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El lápiz afgano del presidente Karzai

Dmitri Kósyrev
Redacción
jueves, 27 de septiembre de 2007, 22:16 h (CET)
En el encuentro anual de la ONU dedicado a la situación en Afganistán, el presidente de ese país, Hamid Karzai trajo un lápiz que con orgullo lo enseñaba a los presentes. Era que antes en Afganistán no se habían fabricado lápices, y como ahora eso ocurre, Karzai escogió ese detalle para demostrar el progreso en su país.

Aunque no está relacionado con la actual sesión 62 de la Asamblea General de la ONU, el encuentro sobre Afganistán se ha convertido en una tradición anual.
La reunión tiene dos copresidentes, el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon y el presidente afgano. En esas reuniones participan representantes de todos los países que tienen alguna relación con la situación afgana. Esos países integran la organización denominada “El Pacto de Afganistán” (Afghanistan Compact), creada en la Conferencia Internacional de Londres sobre Afganistán, a comienzos de 2006. En esos encuentros no se adoptan ningún tipo de resoluciones vinculantes, pero sí se hace un repaso panorámico de la situación creada en ese país tras el derrocamiento del régimen Talibán en el invierno boreal de 2001-2002.

Como en reuniones anteriores, el presente encuentro fue un recuento de los logros y fracasos de cada uno de los países comprometidos en convertir Afganistán en un país normal. En lo que se refiere a logros, a diferencia del lápiz de Karzai, a la delegación rusa le costó mostrar físicamente en la sala de reuniones la marcha del proyecto para la reconstrucción del túnel Salang, o sobre las obras para suministrar energía eléctrica a Afganistán, desde la hidroeléctrica de Sangtudin, localizada en la vecina Tayikistán y que parcialmente, pertenece al consorcio ruso Sistemas Eléctricos Unificados de Rusia (SEUR). Estos proyectos suponen un serio aporte al desarrollo económico de Afganistán. Además, en el encuentro hubo delegados de otros países como India, que también tenía muchas cosas para mostrar.

No obstante, la mayor parte de la reunión fue dedicada a la discusión de problemas como la influencia del narcotráfico en la economía afgana, la impotencia de gestión del Gobierno central, y el mínimo control de las autoridades en Kabul sobre lo que ocurre en la mayor parte del territorio del país.
A juzgar por esa agenda, en principio se puede hablar del fracaso del experimento afgano y también de la necesidad de un cambio serio de la política de comunidad internacional con respecto a ese país.

Los delegados de países reunidos en Nueva York claramente se han dividido en optimistas y pesimistas. Entre estos últimos, se encuentran los representantes de aquellos países que han enviado sus tropas para participan en las operaciones de guerra en Afganistán. Se nota, por ejemplo, que los europeos quieren retirar de allí sus soldados con un deseo similar al que sueñan los estadounidenses para abandonar Irak. Por está razón ya va más de un año que en los encuentros de la ONU sobre Afganistán, y en otros eventos internacionales se escucha las propuestas de entablar negociaciones con algunos líderes del movimiento Talibán con el fin de vincularlos a las estructuras del Gobierno legítimo del país. En algunas provincias afganas, los talibanes han instituido entidades de gobierno paralelas que organizan comicios en donde líderes de ese movimiento son elegidos representantes de esas provincias al parlamento central. Entre los europeos predomina la esperanza de que con algunos líderes de Talibán es posible lograr algún acuerdo y de esta manera, alcanzar una especie de concordia nacional.

Esto parece una muestra de confusión ante el fracaso de las operaciones militares que realizan paralelamente las Fuerzas Internacionales de Asistencia para la Seguridad (ISAF, integrada en su mayoría por europeos) y las fuerzas de la coalición antiterrorista (en su mayoría por estadounidenses). Recordamos que desde el primer momento, Rusia apoyó la iniciativa de la operación militar en Afganistán, pero ahora preocupa la circunstancia de que en esencia, estamos frente a un reconocimiento indirecto de una derrota.

Ahora resulta que precisamente Rusia es la fuerza que bloquea al retorno de los talibanes al poder. Lo que ocurre es que algunos de los líderes con los que los países europeos aspiran a alcanzar un acuerdo, se encuentran en la lista de organizaciones terroristas hechas por la ONU según la resolución 1267.

Para excluir a alguien de esa lista se necesita la mediación del Consejo de Seguridad, y a Moscú permanentemente lo intentan convencer de que no bloquee la resolución correspondiente, pero Rusia no cede.

¿Puede acaso Rusia, u otro país proponer una alternativa al callejón sin salida en que se encuentra el proceso en Afganistán ahora? Actualmente, con buena parte de probabilidades se puede afirmar que esa alternativa existe.

En primer lugar, en el reciente encuentro de forma seria se habló sobre la necesidad de instituir en el país unas Fuerzas Armadas adecuadas.
Entonces nadie podrá afirmar que el Gobierno afgano es una marioneta o juguete de los estadounidenses o los europeos. Llegó el momento de resolver este dilema.

En segundo lugar, tanto Moscú como otros países que no participan en las operaciones militares tienen propuestas y logros encaminados a la problemática afgana.

La reciente cumbre de agosto de la Organización de Cooperación de Shangai (OCS) en Bishkek dedicó mucha atención a la situación en Afganistán.

Resultó que para Kabul la cooperación con la OCS supone la solución de muchos problemas que permanecen abiertos para otros países.

El interrogante aquí es ante que todo, cuanto tiempo tardará la formación de una nueva concepción política en relación a Afganistán.

Una concepción donde el papel clave de la ayuda que se debe proporcionar a ese país la decidan sus vecinos.

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Dmitri Kósyrev, para RIA Novosti.


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