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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Monárquico...? Puede

Antonio González (Málaga)
Redacción
miércoles, 3 de octubre de 2007, 12:53 h (CET)
Siempre me he sentido republicano y laico por convicción personal. Por aquello de considerar que por encima de mí no hay nadie por imposición, sino por elección democráticamente aceptada; pero no puedo permanecer indolente ante el maniqueísmo de ocultos intereses y furibundos ataques guerracivilistas-nacionalistas, que han desatado los mismos de siempre, contra la monarquía constituyente o contra cualquier religión, en este caso la católica, apostólica y española.

Mi soberanía personal está acorde con los pactos aceptados y, aún vigentes, de la Constitución Española de 1978, no derogada por cierto, que reconoce al Rey como símbolo de la unidad del Estado en el artículo 56 de la misma. Y mientras esta legitimidad esté presente en la Nación y en el Estado español, la Ley debe ser inexorable y compromisal con todos los ciudadanos. Por consiguiente, todos los que ocupan puesto de responsabilidad en la administración, tanto en el poder Legislativo, Ejecutivo y Judicial deben dejar de practicar la dejación de funciones que hasta ahora ha sido el deporte nacional y proceder a imponer el imperio de la Ley.

Es evidente, el vacío de poder por parte de todos los gobiernos que han permitido la vulnerabilidad del Estado de Derecho que nos han arrastrado a las políticas interesadas, vergonzosas y partidistas de los últimos treinta años. Gobiernos, tanto de un color como de otro –salvando las distancias-, que han desaprovechado su hegemonía en las urnas para legislar definitivamente en beneficio de gran parte de la ciudadanía. Que no han sabido imponer la autoridad necesaria para someter a los facciosos al sometimiento de la Ley -sobre todo, el gobierno ingrávido del Excmo. Señor D. José Luís Rodríguez Zapatero-, que ha dado vida a los terroristas y a sus primos los nacionalistas.

Un estado democrático, moderno y avanzado no se puede permitir el lujo de estar sometido a los chantajes permanentes durante tanto tiempo de los dirigentes vascos, catalanes y, mañana, de gallegos o cartageneros. Que viven de los métodos mafiosos de los pistoleros. Con engaños redentores de nacionalismos mesiánicos; pero con intereses poco metafísicos, viviendo como reyezuelos, implicando a los descerebrados y después siendo los primeros en escabullirse cuando hay que rendir cuentas. A la historia nos remitimos.

Envalentonados y usando métodos gansteriles y mafiosos aprovechando las indecisiones y malas artes, de un gobierno sin autoridad, como mínimo, que anda a remolque de su propia conciencia histórica cabe preguntarse: ¿Qué mensaje se le puede enviar y decir a todos esos “chorizos” y anticatólicos que nos ha tocado padecer? Pues en principio, yo me declaro y con todas las consecuencias: MONÁRQUICO, CATÓLICO, APOSTÓLICO Y ROMANO (aparte de ESPAÑOL) ¡Casi ná!

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