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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Un panorama sombrío

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 26 de septiembre de 2007, 23:06 h (CET)
No sólo tenemos separatismo puro y duro, sino que también hortera y mal educado. Las consecuencias de la lenidad con la que el señor ZP ha venido tratando a los partidos separatistas, tanto del País Vasco como de Cataluña, ha dado lugar a que los miembros más extremistas de dichas formaciones se hayan sentido autorizados para radicalizar su modus operandi hasta alcanzar extremos que, no sólo se apartan de cualquier actuación democrática de protesta; de los métodos admitidos por la libertad de expresión más permisiva y de las actitudes civilizadas de presentar una protesta, sino que también han incurrido en el chabacanismo hortera; en la zafiedad de quienes desconocen la más elemental forma de comportarse y en la misma intolerancia y fanatismo de aquellos que han bebido de los más bajos arroyos del detritus del progresismo fanático e insolidario.

Los recientes acontecimientos ocurridos en Gerona y en Lizarra, dos lugares geográficos alejados por muchos kilómetros de distancia pero, al parecer, aunados por las mismas ideas revolucionarias y revanchistas, que les hacen odiar todo lo que tenga el marchamo de español o la referencia a España como nación; se han decidido a saltarse el Estado de Derecho, la Constitución –aprobada por la inmensa mayoría del pueblo español – y la misma democracia, que se proporcionaron a sí mismos los españoles, de la mano de Adolfo Suarez; para saltarse a la torera la voluntad mayoritaria de la ciudadanía y hacer mangas capirotes de las instituciones, la legalidad y el orden, con la única y despótica intención de establecer un estado totalitario a su medida; para cuyo fin no dudan en hacer uso de la fuerza, la coacción y las amenazas con tal de imponer el libertinaje, sus absurdas y trasnochadas reivindicaciones nacionalistas y demandar a la Nación española por supuestos agravios cometidos contra sus hipotéticos derechos territoriales.

Cuando la ley y el orden dejan de ser el objetivo prioritario de cualquier gobierno; cuando el sistema se basa en el engaño a la ciudadanía; en la proscripción de los elementales principios éticos y morales; en cohabitar con los antisistema y en tolerar las actividades terroristas encaminadas a destruir el régimen establecido y, por añadidura, el ordenamiento jurídico deja de ser libre e independiente para reclamar el cumplimiento de la ley; entonces, lo probable es que se produzca un vacío de autoridad que permita, a aquellos que buscan pescar en río revuelto, sacar ventaja de la debilidad de quienes tienen la obligación de hacerse respetar y hacer que se respete la ley. Es evidente que el señor ZP se encuentra atrapado en las redes que el mismo tendió y que se creyó que le iban a perpetuar en el poder. Los nacionalismos, de los que se ha valido para gobernar, pero que ahora le reclaman su tajada de la tarta y su apuesta por la llamada “pacificación” de ETA. El batacazo mayúsculo del fracaso con los etarras; el rídiculo en el que le ha puesto la banda terrorista con sus revelaciones a Gara y su enfrentamiento directo con las víctimas de los asesinados inocentes en manos de los criminales abertzales; han sido, juntamente con la aprobación del Estatut catalán, cargas de profundidad contra su leyenda de persona apacible, honrada políticamente y negociadora. La ciudadanía ha empezado a dudar de él; los colaboradores que le han rodeado se han dedicado a crear problemas, dar golpes en el vacío y, en muchos casos, dar buenas muestras de inexperiencia cuando no de incapacidad absoluta. Su legislatura ha estado salpicada de cacicadas, imposiciones, prohibiciones, cambios de rumbo, mentiras absurdas y acusaciones contínuas a la oposición del PP que, sin gobernar, parecía que fuera quien llevara las riendas de la Nación.

Sin duda que en el tiempo que lleva gobernando Zapaatero ha despilfarrado el enorme capital político, que conquistó durante los primeros meses de su mandato; sin embargo ahora, a las postrimerías, cuando se acercan los comicios, ha entrado en una desesperada caída hacia delante en la que, cueste lo que cueste, pretende comprar los votos de aquellos a los que desengañó con su política errática, inconsistente y basada en sus corazonadas, ofreciéndoles los regalos que les ha estado hurtando durante los tres años y medio de su estancia en el poder. Incluso da por novedades propuestas que ya había inciado hace tiempo (sin ningún efecto, por supuesto). Está empeñado en corregir, en unos pocos meses, todas las pifias que ha cometido en el terreno internacional, las principales de ellas fueron el enfrentamiento con los EEUU; las cesiones ante Marruecos; el meterse en la guerra del Líbano y, después de despotricar contra Aznar por la guerra de Irak, cuando él ha enviado a morir soldados españoles en Afganistán. Los únicos amigos con los que cuenta, en el exterior, son los tristemente célebres Chávez de Venezuela; Evo Morales de Bolivia y Rafael Correa del Ecuador y, por supuesto, el señor Castro de Cuba; cuatro dictadores que han abolido las libertades en sus países y gobiernan con puño de hierro a los ciudadanos, a los que no les queda ni el recurso de manifestar su descontento, porque les han cerrado todos los medios de comunicación donde pudieran hacerlo.

Y como postre, por si tuviéramos alguna duda de cuál iba a ser su comportamiento si ganara las próximas lecciones, ya nos ha dicho que continuará negociando la “pacificación” de España, como si estuviéramos en guerra. Pero ya le entendemos, ya sabemos que lo que tiene entre ceja y ceja es amnistíar a ETA, para ello les pidió que no mataran hasta marzo, para así evitar que le perjudiquen sus posibilidades de volver a ganar. Se conforma con que no maten hasta marzo, supongo que después ya tendrán permiso para hacerlo, porque él volverá a ser Presidente y estará dispuesto a cederles Navarra. Aragón y hasta la Conchinchina si se la piden. Pero la ciudadanía está dormida, ni se entera de lo que está pasando, inmersa en esta abulia propia de los que las ven venir pero no se preocupan por ello. Yo creo que a los españoles les han inyectado horchata en las venas, aunque, visto lo visto, parece que los hay a quienes les hayan introducido sangre del mismísimo diablo.

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