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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

EpC como arma arrojadiza

Rutwing Campoamor Stursberg
Redacción
jueves, 4 de octubre de 2007, 14:42 h (CET)
Me sorprende el revuelo que se ha originado en torno a una decisión educativa, que, aunque mala, como la mayoría de las reformas educativas llevadas a cabo en los últimos decenios, no deja de ser completamente intrascendente. Me refiero con ello a la llamada “Educación para la Ciudadanía”, que ha pasado de ser una asignatura absurda (como alguna otra) a ser baluarte de defensores de derechos, libertades morales y religiosas y otras zarandajas, y, a la postre, en arma arrojadiza para los próximos comicios.

Ambas partes involucradas, el PSOE en su defensa y el PP en contra, así como tantas otras asociaciones de interesados, asumen que la citada asignatura va a tener un impacto real en los estudiantes. Esto demuestra un profundo, si no patológico, desconocimiento del sistema educativo. Esta no es más que una más entre las asignaturas que debe aprobar un alumno, y la finalidad es ésta, aprobar, y no empaparse de conocimientos ni de comprensión de la materia. Constituye un mal del sistema, pero la realidad es que el alumnado tan sólo aspira al aprobado, a dejar atrás cualquier asignatura sin interesarse lo más mínimo por sus contenidos. Es indiferente cuantos valores, principios o manipulaciones ideológicas que pueda contener una asignatura, puesto que una vez aprobada, el alumno/a olvidará todo lo referente a ella en un tiempo récord. La prueba de ello es el bajo o casi nulo nivel del estudiante universitario, que se enfrenta a una barrera casi insalvable al iniciar sus estudios superiores. Otorgar por tanto un valor particular a esta patochada de ciudadanía no es más que una excusa más para atacar al vecino, sin querer fijarse en la raíz del problema, que no es otra que la mediocridad del sistema educativo en general. Y pese a lo que se baraje en tertulias y consultas de “expertos”, este problema no es legado de una ideología política de izquierdas, derechas ni centro, sino producto de la persistente obstinación de cada partido de reivindicar su sitio en la historia. Nadie que curse esta asignatura aprenderá valores ni morales ni sociales, como tampoco se aprenden valores cristianos cursando religión, ni ética, ni ninguna otra disciplina cuya finalidad sea la mejora artificial de la condición humana o la atribución de fantasías de moralidad inherentes a la especie. Los únicos contenidos que servirán de modelo de conducta a los actuales escolares serán aquellos que vean a su alrededor día a día, así como la basura que asimilen a través de los medios de intoxicación informativa, que son hoy por hoy tan decadentes y vergonzosos como eran en la anterior legislatura. Creo que es hora de centrarse en los verdaderos problemas del país, y dejar de distraer la atención con pacotilla moral cuya justificación no es otra cosa que una demagogia disfrazada.

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