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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Necesidad de sanear la democracia

Mario López Sellés (Madrid)
Mario López
lunes, 24 de septiembre de 2007, 23:15 h (CET)
Nuestra democracia envejece mal. Parece como si estuviera afectada por una esclerosis múltiple que le hace parecer cada día más renqueante. Continuamente y cada vez con más frecuencia se vuelve la vista a la Transición, se apela sistemáticamente al consenso y se tensa –cada vez con menos motivo- un poco más la cuerda de la crispación.

Mi teoría particular es que no aceptamos la premisa mayor de nuestra reciente historia: la Constitución de 1978 se aprobó sin ningún sentido crítico debido al temor cierto a una sublevación militar. Esa Constitución fue redactada a la luz de los Pactos de la Moncloa en los que se zanjaron –sin previa consulta popular- los dos asuntos capitales de nuestra convivencia nacional: la forma de Gobierno y la relación entre los diferentes países del Estado español. Se zanjaron entonces por ser temas tabúes y hoy no se quieren reabrir por no traicionar el espíritu de la Transición, sin tener en cuenta que el espíritu de la Transición tenía muchas cosas buenas, pero estaba impregnado de miedo; miedo puro y duro. Si en aquella época se hubiera planteado la disolución provisional del Estado para que cada nacionalidad planteara sus condiciones para una nueva integración, así como el sometimiento a la voluntad popular de la forma de Gobierno por la que nos habríamos de regir –Monarquía o República-, al cuarto de hora el Ejército hubiera tomado las calles y Carlos Arias Navarro, Torcuato Fernández Miranda o Alejandro Rodríguez de Valcárcel formarían nuevo Gobierno, devolviendo a las Cortes franquistas el Palacio de la Carrera de San Jerónimo. Es un hecho incontrovertible que si el Jefe de Estado es un Rey y la configuración autonómica es la que es, no se debe a otra cosa que al miedo a sufrir una involución. Y esto es así, se ponga quien sea como se ponga. Un pueblo que se rige por una Constitución aprobada con miedo no tiene el menor futuro. La única solución que encuentro a la esclerosis múltiple que detecto en nuestra democracia es volver a someter a la voluntad popular la Constitución. Una Constitución rescrita por constitucionalistas actuales, atendiendo a la realidad actual de nuestro país.

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