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Final de 'opa'

Pascual Falces
Pascual Falces
jueves, 27 de septiembre de 2007, 22:15 h (CET)
Pregonado a los cuatro vientos el final de la “opa de las opas”, la de Endesa, parece llegado el momento de reconsiderar, por encima, lo acontecido alrededor de ella, y bajo el particular punto de vista de la imprecisable proporción de “capitalismo popular” representado entre su accionariado. Estos accionistas vieron crecer la cotización de sus “endesas” desde el mismo día en que Gas Natural hizo la primera oferta hace más de dos años. La valoración negativa de la misma hizo famoso a Pizarro, el “mandamás” hasta entonces conocido sólo en círculos bancarios y empresariales, que se aprestó aguerrido a una defensa a ultranza de la empresa.

De este modo, se alzó como paladín de la que calificaba de injusta, por devaluada, valoración de la empresa. Además, y de manera simultánea, se hizo público que Gas Natural pagaría las acciones, en parte, cambiándolas por las suyas propias, de menor valor, y, el resto, lo ofrecía en dinero contante y sonante. Del mismo modo, se supo que parte de Endesa sería “desguazada” para ser vendida a quienes se interesaran por esas partes componentes de la misma.

Añádase el entorno “político” de toda la operación, y en la que se veía un descarado interés del gobierno de ZP -en otras de sus acrobáticas payasadas para seguir aferrado en La Moncloa-, por dotar de un capital y de una importante empresa multinacional, al regionalismo catalán. La “opa”, de este modo, se tiñó de ocultas maniobras, y la calificación de “a la catalana” se impuso sobre la opinión pública generando el natural rechazo. Por “oscurita”, como dirían en México.

Resultaría farragoso hacer memoria de las idas y venidas del curso que siguió la operación desde que un financiero catalán del gas afirmase que ellos ponían “la semillita”, y que dentro de “nueve meses” se tendría el resultado, el fruto. Con todo ello, la cotización iba subiendo día a día, como si la oferta le hubiera despertado del letargo en que se mantenía desde hacía años. Luego, aparecieron los alemanes de ENRON, y, entonces, la cotización se disparó con pequeñas oscilaciones hacia las alturas. Hasta los respectivos gobiernos llegaron a enzarzarse por ver quien se llevaba “el gato al agua”, y la administración de la Unión Europea tomó cartas en el asunto. Con todo, el valor de una acción de Endesa, llegó a triplicarse desde que Gas Natural descubriera sus intenciones de adquirir la empresa para regocijo de los “accionistas populares”, es decir, de los que representaban individualmente modestas cantidades, pero que resultaban una importante proporción. Lógicamente, los grandes accionistas, como p.e. Caja Madrid, frotaban sus manos con mayor razón.

De repente, y como por “arte de birlibirloque”, y sin que tuviera ya gran repercusión en la cotización, aparecieron quienes, por fin, se han adjudicado la “opa”. El consorcio entre la Empresa pública Italiana de electricidad y un acomodado accionariado español, es el nuevo propietario de Endesa. Los catalanes, dicen ahora que “elegantemente”, ya no dieron señales de vida. El paladín, como en el cuadro de Las Lanzas, ha hecho reverencia de pleitesía y entregado las llaves de la plaza, y, de momento, hace mutis por el foro. Los accionistas minoritarios que han quedado, porque la mayoría se han ido desprendiendo de sus acciones transformándolas en metálico a unos precios que ni había soñado, pasan a ser parte del nuevo juego que el gran capital se traiga con Endesa.

Eso, como modestos accionistas, porque, como usuarios de energía eléctrica, como cualquier “pagano” del recibo de la luz, soportarán el inevitable recargo que tantos avatares y dispendios ha llevado consigo la “operación”. Dinero del que los nuevos dueños tendrán que reponerse, y ahí viene “el final de la opa”, que, no es completamente, de “colorín colorado”.

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