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Etiquetas:   La tercera puerta   -   Sección:   Opinión

Somos aquello que defendemos

Xabier López de Armentia
Opinión
lunes, 1 de octubre de 2007, 22:34 h (CET)
Una constante a lo largo de la vida es reconocer aquello que somos. Toda persona que crece y ve pasar a su lado los acontecimientos que marcan su devenir, busca ineludiblemente la respuesta a dicha pregunta. ¿Qué soy?, ¿qué somos?

Muchos escritores, filósofos, científicos, grandes pensadores y grandes dictadores han buscado dar respuesta a este enigma que sorprende su respuesta aún a muchos humanos. Intentan cerrarnos las miras hacia el futuro inclinándonos hacia la pertenencia a delimitaciones geográficas concretas, bajo la figura del “Gran Estado”, o mejor, nos imponen culturas identificándolas como las nuestras. Cada individuo tiene el poder de decidir su futuro y mucho más de decidir aquello que es, aquello que entiende como su “comunidad”.

Los seres humanos nos hemos convertido en simples maquinas que respondemos afirmativamente a cada pregunta que nos realizan. Sin embargo, cada vez somos más los que apostamos por la libertad de decisión de cada individuo, y más aún, en la libertad de decidir una comunidad su futuro sin limitaciones geográficas ni políticas. Si este pensamiento hubiera rondado las cabezas de aquellos que planearon la descolonización africana, hoy en día no tendríamos tribus, pueblos y familias separados por la línea imaginaria del poder político; hoy en día no correría tanta sangre por los ríos Nilo, Congo y Luangwa.

Aquello que defiendas será aquello que seas. Es preciso erradicar todas esas barreras “falsas” que nos impiden darnos la oportunidad de ser aquello que queramos ser. No es razón suficiente haber cometido en el pasado errores para seguir cometiéndolos hoy en día. La libertad de pensamiento es el pilar sobre el que se sustenta la democracia. Y como demócratas que nos hacemos llamar, liberalicemos las ideas. No hagamos de ellas el eje causal de nuestros conflictos sino el de nuestras soluciones.

La imposición o en el encasillamiento identificativo al que te someten numerosas instituciones sólo provoca mayor crispación entre la población, que ve como sus derechos son pisoteados a nivel colectivo y por tanto a nivel individual.

Es lamentable que un pueblo no pueda aspirar a convertirse en lo que desea ser, pero más lamentable es que las personas no puedan decidir libremente su futuro como comunidad.

A la pregunta ¿qué somos?, respondemos, ¿qué nos dejan ser?. Triste respuesta para un pueblo. Tristeza es la palabra que define los sentimientos de muchos al saber que nuestro futuro lo deciden otros. Por suerte sabemos lo que somos, aquello que defendemos, nuestro pueblo, Euskal Herria.

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