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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Posibilidades desdeñadas

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 30 de septiembre de 2007, 22:34 h (CET)
Me da la impresión de que mucha gente abdica de demasiadas cuestiones, ABDICACIONES nefastas, sobre todo a la vista de las consecuencias posteriores. Quizá abrumados, quizá acomplejados: o simplemente, perezosos.

A uno se le van creando por dentro como unas ZONAS de CONDENSACIÓN donde se acumulan sus pertenencias. Algo así como determinados almacenes dedicados a materiales diversos. Como si de fruta, electrodomésticos, alimentos o libros se tratara. En una zona acaparamos novedades, como tales, efímeras y pronto convertidas en recuerdos; es demasiado rápida su transformación, tanto, que exige cambiarle el rótulo; Donde dije nuevo, pongo memoria con una rapidez espeluznante. Almacenamos técnicas profesionales. De manera similar, disponemos de un lugar espacioso para las afinidades y, ¡Cómo no!, de otro reducido para las contrariedades.

De esta guisa, la personalidad propia se estructura, está trabada a los contenidos de aquellos depósitos. A partir de ellos, encaminamos gran parte de las vidas, bien entrando material, acopiando conocimientos y sensaciones; o bien recurriendo al contenido de dichos almacenes para elaborar unas actuaciones concretas. Pasa en la historia personal y pasa en la historia común de comarcas y ciudades. Esos depósitos son peculiares para cada individuo o grupo social.

¿Nos quedamos a ras de suelo sin remontar a mejores vuelos? No cabe duda, se trata de una posibilidad cómoda y por eso mismo es utilizada mayoritariamente. La evidencia nos demuestra que tampoco escasean las maldades, el uso de aquellos bienes condensados para maquinaciones perversas y vidas aniquiladas. ¿Se aplicarán a buenos fines aquellos fondos?¿Qué mejoras podemos obtener? Es una eterna DISYUNTIVA, feroz e implacable; rutina ciega, maldad o buenas intenciones, nos exprimen en la demanda de una respuesta. Y eso ocurre en todas las facetas de la vida, sean familiares, profesionales, políticas o misiones de alto copete; nadie se libra.

Una Guerra Civil no se desencadena por la agresividad verbal de Azaña o por la chulería incontinente de un general ambicioso. La Inquisición o actitudes parecidas nunca son una creación unipersonal. Si se forma, no se forma, como se forma el Gobierno de Navarra; también implicó a diversas tramas. ¿Por qué no se han aclarado aún las oleadas de incendios forestales de Galicia?¿Por qué Nunca Mais se calla, sobre todo cuando el petróleo está en las playas de Ibiza?¿Hablamos de la sonriente transparencia de Zapatero?¿Sacamos a relucir su chistera preelectoral para ofrecer hasta lo que no le pertenece? Podemos también plantear si nos importa o no la doctrina infusa que pretenden imponerles a los chavales. ¡Lista sin término! Como la vida misma. No lo dudemos, rutina, maldad y benevolencia, a partes desiguales.

No queda más remedio, hemos de afrontar las disyuntivas decisivas, aunque la respuesta sea la de permanecer pasivos. ¿Qué hacemos con nuestras cualidades? Por otra parte, y dado que influyen otros factores y protagonistas, con gran cantidad de matices; las causas de un fenómeno suelen desdibujarse, un poco de aquí y de allá. Unas causas serán más determinantes que otras, pero todas juegan su papel y el conjunto se vuelve difícil de precisar. En esta encrucijada me parece importante el concepto comentado por Roger Chartier sobre las CONDICIONES de POSIBILIDAD. Su presencia agrega gran número de circunstancias favorables para que se dé un hecho concreto. Este sucederá en un momento dado, pero son muchas las condiciones previas que lo hicieron posible. Luego se cae la torre, estalla la guerra o se cambia el gobierno por un desencadenante concreto. Suelen olvidarse las numerosas condiciones previas. Uno puede que no sea el autor del disparo, a pesar de la gran evidencia de su participación a la hora de sumar condiciones favorecedores e imprescindibles. Con tantos participantes se promueve la incertidumbre. No obstante, la firmeza y seguridades no siempre cumplen con las apariencias.

Esas confrontaciones nos situan en el CONFLICTO de las FACULTADES kantiano. El bolsillo, el corazón, la proximidad o la formación cultural se enfrentan entre sí a la hora de la calibración de actitudes. Sin ir más lejos, hemos de contar con la complejidad propia de uno mismo, tenemos muchas facetas simultáneas. Ante el fenómeno de la inmigración ilegal, el primer sentimiento es de apoyo vital en esas situaciones lamentables de cada cayuco. En términos europeos, uno se rebela ante el pasotismo del resto de los paises que se inhiben del proceso. Una vez implantados aquí, ¿Tolerancia?¿Asimilación? Surgen planteamientos laborales, económicos, sanitarios, policiales, etc. ¿Cuál es el límite? La benevolencia no usa la misma balanza que la prudencia o la hipocresía. ¿Qué postura adopta uno personalmente? Tampoco es lo nmismo si me limito a un voto distanciado o si el roce es más cotidiano.

Será forzosa la aparición de POSTURAS y conquistas de características muy variadas. Desde nuestros conocimientos y pertenencias, se pasa por conflictos entre unas directrices u otras, pero se van creando las condiciones apropiadas para que cuaje una realidad concreta. Las posibilidades se acercan al infinito. Lo razonable es que esas múltiples intervenciones y puntos de vista conformen un marco propicio, lo exige la dignidad de los sujetos participantes. Si por el contrario precede la colocación del marco, para después proceder a la pintura del cuadro, entramos en los procedimientos coercitivos.

El MALESTAR CULTURAL lo llevamos por dentro, con todas las pulsiones o sugerencias, intentos y proyectos. Coincidimos con diferentes tendencias por parte de los demás. La confrontación es inevitable. A todo ello se añaden los defectos personales de cada interviniente. De ahí la relevancia tan freudiana de las frustraciones. La reconducción del malestar hacia tareas creativas, buscando las nuevas satisfacciones, solicita esa apertura a las mil posibilidades a las que hacia referencia.

Las vibraciones van MADURANDO y crean un caldo de cultivo; este será propicio para que las actuaciones personales y sociales se decanten por una determinada opción. Sean labores profesionales, particulares o políticas, se van confiugurando, se van creando las condiciones para su desarrollo. Ante un hecho concreto, puede haber un factor precipitante al final, que suele confundirse con toda la serie de influencias previas. Conviene destacar esta elaboración previa, suele quedar ensombrecida.

La disyuntiva radica en el tronco del árbol, en la DIGNIDAD de cada persona, según la postura que adopte. Bien como mero expectador, se limita a la observación de cuantas lindezas o atrocidades se dignen presentarle; o por el contrario, participa en los sectores que moldeen aquel ramillete de posibilidades. Esto requiere el cultivo previo de unos terrenos personales abonados y preparados, no es pura y dura improvisación.

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