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La clave de ambos problemas en manos de Kazajstán

Dmitri Kósyrev
Redacción
miércoles, 26 de septiembre de 2007, 23:06 h (CET)
Es prematuro hacer conjeturas respecto al tema principal de la tradicional reunión de septiembre que los líderes mundiales celebrarán en el marco del 62º período de sesiones de la Asamblea General. Si se convierte en realidad el plan del Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, se dará prioridad al cambio climático global. Pero si sucede lo que, de palabra, nadie desea, el problema número uno será Irán, mejor dicho, las amenazas de guerra contra Irán que las últimas semanas parecen ser muy verosímiles.

En ambas discusiones podrá, inesperadamente, devenir clave el papel que desempeña Kazajstán como país que posee brillante escalafón de lucha por una ecología exenta de nocividad en bien del desarrollo; como vecino de Irán y, a la vez, como Estado que cumple una misión específica y nueva para el mundo enfrascado en la búsqueda de sistemas modernos de seguridad regional.

En lo que respecta a la ecología, en Nueva York será debatido a fondo el tema relativo a encontrar una herramienta capaz de sustituir el Protocolo de Kyoto, este primer intento de regular a escala internacional las emanaciones antropógenas de bióxido de carbono. Primero, pero nada ideal. La ideología que preside el Protocolo, cuyo plazo de vigencia se extingue en 2012, ya sufrió el primer golpe en el reciente Encuentro Cumbre de la APEC en Sydney. Se espera que en Nueva York prosigan los debates en torno a un nuevo instrumento, distinto del Protocolo de Kyoto, capaz de persuadir a todos los países claves de participar en un nuevo sistema de conservar intacto el clima. Se requiere mayor voluntad y apoyo a los países que quisieran, pero están imposibilitados de suspender su correspondiente producción, ya que les faltan recursos para hacerla ecológicamente más limpia. En todo caso no se puede permitir que parte apreciable de Estados, casi 200, integrantes de la comunidad internacional, siga considerando la lucha por el clima como conspiración de los países desarrollados tendente a refrenar el progreso de los países en desarrollo.

En esa discusión la importancia de Kazajstán en la solución de este problema consiste en que el país es representante de una vasta e influyente región: el Asia Central. A este respecto, procede señalar que desde noviembre pasado Kazajstán es el primer Estado centroasiático que figura entre los 54 Estados-miembros del ECOSOC (Consejo Económico y Social). A partir del año que viene, en esta estructura Kazajstán va a representar el área asiática. Además, el pasado mayo Alma Atá fue anfitriona de la 63ª sesión de la Comisión Económica y Social de la ONU para Asia y el Pacífico (CESPAP) que agrupa a más de 50 naciones. Dicho en otros términos, Kazajstán se promueve al papel de activo participante de los debates que se libran en torno a los problemas que desde hace tiempo atraen vivo interés de su administración. Por ejemplo, en su economía Kazajstán concentra esfuerzos en implantar las tecnologías ecológicamente limpias y ahorrativas de energía, tendentes a prevenir la deforestación del planeta. Los habitantes de Kazajstán conocen perfectamente el tema de debate, un testimonio de lo cual es que ese país busca prevenir la desaparición paulatina del Aral y resuelve el problema del polígono contaminado de Semipalátinsk.

Indudablemente, en su discurso en la Asamblea General de la ONU el presidente del país, Nursultán Nazarbáyev, expresará ciertas ideas al respecto. No se sabe si aborde otro tema: las amenazas de aplicar sanciones o simplemente de desatar una guerra contra Irán, que parten de la UE y EEUU. O, tal vez, el peligro de que Irán vaya a crear su propia arma nuclear y, en pos de éste, lo hagan también Arabia Saudita, Egipto, Israel y cualesquiera otros países, lo que podrá suceder en proximidad inmediata de las fronteras en el Suroeste de Kazajstán.

Es evidente que la comunidad mundial se vio atollada respecto al “problema iraní”. La voz cantante la llevan dos grupos de Estados: EEUU y la UE, Rusia y China. Pero resulta que las opiniones de estos dos grupos divergen y sus esfuerzos recíprocos se hacen nulos. Por ejemplo, la vía negociada en que insisten Moscú y Pekín, se ve bloqueada por las amenazas de EEUU y la UE, y al contrario.

¿Podrá Kazajstán aportar algo nuevo por principio, teniendo en cuenta su especial situación geopolítica? A este respecto procede mencionar lo dicho por Nazarbáyev: ” Somos conscientes de lo difícil que es erigir un edificio estable de seguridad regional encontrándose en el entronque de tres plataformas tectónicas de la geopolítica contemporánea. La vecindad con dos importantísimos Estados: Rusia y China, y la poderosa gravitación cultural del mundo islámico imposibilitan formar un sistema de seguridad estrictamente regional”.

Por eso Kazajstán tiene fama de saber desarrollar las relaciones mutuas amistosas y pronosticables con todos los Estados que desempeñan esencial papel en el quehacer mundial y representan interés práctico para la república. El país tiene la posibilidad de conversar con EEUU e Irán sin provocar sospechas de parte de cada uno de esos interlocutores muy especiales. Kazajstán es también parte importante de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) siendo promotor de la Conferencia para la Cooperación y las Medidas de Confianza en Asia (CMCA). Por último, desde el 2002 Nursultán Nazarbáyev propone crear en Alma Atá el Centro Regional de la ONU de prevención de conflictos y de diplomacia preventiva en el Asia Central. Como resultado de la labor efectuada conjuntamente con la ONU sólo se llegó al entendimiento de que el Centro tendrá que concentrarse ante todo en ayudar a los Estados del área a prevenir eventuales conflictos y otras complicaciones capaces de ejercer influencia negativa en la situación regional, lo que ahora podrá ser útil.

¿Surtirán efecto esta experiencia de Kazajstán y su actitud singular para superar el atolladero iraní? Por lo menos, es obvio que no existen otros países teniendo una postura igualmente favorable como la de Kazajstán para aplicar una diplomacia nueva.

Si Nazarbáyev logra siquiera designar el papel especial de su país en la búsqueda de soluciones nuevas de dos problemas mencionados (clima e Irán), Kazajstán volverá a demostrar que a escala mundial ya tocó el turno a los nuevos Estados capaces de hacer su aporte a la creación de un orden mundial más razonable.

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Dmitri Kósyrev, para RIA Novosti.


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