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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Los óbolos de Zapatero

Sergio Brosa
Sergio Brosa
lunes, 24 de septiembre de 2007, 23:15 h (CET)
El presidente Zapatero dio el pistoletazo de salida para la previa de las elecciones que se suponen serán el próximo mes de marzo de 2008. No queda mucho tiempo, por lo que todos los partidos han empezado a afilar la punta al lápiz.

Y así, afinando la punta, el gobierno se ha percatado de que se le ha quedado mucho por hacer. Un plan de vivienda serio y duradero que mitigue la burbuja inmobiliaria y propicie que los jóvenes puedan construir su hogar sin necesidad de construirse un piso de propiedad, porque no tienen dinero para pagarlo, pues no han ganado aún la solvencia profesional y económica necesaria para acometer semejante aventura inversora que no ahorrativa; tienen derecho sí, a un piso de propiedad, lo que no tienen es dinero. Igual que las personas de edad que vivieron toda su vida activa en un piso de alquiler que era entonces lo usual y ahora se encuentran que, por las buenas o por las malas, al final de su vida útil a la sociedad, deben buscarse una vivienda digna, pues los planes de esponjamiento urbano de ciertas áreas de algunas ciudades o las argucias torticeras de promotoras inmobiliarias, al parecer transparentes a los ojos de la Autoridad en muchos casos, conminan a los ancianos a dejar sus hogares de toda la vida, por temor a las amenazas directas o veladas que reciben; y no disponen de recursos para empezar de nuevo.

También podría el gobierno haber estructurado un proyecto de desarrollo demográfico equilibrado geográficamente y estable en el tiempo, en el que tuviera cabida no sólo la inmigración que debería estar ya regulada y planificada de forma que todos cuantos oyeran la llamada de España, supieran a qué atenerse en cuanto a requisitos y posibilidades reales de establecerse en Europa, entrando por nuestro país, sino también los que se encuentran ya aquí tuvieran igualmente la posibilidad de saber qué será de ellos, según su situación más o menos irregular. Y las parejas estables, de hecho y de derecho conociesen de igual forma las ayudas con las que podrían contar, a la hora de hacer su planificación familiar; tener la posibilidad cierta de poder llevar a sus hijos a una guardería que no les supusiera la realización de horas extraordinarias para poder pagarla. Y que luego tuviesen la certeza de que podrían también llevar a sus hijos a un colegio público en su barrio y no en las quimbambas.

Y tantas otras cosas que son obligación de un gobierno que se tenga por serio y formal. Pero cuando ha transcurrido la legislatura efectiva y sólo queda de ella el último octavo que es el que sirve para empezar a hacer balance de lo ejecutado e intentar la reelección, se da cuenta Zapatero que se le ha quedado tanto por hacer que no tiene más opción que aferrarse a los óbolos y mirar de echar para delante en la forma que sea.

Así, da instrucciones a sus ministros, sobre todo a los nuevos que no tendrán tiempo de redactar leyes que les hagan un sitio en la historia por la proximidad de las elecciones, para que improvisen lo que sea, pero que hagan algo, rápido y sonado.

Dicho y hecho, el ministro de Sanidad, Bernat Sória, anuncia dentista gratis para los niños y para las niñas también, claro está; la atención bucodental para niños de 7 a 15 años y personas con gran discapacidad será gratuita. Y el ministro procurador, el del dinero, Pedro Solbes, que no tenía noticia del asunto, pues es ya sabido que, a pesar del secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros, la mayoría de las decisiones ministeriales no pasan ya por él, se tienta la ropa, como buscando la cartera y pregunta esto quién lo paga, pues en los presupuestos no está previsto.

Por otro lado, las comunidades autónomas con las competencias de sanidad transferidas, aprovechan para decir que el gobierno central no debe inmiscuirse en sus asuntos sanitarios, como no sea para hacerles una transferencia económica y ya darán los gobiernos autonómicos cumplido destino a tales fondos. Pero Zapatero recela y dice que ya verá la forma de llegar a un acuerdo con las propias comunidades autónomas.

La cosa es poner siempre los bueyes delante del carro.

Y la ministra de la Vivienda, Carme Chacón, tira también de los óbolos de Zapatero (la casa es grande) y anuncia dos medidas estrella para paliar el problema de la vivienda: ayudas directas a los jóvenes para el alquiler de una vivienda y la recuperación de las desgravaciones a los inquilinos. Las ayudas son euros; en billetes de curso legal y al contado. Las desgravaciones fiscales son harina de otro costal, pues requieren de una modificación más severa de la normativa y no se verán hasta el momento de hacer la declaración de la renta, cuando las elecciones ya hayan pasado.

Al ministro Solbes parece que vaya a darle un yu-yu el día menos pensado, pues aún está rebañando las huchas del estado, a ver si encuentra los 2.500 euros prometidos para cada recién nacido. Y tiembla sólo de recordar que los partidos políticos quieren que sea más dinero y con efectos retroactivos al primero de enero.

Esto parece muy poco serio; Zapatero está convirtiendo el final de la legislatura en un especie de tómbola, en la que en breve le oiremos ofrecer una muñeca chochona, al uso de las más preciadas tómbolas de feria de otra época.

En cualquier caso, Zapatero no arreglará la legislatura ni por sus óbolos, pues la ciudadanía espera de sus gobernantes capacidad y buen juicio para gestionar el país y no un reparto de limosnas u óbolos en la recta final que pone de manifiesto la falta de gestión adecuada de los problemas que afectan a los administrados. Nunca el paternalismo de las subvenciones ha resuelto los problemas de ningún país, sino una legislación madurada y trabajada con las principales fuerzas políticas. No con victorias legislativas pírricas, al conseguir su aprobación con quienes a penas ostentan representación significativa de la sociedad y a la postre conducen a la claudicación en otras cuestiones.

Llenar los bolsillos de ciertos gobiernos autonómicos para asegurarse el voto favorable en los presupuestos generales que es la ley más importante de cada año, sólo conduce a perfeccionar la sensación de mediocridad en la capacidad de gestión del país. Y tratar de hacer lo mismo con una parte del electorado, los jóvenes, discrimina a la otra parte y acaba por llenar las arcas de los arrendadores de pisos, en el caso de las ayudas para el alquiler; esto se enseña en primero de económicas.

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