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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

‘El ángel negro’ de John Connolly, expectativas insatisfechas

Herme Cerezo
Herme Cerezo
sábado, 8 de diciembre de 2007, 18:22 h (CET)
Confieso que compré ‘El ángel negro’ del irlandés John Connolly (Dublín, 1968), atacado por una enorme curiosidad. Ansiosa tal vez. Pero lo bien cierto es que es una de las novelas que más me ha costado digerir en los últimos tiempos. Invertir casi tres semanas en la lectura de un, a priori, ‘trhiller’ no es normal en mi persona. Cuando esto ocurre – me pasa en ocasiones – es que la cosa no funciona. Puede ser a causa de la novela. O por culpa mía, de todo hay. Pero lo que es innegable es que, al igual que le ocurre al protagonista de este libro, el detective Charlie Parker, alias ‘Bird’, en mi interior, una voz no cesaba de machacarme. "No sigas leyendo, déjala ya, no insistas", me decía. Sin embargo, ‘renovato impetu’, con pereza auténtica, la he terminado esta misma tarde. Y esta misma noche, me pongo a teclear unas cuantas líneas sobre este "ángel negro", escasamente negro, excesivamente sobrenatural, y sobre mis expectativas insatisfechas.

Charlie Parker, que por cierto tiene nombre de saxofonista de jazz, es el detective que protagoniza cinco de las novelas de John Connolly publicadas en España (‘Todo lo que muere’; ‘El poder de las tinieblas’; ‘Perfil asesino’; ‘El camino blanco’ y ‘El ángel negro’). Parker ha perdido a su mujer y su hija y vive atormentado por ello. Lo demuestra continuamente, incluso en la nueva relación que mantiene con Rachel y Sam, la hija de ambos. En esta ocasión, ‘Bird’ se ve envuelto en una serie de acontecimientos aparentemente inconexos: la desaparición de Alice, una joven prostituta drogadicta; los tejemanejes de una secta fanática, los Creyentes; la presencia de un extraño ser, ‘Brightwell’ ("bien iluminado"); la relación entre dos antiguos soldados estadounidenses que combatieron en la II Guerra Mundial; la profanación de iglesias en Chequia y Francia; la devoción a la Santa Muerte; un extraño abogado y su opulenta secretaria; una subasta de objetos esotéricos en Boston; una misteriosa colección de cajitas con restos de un mapa en su interior, etcétera. El hilo conductor que conduce los destinos de la novela es la búsqueda del asesino de Alice, hermana de un amigo del detective. Esto último es lo único que tiene de negro o policiaco la novela, que no observa muchos de los rasgos que caracterizan al género: la investigación de los hechos se produce a zarpazos, con poca continuidad; sabemos pronto quien es el asesino; casi todos los roles son previsibles cuando no explícitamente señalados y, exceptuando la figura encapuchada del final, hay poco espacio para el misterio o la sorpresa. El resto es una amalgama de esoterismo, violencia despiadada aunque justificada de acuerdo con el relato; retazos históricos, bien trazados, y personajes diabólicos, que es en lo que Connolly se centra realmente, en detrimento de "lo policial".

No dudo de que el irlandés es un buen narrador. Sin duda lo es, pero en ‘El ángel negro’ no ha conseguido dar con el punto exacto y esta muestra de novela satánico-policiaca se torna tediosa, carente de dinamismo. Cuesta avanzar por sus páginas y no porque sea confuso el lenguaje, sino porque, por momentos, pierde interés y tensión. No me gusta establecer comparaciones, aunque a veces resultan inevitables, pero leyendo este negro ángel me he acordado del denostado – y envidiado también, no lo duden – Dan Brown y su celebérrimo ‘Código da Vinci’ que, a pesar de muchos, se ha convertido en un libro referencial. Y me ha venido a la memoria por dos razones. Primera, porque las temáticas guardan alguna similitud, la parte esotérica, y segunda, por la diferencia en los modelos narrativos. Si Connolly ha conseguido que discutiera conmigo mismo, algo no demasiado difícil ciertamente, para acabar la lectura de su última novela, recuerdo que con ‘El Código ...’ me bastaron cuatro tardes, de lunes a jueves, para terminarlo y relamerme. ¿Y eso por qué? La explicación es bien sencilla, se reduce a un problema de estructura. A Brown le podrán tachar de lo que quieran: mal narrador, no lo es; embustero, en una novela cabe todo; escritor de novelas fórmula, por favor que alguien me explique qué es eso... Pero ‘El Código ...’ posee una carpintería interior bien trazada, que atrapa al lector y le hace devorar su relato con una enorme velocidad. Brown utilizó 105 capítulos de cuatro o cinco páginas cada uno y un epílogo. Ello confirió un dinamismo extraordinario a su texto. La acción avanzaba incesantemente, sin detenciones. Cuando leía su novela recuerdo que no decía "hoy he leído cien páginas", sino "hoy he leído veinticinco capítulos". A mi juicio, en esto radica la diferencia entre estas dos novelas ‘policíaco-thriller-esotérico-satánicas’.

Quizá, para ser un poco más comprensivo o benévolo con ‘El ángel negro’, convendría leer las anteriores entregas por el orden en que se editaron y publicaron. Quizá de este modo, circular por el universo de John Connolly resulte más atractivo. Pero sólo quizá.

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‘El ángel negro’, de John Connolly. Tusquets Editores, 2007. Colección Andanzas. 456 páginas, 24.00 euros.

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