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Etiquetas:   ARTE Y MÚSICA   -   Sección:   Revista-arte

El ojo del rock

Redacción
domingo, 30 de septiembre de 2007, 21:05 h (CET)
Un acercamiento a la obra del fotógrafo Anton Corbijn

En palabras de Cartier-Bresson uno de los aspectos más fascinantes del retrato es la manera en que nos permite trazar la identidad, la permanencia del hombre. En este sentido comentaba que: “Los retratos tomados por un mismo fotógrafo traducen todos una cierta identidad. El fotógrafo está buscando la identidad de su modelo y, al mismo tiempo, tratando de lograr una expresión propia. El verdadero retrato no pone énfasis ni en lo refinado ni en lo grotesco, sino que intenta reflejar la personalidad”. Palabras que podrían definir perfectamente la obra del fotógrafo Anton Corbijn, cuya esencia estriba en abandonar todas las ínfulas de glamour e idolatría que suelen acompañar a los retratos del ‘star system’ y hacer aflorar, de esta manera, la verdadera personalidad interna del personaje retratado. Filosofía de trabajo que le ha llevado a ser considerado como uno de los mejores retratistas del mundo del rock, firmando fotografías para grupos tan emblemáticos como Joy Division, Depeche Mode, R.E.M, Nick Cave o U2. En el presente artículo se pretende, pues, llevar a cabo un acercamiento a la obra de este fotógrafo holandés, resaltando aquellas huellas enunciativas que nos permiten vislumbrar la presencia de Anton en la instantánea, tomando como referencia, para ello, algunos de los trabajos que ha ido realizando a lo largo de estos años.

La intimidad de lo mediático.
Enfrentarnos como observador externo a una fotografía de Anton Corbijn implica llevar a cabo un proceso de deconstrucción de nuestro imaginario cultural, altamente mediatizado por la glamourosidad y excentricidad a la que aparecen asociadas las figuras del mundo del rock. En este sentido, la obra de Corbijn viene caracterizada por su capacidad de captar los momentos de intimidad de sus retratados, alejándolos de su condición de personajes públicos y dotándolos de una alta naturalidad humana. Proceso que se encuentra fuertemente impregnado de distintas huellas discursivas que nos delatan la presencia de este observador interno u observador en la imagen que nos hace llegar a nuestros ojos, en calidad de observador externo u observador de la imagen , esta inusual escena.

Para conseguir reflejar esta intimidad en sus instantáneas, Corbijn hace uso de una serie de estrategias enunciativas que definen en sí la esencia de su técnica fotográfica. La principal de ellas es su propio modus operandi; pues, para llevar a cabo su trabajo, este artista holandés rehuye de ir acompañado de asistentes, estilistas, maquilladores o peluqueros, comúnmente empleados en esta índole de retratos: “Si llegas con una tonelada de gente, todo el mundo estará mirando al sujeto, que reaccionará a esa expectación. Yo quiero crear una relación entre la persona retratada y yo. Porque estas fotos son también la historia de mi vida: reflejan el encuentro entre dos personas” . Esta metodología de trabajo permite establecer un juego privado y relajado entre el fotógrafo y el artista fotografiado, consiguiendo de esta manera que este último se sienta cómodo y pueda dejar entrever su mundo interior. A este respecto, Bono, cantante y líder de la banda irlandesa U2, comenta que: “Anton Corbijn es capaz de entregarte una esencia que puedes no tener, pero que él de alguna manera la hace aflorar” . Asimismo, sus retratos se caracterizan también por la gran carga melancólica y la condición mística que transmiten sus personajes fotografiados, quienes, ausentes de sonrisa, aparecen con una marcada expresión de recogimiento. Esta melancolía y misticismo se ve acrecentada por la elección del blanco y negro, así como por el notorio grano que envuelve a sus imágenes. Por su parte, a la hora de tomar las instantáneas, Corbijn prefiere optar por localizaciones exteriores, aprovechando, en el caso que se pueda, la luz natural (teniendo como preferencia las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde), lo que le aporta mayor naturalidad a sus imágenes y le resta artificialidad. La búsqueda de espontaneidad le lleva a veces a jugar con el desenfoque, recurso que emplea para humanizar al sujeto fotografiado.

Por su parte, otro rasgo característico de la obra de Anton es su obsesión por retratar individualmente a las personas, pues, a pesar de que hablemos de formaciones musicales, Corbijn suele retratar uno a uno a sus modelos fotográficos. Aspecto que le permite conseguir transmitir mejor la esencia de cada persona como unidad independiente dentro de este circo mediático que suele ser la industria del rock.

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