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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Una nueva legislatura para consumar la partición de España

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 25 de septiembre de 2007, 22:25 h (CET)
Bien, señores, aquí tenemos el ejemplo de lo que nos espera a corto plazo a los que vivimos en Catalunya y a lo que les espera, a medio plazo, al resto de ciudadanos que viven en el resto de España. El señor Vendrell (ERC) ya nos ha anticipado la visión de la situación, al decirnos que los de Terra Lliure fueron los que despertaron la conciencia nacionalista de los catalanes y, debo suponer, que esta conciencia suponía que, como está ocurriendo en la actualidad, se tuvieran que perpretar amenazas de muerte y editar carteles macabros con fotografías del líder de Ciutatans per Catalunya con una bala de verdad, sin percutir, introducida en su frente y rodeada de sangre. Amenazas de muerte a los señores Fernández y Rivera, sin que el gobierno de la Generalitat se haya inmutado ni haya emprendido ninguna acción legal para detener a los culpables los que, por otra parte, no creo que sean muy difíciles de identificar. Pero la muestra de que el Tripartit no tiene la menor intención de actúar ha sido que no ha habido ni una sóla nota de apoyo a los amenazados ni la más mínima condena para los autores de tamañas barbaridades. Pero no perdamos de vista las señales que nos llegan del señor ZP; al parecer no ha cejado en su propósito de negociar con los de ETA, a pesar de que estos cada vez se lo están poniendo más difícil. En unas declaraciones recientes ha afirmado que si gana las elecciones continuará con su política de “pacificación” o sea de “rendición incondicional ante los etarras”.

Ejemplo de cómo están yendo las cosas los tenemos en Lizarra, donde la alcaldesa, una moderna Agustina de Aragón, se defiende con coraje de los contínuos intentos de agredirla, insultarla y amenazarla, por parte de unos centenares de descerebrados que entienden, de esta manera, la democracia. Lo mismo sucede en Lequeito y en tantas otras ciudades vascas y navarras. Se niegan a colgar la bandera española de los mástiles de los edificios públicos ante la indiferencia y abulia de los fiscales (no se olviden de que su jefe es el inefable Conde Pumpido, gran sirviente de ZP en favorecer la negociación con ETA) que se abstienen de cumplir con su deber de instar a los jueces para que actúen contra esta ofensa a los españoles y desobediencia a la sentencia del Supremo, que obliga a colocarla en aquellas dependencias. Pero no queda aquí el desconcierto que reina entre la ciudadanía, porque observamos como, en Gerona, se siguen cometiendo actos vandálicos con quema de las efigies de los Reyes y, por lo que hemos visto que sucedía con el primer detenido ( en libertad sin fianza), nos es fácil colegir lo que va a ocurrir con los detenidos por la policía municipal de Figueras bajo la acusación de injurias a la corona. Son dos sujetos pertenecientes a un grupo separatista extremista que se denominal los “maulets”. Saldrán inmunes como el otro.

Y es que ya no se trata de ser simpatizante con la corona o no, porque lo que se está cuestionando es la vigencia de nuestra Constitución de 1978; se trata de destruir las raices del Estado español, socavar las Instituciones y desmontar esta débil democracia que, gracias al gobierno de ZP, ha quedado sometida a los vaivenes de los grupos separatistas que campan por sus respetos en toda Catalunya y el País Vasco y que, si Dios no lo remedia, se extenderán a otras comunidades como las Baleares, Galicia y Canarias. Lo desesperante de esta situación es que, hace tres años y medio, cuando el PSOE llegó al poder, no había el menor signo ni oportunidad de que se pudiera producir semejante cambio en España. Los de ETA estaban arrinconados, acosados y en vías de extinción; los catalanes suaves como un guante y, tanto gallegos como baleáricos o canarios, ni soñaban en caer bajo las garras del independentismo. Ha sido ZP quien ha armado este zipizape entre separatistas y nacionalistas; entre españoles de derechas y de izquierdas; entre los de un bando u otro de la guerra civil; resucitando de los rescoldos de aquella contienda las ascuas que pueden prender de nuevo los odios y las venganzas entre españoles. Este zascandil que usa la política para desmembrar la patria y convertirla en terreno abonado para que medren todos estos grupos extemistas, progresistas y tercermundistas –que todavía sienten en sus entrañas el odio hacia todo lo que sea orden, religión, moral y ética y que prefieren vivir bajo la ley de la selva que les permita sumerjerse en el libertinaje, la ley del más fuerte, y la negación de cualquier principio de orden y respeto por las ideas y los derechos de los que no piensan como ellos –, lleva entre ceja y ceja el consumar su rencor atávico contra el PP y la derecha, destruyendo y desmigajando nuestra Nación.

Ahora ha llegado el momento de adormecer a la ciudadanía, de embaucarla con abalorios y promesas (cuánto me recuerda a aquellos exploradores que cambiaban oro por cuentas de cristal y bebida, engañando a los pobres indígenas de África o Polinesia) para comprarles el voto que les permita acabar, de una vez, con la España democrática; para lo que, con una legislatura más, tendrán suficiente si tenemos en cuenta lo que han conseguido destruir durante la primera. No es a los reyes a quienes en realidad quieren afrentar estos gamberros terroristas ( porque esto es lo que son estos independentistas hijos de los de Terra Lliure), sino que, con estas acciones, están desafiando a España, amenazando a todos los españoles por considerarlos sus enemigos a los que hay que vencer, utilizando las armas de la rebelión, la opresión y la imposición de sus ideas por la fuerza, No les interesa una democracia, no les interesa debatir sus ideas en el Parlamento y no les interesa, ni mucho menos, que se restaure la normalidad, que regrese el PP para poner cada cosa en su sitio y atarles cortos por el ronzal. En definitiva, no les interesa el orden, la paz y la convivencia. Lo que puede ocurrir es que tanto tiren de la cuerda que, en un momento dado, se les rompa en sus propias narices. Luego que no se quejen.

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