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Ciudadanos de a pie


Luis del Palacio


Luis del Palacio Luis del Palacio
martes, 1 de enero de 2008, 00:00
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La expresión puede sugerir que no todos los habitantes de las ciudades caminan; es decir, que puede haber dos clases: los que gastan las suelas de sus zapatos y los que se trasladan en palanquín. En la primera categoría figurarían los contribuyentes normales y en la segunda, mucho más reducida, los políticos, los jerarcas con o sin mitra, los que hacen de la banca su botín y, claro, los miembros del “famoseo”.

La diferencia entre un “ciudadano de a pie” y otro que no lo es puede verse, por ejemplo, en la manera en que un juez trata un hecho insólito: Ocurrió hace poco más de un mes. Un conocido cantante que va de gira a México sube al avión con su cuadrilla (término que paradójicamente puede emplearse para referirse a los toreros que acompañan al maestro o a ciertos elementos del hampa) Como le dan miedo las alturas, lo hace completamente borracho. Él y sus secuaces han decidido “montarla” en primera clase, durante las horas que dura el vuelo. Whisky de treinta años para hacer calimochos; tortilla de patata y acaso unas tarteras con fabada (en los aviones, ya se sabe, se come de pena) no tanto por la previsible traca final tras ocho o diez horas de vuelo, sino para dejar bien claro que Asturias es siempre una patria bien querida. Pellizcos en el culo a las azafatas “¡Pero qué buenaj quejtán, laj condenás!”

Canturreos, eructos (los pedos no llegan a producirse porque el comandante de la aeronave, ante el escándalo que se está produciendo en la cabina, decide regresar a Barajas a las dos horas de haber despegado, tiempo insuficiente para hacer la digestión) En fin, todo muy castizo en una velada donde solo faltó el cabrales para ambientarla aún más, si cabe. No hubo que esperar a la de los Goya y el rutilante personajillo fue puesto en libertad sin cargos por orden del juez, al día siguiente. “¡Ay, estos artistas! ¡Pero qué excéntricos son!”, pensaría el leguleyo (a quien le sonaba que Van Gogh se había cortado una oreja y que a Farruquito los rallies y el “hit and go” le subían la adrenalina) Y es que el “artista” se nutre de experiencias, no de patatas o arroz como el ciudadano de a pie. Todo es… “como muy lúdico” (Y si todavía cree que todos somos iguales ante la ley, pruebe a hacer lo del avión y luego me lo cuenta)

Es evidente que existe un culto a la alfombra roja de las vanidades; la única que huellan con sus fofos pies los contribuyentes de primera. Pero la alfombra roja que deslumbra a tanto bobalicón es de un material más próximo al acetato que a la seda o al fieltro. Y los que rizan el rizo de la sandez –es decir, los más aburridos y horteras de todos- pasean sus orondas narices por el borde de unas copas inverosímiles, donde dicen que el vino se expande y adquiere esos matices volátiles que sólo ellos aprecian y los esnobs de tercera creen reconocer ¡Qué poco ha cambiado el mundo desde Moliere! ¡Y pobre del que no sepa distinguir el cabernet sauvignon del trempanillo! Los rusos mafiosos son los últimos incorporados a la gilipollez de la cata vitivinícola, y amenazan con subir el precio de ese brebaje preparado con peladuras de patata, que ellos aprecian tanto. Son los que se pirran por la cocina de Ferrán Adriá ¡Pobrecitos! La cuestión, como decía Unamuno, es matar el tiempo.

“La Inteligentzia” marca las pautas de lo que el “ciudadano de a pie” debe valorar como bueno y deseable. Por supuesto la bazofia creativa de Ferrán Adriá, pero también las gulas con ojo pintado –última patente japonesa que hace furor, junto a su intragable y veterano Suntori- y los zapatitos de Manolo Blakhnik. El colmo de los colmos, la prueba máxima del “glamour” en estas pasadas fiestas habría sido cenar un dedal de gulas en el restaurante de F.A. con la parienta calzada por M.B., en compañía de unos nuevos amigos de la mafia eslava, a quienes luego acompañaríamos a un tablao donde actuara Farruquito (sin grilletes, claro) Se podría brindar por las nuevas recalificaciones urbanísticas, tanto con un Suntori como con un destilado de patata, que en el fondo son muy parecidos. Convidado –de piedra- Julián Muñoz.

“La Inteligentzia” nos ha dicho últimamente a los “ciudadanos de a pie” que los pésimos resultados de PISA son una herencia de épocas anteriores y, claro, nos lo debemos creer porque es “La Inteligentzia” con zeta de zopenco quien lo afirma. Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta. Y al fin y al cabo somos tierra de genios, de Farruquitos y cantantes arrebatadores, “no nos falta de na” y, ¡qué coño!, ¡que inventen ellos!

Los ojos del angelote pueden ser muy persuasivos, frente a los torvos del ceceante barbudo del puro. He aquí la cuestión: los encantadores de cobras son siempre unos falsarios, porque las serpientes no oyen y su melodía se disuelve en el éter. Está claro quién es el fakir y quién el bon vivant ¿Son los dos unos embusteros? El encantador, sin duda; el otro… vaya usted a saber.

Uno de los ministros de “La Inteligentzia” recomendó que los “ciudadanos de a pie” comiéramos conejo durante las Navidades (¡qué rico al ajillo!) Probablemente no sugirió el puerco para no romper la alianza de las civilizaciones. Este mismo ministro recomendó no dar propinas (ahora que el salario mínimo interprofesional parece que va a llegar a los mil euros… dentro de unos ocho años) En fin, que el buen “ciudadano de a pie” –tan castizo y currado- se obstina en no desollar a Bugs Bunny sino a seguir pelando la pava.

¡Feliz Año en Antofagasta!

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