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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Vacaciones estresantes

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 26 de septiembre de 2007, 23:06 h (CET)
Las vacaciones, período de ocio que tendría que servir para recargar las pilas emocionales y así poder regresar a la rutina de los días laborales con optimismo, se convierten en una pesadilla. Además de los inconvenientes que a menudo surgen, se deben añadir los agobiantes colapsos en las carreteras, los estresantes viajes aéreos con los largos retrasos que se producen en los aeropuertos y las pérdidas de equipajes, además de otros inconvenientes que serían largos de detallar.

Cuando uno debe afrontar las tareas laborales y las domésticas después de las «reparadoras vacaciones» debe hacer reajustes psicológicos para poder recuperar la normalidad emocional, si ello es posible. Una vez recuperada la rutina se sueña con el primer puente para aprovecharlo para descansar. El invierno se acerca y se hacen planes para disfrutar las delicias de la nieve. Meses previos al verano se planifican con todo detalle y esmero las próximas vacaciones con la esperanza de que no se repitan los tropiezos anteriores. Es un ciclo que no se cansa de reproducir. Se parece a los dos enojosos cambios de horario anuales que perturban a nuestro reloj biológico. El descanso del alma que es lo que verdaderamente se persigue, no se obtiene.

La educación de nuestro tiempo es materialista, es decir, que sólo tiene en cuenta lo que se puede captar con los sentidos. Así que, margina unas realidades espirituales que tienen mucho que ver con el bienestar de los educados.

Jesús, a quien muchos consideran como un gran maestro, nos da detalles de lo que existe en el mundo invisible que no se pueden analizar con la probeta y el microscopio. Nos comenta de la existencia de un ser maligno llamado Satanás y Diablo. Este ser invisible y espiritual no tiene ningún parecido con los diablos cornudos, con cola y provistos de unos amenazadores tridentes, que son los protagonistas de los pastorcillos en las representaciones navideñas o que espantan a los niños en los pasacalles festivos. Estos personajes de ficción no se parecen en nada con el malvada criatura que Jesús describe con estas palabras: “El diablo, ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan,8:44).

Cuando Jesús dice que “el diablo ha sido homicida desde el principio”, nos transporta a los orígenes de la raza humana, en el Paraíso, donde, con sus mentiras consiguió hacer creer a Adán y Eva que podían comer impunemente el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal que Dios les había prohibido. El resultado de la desobediencia fue la muerte física que se produjo en Adán cuando tenía nueve cientos treinta años. Inmediatamente después del desacato murió espiritualmente. Lo que es la muerte física lo entendemos perfectamente porque estamos familiarizados con ella. ¿Qué es la muerte espiritual? Es la separación de Dios. Hasta el momento de la desobediencia, Adán y Eva mantenían cordiales relaciones con su Creador. Ahora la enemistad prevalece. En esta situación de muerte espiritual el ser humano piensa que puede funcionar prescindiendo de Dios.

Siendo el ser humano un cadáver viviente, las profundidades de su alma se convierten en algo parecido a un mar embravecido por la actividad de un fuerte tsunami que la sacude. Un desasosiego persistente perturba al alma. Como en este estado de alejamiento y enemistad no tiene en cuenta a Dios, engañado por el Diablo, el padre de la mentira, pretende calmar el malestar interno con cosas externas. En el caso de las vacaciones que comentamos, con todo aquello vinculado con la industria del ocio. El resultado no satisface. La tormenta sigue sacudiendo su alma. La situación empeora por momentos. El resultado es la amplia gama de trastornos psíquicos que golpea a nuestra sociedad.

Si la persona cuya alma es zarandeada por el terremoto fuese inteligente y se preguntase sinceramente si tienen solución los trastornos psíquicos que padece, oiría imperceptiblemente la dulce voz de Jesús que le diría: “Ven a mí tu que estás trabajado y cargado, y yo te haré descansar”.

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