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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Por qué y para qué

Marino Iglesias Pidal
Redacción
jueves, 27 de septiembre de 2007, 11:52 h (CET)
El porqué no puede buscarse en Él. Puede llegar a ser más o menos listo, o ni siquiera listo, “echao palante o patrás”... Nada de esto importa. Y es que antes de nacer no pueden saberse esas cosas. Pero a su posparto no le afectan las virtudes o defectos, antes de nacer, el destino ya ha decidido que él sea Él. Vamos, que está predestinado para que, no menos de una vez al mes, le toquen un bonoloto y primitiva únicos, involuntariamente – igual hay quien dice que lo hace muy a gusto, pero yo no me lo creo – patrocinados por los contribuyentes. Para esta suerte, solo una condición: ser rama de árbol coronado. Cumplido este requisito, ahí está, puesto por la gracia de Dios y la mano de un hombre. Contestado el Porqué.

Para qué. Veamos... ¿para conseguir que los chinos nos presten una pareja de pandas que nos van a salir por un pico? Son una entrañable maravilla, los pandas, digo. Si los tuviera más cerca, sin duda, con mucho gusto pagaría la entrada para verlos y bastante más pagaría por hacerles unas currusquetas, pero claro... A mí, ya no es que no me salga un mísero loto ni de coña, es que, claro, mi mujer no me dejaría ir sólo, ella también querría ir... una o quizá dos noches de hotel...Bufff... ¡Qué va! ¡La pensión de dos meses, mínimo! No podré conocer a los panda de manera presencial. Aydios. Se me fue el santo.

Estaba buscando el “Para qué”. En el pasado, yo, no voy a encontrarlo, ¡pero!

Fuera memeces para memos, espabilados y otras avis, no raras sino en bandadas. Los españoles somos discriminados en tierras españolas. En determinados lugares de nuestra geografía se nos niega la posibilidad de acceder a un puesto de trabajo, a determinados servicios, y se nos entorpece todo lo posible nuestro diario vivir si no hablamos determinado idioma, el nuestro no sirve. Somos la diana de todo tipo de dardos envenenados y rastreros... No voy a enumerar las vejaciones una a una, la lista ser haría interminable y todo, TODO quisque las conoce, aunque muchos pelamangos puedan negarse a reconocerlo. ¿Y quién le pone coto a esto? Porque no se puede decir que “esto” sea de ahora y aún no se haya salido del imprevisto. Dado el tiempo que llevamos en esta movida y vista la actuación de los elegidos por la mayoría para dirigir este país, la impresión, objetiva hasta donde puede serlo, que uno tiene es que, en vez de hacer cumplir la ley, otorgan licencias para pasársela, ¿cuántas astas viudas sin difunto de la enseña nacional? ¿cuántos personajes comiéndose los stop constitucionales que les viene en gana?...

Y una cosa es que haya – es natural - quienes tienen el amor justo para amar a su tierra y no les dé para amar también a España, y que el destino de esta nación sea, vaya usted a saber, desaparecer para convertirse en no sé cuantas, si es así pues que el destino se cumpla de una puñetera vez, pero otra cosa es que se cisquen en el resto cada vez que quieran y como quieran, y mientras España limite al Norte con el mar Cantábrico y los Pirineos, al Este con el Mediterráneo, al Sur con... ¡Jose! ¡Eran pocos estos y parió la abuela de los otros! Echo para otro lado.

Estaba por decir que las circunstancias parece que hubieran decidido ponérselo como se las ponían a un antecesor suyo. La escucho yo, pero la voz de la historia se dirige a Él: No quiero que llegues a mí sin dar respuesta al “Para qué”. Esta es tu oportunidad de cambiar el “se le supone” de tu libreta militar. Ha llegado el momento de que pongas tus reales colgantes sobre la mesa. Porque eres la última cantimplora en el desierto de los españoles. ¡Échale bolas!

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