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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Aznar en Polonia

Mario López Sellés (Madrid)
Mario López
martes, 25 de septiembre de 2007, 22:26 h (CET)
Nuestro infatigable héroe de Perejil, José María Aznar López, ha vuelto a la escena pública para ofrecer una de sus célebres –digámoslo así- conferencias. En esta ocasión lo ha hecho alertándonos de la amenaza que supone el nacionalismo para Europa. Y lo ha hecho nada menos que en Polonia, uno de los países más veces agredido en su identidad nacional. Entonces, si su discurso no iba dirigido a Polonia, ¿a quién estaba dedicado? ¿A sus vecinos de Lituania o Chequia que no hace mucho pagaron con sangre su propia independencia? ¿Sabe don José María lo que significa nacionalismo? Por si fuera que no, he aquí la definición: “doctrina o filosofía política que propugna como valores el bienestar, la preservación de los rasgos identitarios, la independencia en todos los órdenes y la gloria y lealtad a la nación propia”. Y debería saber también que Polonia y sus vecinos son profundamente nacionalistas y, aunque estén en discusión, también lo son Euzkadi, Catalunya, Irlanda del Norte y Escocia. Ningún europeo demócrata entiende que el nacionalismo pueda ser un peligro para nuestra Unión, fundamentalmente porque todos los países que la constituyen son profundamente nacionalistas. Hablar del peligro nacionalista en Polonia es mentar la soga en casa del ahorcado. El nacionalismo puede ser una materia muy interesante a tratar en cualquier lugar del mundo, siempre que se utilice el discurso adecuado.

Lo que yo creo es que el presidente de la FAES prepara sus conferencias como Jorge Segura o Ignatius –de la Paramount Comedy- sus monólogos. Quizá sea su amor a las tablas lo que le pierda. Yo le sugeriría –con la mayor humildad- que cuando escriba sus discursos no piense en “los monólogos de la vagina” de Eve Ensler, sino en algo más bien del estilo de “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” de Winston Churchill. Es lo que se llama adecuar el discurso a la materia propuesta.

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