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La cabeza del estado no cuelga de una farola
Pelayo López
Una política alemana acaba de poner sobre la mesa una curiosa idea. En estos días en los que el libre comercio es una realidad desbordante, la propuesta se centra en que la unión entre dos personas, el matrimonio, sea también un nuevo modelo contractual cuya duración expire a los 7 años. Al parecer, esta duración predeterminada, con reminiscencias bíblicas, es el ciclo idóneo según los expertos a los que ha consultado. Cuando el contrato caduque, y siempre que las dos partes así lo quieran, existe la posibilidad de renovarlo mediante sucesivas prórrogas. Aunque se trata de un acomodamiento civil para una unión religiosa, lo cierto es que no parece una solución lógica. Ya se sabe que los contratos están para romperse.
Romperse no, pero quemarse se han quemado muchas fotos de los Reyes en los últimos días en Cataluña. La tradición independentista y republicana de la Generalitat parece que ha vuelto a emerger con fuerza, en este caso con nuevas teas. Pudiendo compartir o no tesis republicanas o antidinásticas, no creo que el mejor camino a seguir para lograr este propósito sean actitudes como la mencionada. Puede que la tesis germana tenga cierta razón y el hastío sociedad-realeza tras 3 décadas de convivencia arrastre demasiados lastres y aflore a día de hoy, o puede que apenas 300 personas prendiendo en llamas la imagen Real haya tenido demasiada repercusión para lo que significa en proporción.
No hace mucho, varios jóvenes españoles eran detenidos en Letonia por hacerse con una bandera del país en cuestión, la cual desprendieron de una farola que ornamentaba con un motivo festivo. Entonces, los medios de comunicación de nuestro país se alinearon del lado de nuestros chicos ya que consideraban la detención como una medida excesiva. Los letones, por su parte, se tomaron aquel acto como una injuria contra una de las señas nacionales. Cual pila bautismal en la que resarcirse, al Rey siempre le puede quedar el consuelo de que los más pequeños le rinden sus peculiares ofrendas en forma de trabajo sobre la figura Real. Siempre se ha achacado a los nórdicos cierto carácter bárbaro, pero, de momento, al contrario que en Letonia y por ello puede respirar aliviado, la cabeza del Estado no cuelga de una farola.
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