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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Objetivo Birmania

Diego Contreras (Sevilla)
Redacción
sábado, 29 de septiembre de 2007, 11:31 h (CET)
La dictadura birmana no se ha dejado influir, según parece, por las multitudinarias y pacíficas protestas de los monjes budistas que, acompañados por estudiantes, pretenden el fin de un gobierno que dura ya más de 40 años.

Así pues, la Junta Militar ha optado por poner fin a una situación, que podría ser pre-revolucionaria, de la única manera que puede o sabe hacerlo, con la misma represión que en 1995 causó más de 3000 muertos. El general Than Shwe no va a tolerar que cuatro (o cuatrocientos mil) descamisados le arrebaten el poder que con tanto esmero conserva. Sólo China parece que puede influir algo en las decisiones de la Junta Militar pero, a lo que parece, ni el recuerdo de Tiananmen produce la invitación a realizar alguna reforma democrática en este país. No es de extrañar: el suculento pastel que representa China para Occidente nos convierte en unos cobardes, pues hacemos oídos sordos a la conducta de un país que mantiene, además de la Junta birmana, el régimen nuclear norcoreano, la ocupación del Tíbet, el enfrentamiento con Taiwán o el apoyo a países como Cuba, Venezuela o Vietnam. Todo vale para contentar al león que despierta o, al menos, no incomodarle demasiado. Sólo el arresto domiciliario de la activista Aung San Suu Kyi, desde 2003, parece alguna concesión al exterior, pues lo normal es que ya hubiera sido ejecutada. ¿Dónde estám los defensores de los Dererchos Humanos?¿Dónde la vanguardia progresista que se desvive por las violaciones de éstos en EE.UU u otros países? Cuanta hipocresía. La insoportable presión de los servicios secretos en el interior, la nefasta política de aislamiento internacional y la penosa ruina económica que atraviesa un país rico en recursos naturales y culturales producirán nuevos levantamientos que, a buen seguro, serán apagados con más fuego y represión. Sin embargo, la esperanza parece abrirse camino en la jungla birmana. La democratización bien merece ese esfuerzo y, por supuesto, que la sociedad internacional se entere que el mundo no acaba en Oriente Próximo.

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