuesta adecuada del Estado”. Según demuestra la práctica -y no sólo en Georgia- puede costar caro el intento de apretar las tuercas. Y conducir a una revolución.

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Elena Shesterniná, para RIA Novosti.


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