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Voluntarios

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
miércoles, 26 de septiembre de 2007, 23:06 h (CET)
En los paneles informativos cambiantes instalados por mi Ayuntamiento, he leído: “Disfruta de tu tiempo libre dedicándote al voluntariado”. La idea que yo tengo de disfrutar no me parece aplicable al trabajo de voluntario. Se puede disfrutar coleccionando sellos, jugando al ajedrez o montando en bicicleta, pero asumir compromisos desde la pura gratuidad y mantenerlos, es algo distinto. Dedicarse al voluntariado no es distraerse y matar el tiempo, es algo mucho más serio.

La Ley del Voluntariado de Andalucía, que me parece bastante buena, establece como principios básicos de la acción voluntaria la libertad, la participación, la solidaridad, el compromiso social y la autonomía respecto de los poderes públicos y como funciones la detección de necesidades sociales, existentes o emergentes, la defensa de derechos individuales y colectivos, la sensibilización social, la reivindicación y la denuncia, el fomento de la educación en valores de solidaridad y cooperación y de iniciativa social. Por último señala la intervención directa o la colaboración complementaria de la acción de los profesionales, sin que en ningún caso la acción voluntaria pueda reemplazar las actividades que estén siendo desarrolladas por medio del trabajo remunerado.

El voluntario puede dedicarse a una acción asistencial directa, pero siempre complementaria, sin que pueda sustituir al trabajo remunerado de los profesionales. Pero también puede dedicarse a las otras funciones antes indicadas que exigen una decidida implicación social, el estudio serio de los problemas, la propuesta de soluciones, la exigencia de respuestas. Todo esto no es un entretenimiento para desocupados ni debe ser un trampolín para entrar en la política o encontrar un puesto de trabajo en el caso de los jóvenes. La acción voluntaria debe ser tan radicalmente gratuita que no busque siquiera promoción social o política, ni fama, ni reconocimiento.

La acción voluntaria de implicación social no puede realizarse, normalmente, de forma individual sino asociada, pero la creación de cualquier tipo de asociación o fundación, exige de inmediato recursos para funcionar, especialmente si organizan directamente acciones asistenciales, en cuyo caso pueden entrar en el peligroso sistema de las subvenciones públicas, que pueden cercenar su libertad y hacerlas absolutamente dependientes de las políticas partidarias.

Pero si hay asociaciones de voluntarios que no necesiten recursos ajenos pero que estudien seriamente los problemas sociales y posibles soluciones, tendrán plena libertad para dialogar con cualquier gobierno con voz propia, evitando el lazo del clientelismo político. Depender de las subvenciones de cualquiera de las distintas administraciones, implica necesariamente establecer contactos y relaciones con la clase política y una pesada servidumbre.

Por eso sugiero a quienes quieran dedicarse al trabajo voluntario que piensen si se sienten llamados a complementar tareas asistenciales o a implicarse en la detección de problemas y necesidades sociales, defensa de valores y derechos o reivindicaciones y denuncias. Tanto una forma como otra me parecen igualmente respetables siempre que signifiquen un compromiso serio y no una mera distracción.

Por supuesto que todo el mundo está en su perfecto derecho de disfrutar del tiempo libre y divertirse, pero el voluntariado es otra cosa.

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